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jueves, 8 de febrero de 2007

Lorenzo Meyer

¿La obviedad como política exterior?

AGENDA CIUDADANA

Lorenzo Meyer

“Toda política del Gobierno mexicano hacia terceros países debe interpretarse también como una política hacia Estados Unidos”


El Gran Norte de Nuestra Brújula. La política exterior que encabezan Felipe Calderón se empieza a parecer a la de su predecesor: muy obvia en su afán de identificarse con las posiciones norteamericanas. En su visita a la reunión de Davos, la intervención de Calderón contrastó con la del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva. Mientras el mexicano criticó a esa parte de Latinoamérica que amenaza con retornar a las “dictaduras personales vitalicias” y a las “expropiaciones y nacionalizaciones que han causado un daño terrible” -una forma de referirse a Hugo Chávez, presidente de Venezuela- Lula se concretó a presentar su proyecto sin necesidad de contrastarlo con el de otros.

La crítica a Chávez es una tarea la tenemos que hacer los particulares, no el jefe de Estado de un país cuya política exterior, por mandato constitucional, debe apegarse al principio de no intervención. Además, y por lo que hace a las expropiaciones y nacionalizaciones, es claro sin los recursos generados por una entidad expropiada y nacionalizada hace tiempo -Pemex- el Gobierno mexicano simplemente no funcionaría. El choque del Gobierno mexicano con Chávez y antes con Fidel Castro, sólo tiene una explicación racional: El intento de los responsables de la política mexicana por congraciarse con los poderes que residen en Washington. Lo mismo puede decirse de las extradiciones a Estados Unidos de algunos narcotraficantes mexicanos a pesar de que éstos no hayan aún purgado sus condenas en el país. El muy publicitado despliegue de fuerzas militares y policíacas en Michoacán, Tijuana, el “triángulo dorado” -Chihuahua, Sonora y Sinaloa- o en Guerrero, tiene parte de su razón de ser en la necesidad del nuevo Gobierno de enfrentar al reto que desde hace tiempo le lanzó el narcotráfico, así como el deseo de aparecer como autoridad decidida. Pero a lo anterior debe sumarse el intento de lograr un impacto inmediato entre los líderes y el público norteamericanos.

Nuestros Cuatro Puntos Cardinales son el Norte. En realidad es natural que el discurso y la política de Calderón en su primer viaje a Europa estuvieran en parte diseñados en función de Estados Unidos. Ese ha sido siempre el caso desde que México se independizó; lo diferente ahora es el hacer pública la voluntad de coincidir con Estados Unidos. A la larga, una estrategia abiertamente diseñada para acompañar y respaldar a Estados Unidos en sus complicadas andanzas por el mundo sirve muy poco al interés mexicano. Uno de los mejores aspectos de nuestra diplomacia había sido su sutileza, su capacidad para no aparecer como obsequiosa con las posiciones, intereses y presiones del Gobierno norteamericano en el mundo. En ese esfuerzo por mantener, o al menos aparentar, la existencia de una independencia relativa, residió casi toda la gracia de la política exterior mexicana, desde el siglo XIX hasta el debate sobre Irak en la ONU en el 2003.

Los Precedentes. En los 1820 el interés mexicano por dar forma a una alianza con otros países latinoamericanos para independizar a Cuba, tenía como objetivo tanto expulsar a España como neutralizar la influencia norteamericana en El Caribe. La búsqueda desesperada de colonos extranjeros para poblar Texas -política que falló al permitir el ingreso a esa provincia de norteamericanos protestantes y esclavistas- estaba motivada menos por el interés en Texas misma y más para enfrentar el inicio del expansionismo del vecino del norte. La búsqueda de los conservadores de un príncipe europeo para México tenía como principal motivo lograr el apoyo del viejo continente para acotar la influencia norteamericana. La decisión de Porfirio Díaz de favorecer la inversión europea e incluso de crear lazos con Japón, buscaba no sólo la modernización de México sino crear intereses de potencias distintas a Estados Unidos para neutralizar la influencia de estos en México. La misma lógica puede aplicarse a las decisiones de Díaz en relación a Cuba en 1898 y a Centroamérica -en particular, Guatemala y Nicaragua. Los acercamientos de Victoriano Huerta a Inglaterra en 1913 o el de Venustiano Carranza a la Alemania del káiser en 1917, fueron motivados por la búsqueda de aliados para contener las presiones norteamericanas.

El establecimiento de relaciones entre el régimen mexicano y la Unión Soviética en 1925, no fue tanto un resultado de las simpatías de Plutarco Elías Calles hacia los bolcheviques sino de su deseo de manifestar su independencia frente al vecino del norte, que en esa época no reconocía a los soviéticos. La misma razón permite comprender el apoyo de Calles a los liberales nicaragüenses de Juan Bautista Sacasa, entonces en conflicto abierto con Estados Unidos. Durante la Guerra Fría, México tuvo que asumir con cuidado sus posiciones en Naciones Unidas pero sobre todo en la Organización de Estados Americanos. Los Gobiernos mexicanos de entonces eran anticomunistas, pero no pusieron ahí el énfasis en su relación con el exterior. Así, su negativa a romper relaciones diplomáticas con la Cuba socialista fue la manera que los dirigentes encontraron para subrayar su independencia relativa (y para evitar que los cubanos apoyaran a la guerrilla en México). Lo mismo se puede decir de la estrategia hacia Chile tras el derrocamiento de Salvador Allende en 1973. El triunfo de los rebeldes sandinistas en Nicaragua en 1979, dio pie a que México se involucrara en Centroamérica para intentar moderar la decisión norteamericana de mantener a sangre y fuego el status quo en la zona. En todos los casos, la lógica de la posición mexicana revela una forma indirecta de enfrentar a Estados Unidos en la región y no un genuino interés por Centroamérica.

Uno de los últimos capítulos de esta relación triangulada con Estados Unidos se escribió en Europa. El gobierno de Ernesto Zedillo decidió aceptar la llamada “cláusula democrática” con Europa, pese a que era una interferencia en los asuntos internos mexicanos, a fin de lograr la firma de un tratado de libre comercio con la Unión Europea. Se trata de construir una especie de “balance del poder” internacional dentro de México para disminuir la dependencia creada por la firma del tratado de libre comercio de 1993 con Estados Unidos y Canadá. Desde luego que la posición apoyada por Adolfo Aguilar Zinser en el Consejo de Seguridad de la ONU en el 2003, la que se oponía a dar a Estados Unidos el tipo de resolución que George W. Bush demandaba para legitimar su inminente invasión de Irak -elemento central de un plan maestro para reestructurar políticamente al Medio Oriente- irritó al Departamento de Estado y a la Casa Blanca al punto que le costó el puesto a Aguilar. Sin embargo, la posición de México en la ONU no buscaba proteger a Saddam Hussein y su dictadura, sino a México, al oponerse a la acción unilateral de parte de la mayor potencia mundial contra un país periférico, como el nuestro. No son necesarios más ejemplos, con lo expuesto es suficiente para mostrar que la política de México hacia terceros países se tiene que pensar siempre no sólo en función de su valor intrínseco sino, sobre todo, de su impacto en la relación con nuestro poderoso vecino del norte.

La Estrategia de la Obviedad. Las acciones de crítica y distancia tomadas por Zedillo y Fox frente al régimen cubano actual se anunciaron públicamente como gestos de apego a los derechos humanos y valores democráticos -aunque en ambas arenas los dos presidentes terminaron por no cumplir en casa lo que predicaron fuera. Sin embargo, en la práctica, fueron la rendición de uno de los frentes mexicanos de su lucha por mantener una independencia relativa frente a Estados Unidos o al menos su apariencia. Aún cuando México tiene muy pocas relaciones económicas con América Latina, los mexicanos se sienten fundamentalmente latinoamericanos. Construir un buen entendimiento con los Gobiernos de la región no es, por tanto, particularmente difícil y siempre puede servir como uno de los varios instrumentos con los que México puede equilibrar su gran dependencia frente a Estados Unidos. El choque actual de México con Venezuela corre paralelo al de Washington- Caracas y por eso desemboca en una identidad de políticas de México y Estados Unidos en temas de la región. En su campaña del miedo contra Andrés Manuel López Obrador en el 2006, Calderón eligió a Hugo Chávez para satanizarlo primero y luego identificarlo con López Obrador, con lo que, implícitamente, el panista aceptó quedar, como pocos líderes en Latinoamérica, con la posición de Washington. A Calderón tal posición puede resultarle personalmente cómoda, pero es cuestionable que sea esa la que le convenga a México.

08/02/2007

Kikka Roja

Guadalupe Loaeza

¡Papaloooootes!

cía mucho tiempo que una noticia no me abrumaba tanto como la que escuché en el noticiario de Joaquín López Dóriga, el martes por la noche. Más que agobiarme la información, me indignó, pero sobre todo, hizo que me avergonzara por mi país, en el cual viven, más bien, sobreviven, millones de niños que trabajan. De acuerdo con la Secretaría del Trabajo, hay 5 millones de niños y de niñas que oscilan entre los 6 y los 14 años y que hacen todo tipo de labores muchas veces no remuneradas. Tres millones de niños y de niñas son analfabetos y nunca han pisado una escuela. Muchos de ellos son explotados ya sea por su familia, o bien, por otras personas que los contratan, como es el caso de Rubén Chirinos, no mayor de ocho años, a quien entrevistaron en el noticiario. Rubén vende papalotes a la orilla de una carretera. Su patrón, que también vende papalotes, le da 20 pesos diarios a Rubén por trabajar de las 3:00 de la tarde a las 9:00 de la noche. "Con el dinero ayudo a mi mamá", dice Rubén con unas manchas blancas en la cara que sugieren problemas de deficiencia de vitaminas. Por su parte, Maximino García, de 10 años, vendedor de chicharrones, también entrevistado durante la emisión, asegura que no tiene tiempo de ir a la escuela a causa del trabajo, el cual le rinde 200 pesos a la semana. La miseria y circunstancia de explotación y marginación de ambos niños me recordaron al personaje de la novela de Dickens Oliver Twist, en la cual se narra las desventuras de un huérfano victoriano, en cuya época morían 15% de los niños al nacer.

La diferencia de Rubén y de Maximino es que ellos dos sí existen de verdad en el siglo XXI y Oliver Twist, quien jamás existió, se convirtió en el ejemplo más fiel de la situación de miseria de la infancia inglesa del siglo XIX. Es evidente que Dickens al describir a este huérfano critica y ataca la hipocresía de sus contemporáneos bien pensantes de finales de la década de 1830, justo en el comienzo del periodo de la reina Victoria. Gracias a estas críticas comenzaron a establecerse medidas sanitarias y de higiene. En 1833 se creó la segunda de una serie de regulaciones para el empleo infantil (Factory Act), que prohibía la contratación de menores de nueve años, restringía los horarios y obligaba a las empresas a proporcionar a estos niños asistencia escolar. Por eso, cuando Oliver Twist cumple nueve años, lo sacan de su casa y lo devuelven al hospicio. Allí lo ponen a la venta. El primer oficio que realiza Oliver es como deshollinador, uno de los trabajos más crueles, ya que muchas veces quedaban atrapados en las chimeneas tan estrechas y se ahogaban. Después Oliver se convierte en el ayudante de un sepulturero. En seguida huye de su amo y se escapa a Londres en donde cae en la mendicidad. Después Oliver es llevado a un tribunal por un robo que nunca cometió, no obstante le imponen tres meses de trabajos forzados. Esta es la triste historia de un niño que nunca existió, sin embargo, nosotros en nuestro país tenemos a 5 millones de pequeños Oliver Twist que sí existen. Quién le iba a decir a Dickens que, después de más de 150 años, podría volver a escribir su novela con nuevos capítulos que se refirieran a la prostitución infantil y a las víctimas de los sacerdotes pedófilos.

Estoy segura de que Dickens terminaría llorando con la suerte de estos niños que sí son de carne y hueso y que viven en un país del siglo XXI donde supuestamente la familia es una institución sagrada e intocable. Hay que decir que de los niños y las niñas de seis a 14 años que realizan algún trabajo económico, sólo 28% recibe algún pago, 7% trabaja por su cuenta y el resto (65%) no recibe ningún pago. De entre los niños que obtienen algún pago por su trabajo, sólo el 18% recibe un salario mínimo o más, el resto recibe menos de un salario mínimo. Los niños y niñas trabajan principalmente en el campo, como artesanos, comerciantes, empleados en servicios y en trabajos domésticos. Cincuenta y uno por ciento trabajan en un negocio familiar en donde por falta de recursos económicos no pueden contratar a un empleado. Veintisiete por ciento trabajan por causas personales y muchas veces el ingreso lo emplean para adquirir lo que en su hogar no les pueden comprar. Veintidós por ciento lo hace porque en su familia necesitan ese ingreso. Después de ver las noticias el martes por la noche, tuve muchas dificultades para conciliar el sueño. Impresionada como me encontraba por el reportaje del noticiero intentaba imaginar la adolescencia tan incierta tanto de Rubén como la de Maximino. Los veía inhalando cemento, o bien, involucrados en bandas de narcomenudeo. Los imaginaba ya de adultos como vendedores ambulantes, explotando a otros niños, o bien, como parte de redes de prostitución infantil.

¿Qué tan útil podría resultar para ellos si le comprara todos los papalotes a Rubén y todos sus chicharrones a Maximino?, ¿qué tanto solucionaría su verdadero problema de marginación y de pobreza?, ¿cuántos papalotes tendría que vender Rubén y cuántos chicharrones Maximino para sacar adelante a su familia?, ¿qué harán en estos días de tanto frío? Y si un día un coche arrolla a Rubén en la carretera, ¿hasta dónde volará con todos sus papalotes que lleva en la mano?, ¿cuántos chicharrones podrá comer la familia de Maximino para poder saciar su hambre? No hace mucho, vino a entrevistarme una periodista estadounidense para que le platicara acerca de cómo son y de cómo viven los niños ricos de México. "Los niños mexicanos muy ricos, son los niños más consentidos y, por ende, los más mal educados del mundo. Tienen su nana, su chofer, su guarura personal, su camioneta último modelo, su cuarto lleno de juguetes, su televisión de plasma enorme nada más para él, su computadora, su aparato de sonido, su nintendo y su celular. Cuando va al colegio, lo lleva su chofer; su nana le carga la mochila; su guarura personal lo espera afuera de la escuela; cuando llega a su casa, le suben su comida a la tele y todo el día habla, con otros niños igual de ricos, desde su celular. Los fines de semana se van a su casa de Valle; manejan su minimoto, saltan en su tumbling, acompañan a su papi a equiar, van al pueblo a comprar 500 pesos de dulces y durante el regreso ven una película en la tele de su megacamioneta".

La periodista no daba crédito a mi relato. "Y creo que me quedo corta...", le dije. Estos niños ricos sí existen, pero no trabajan; es evidente que no tienen nada que ver con los 5 millones, también mexicanos, que sí laboran y cuya historia es igualita a la del Oliver Twist de la Inglaterra de la época victoriana. ¿En qué país vivimos, Dios mío?

Correo electrónico: gloaeza@yahoo.com

Kikka Roja

Satiricosas

Manú Dornbierer

“América Latina debe huir de la dictadura perfecta, como lo dijo el Premio Nobel colombiano de Literatura, Mario Vargas Llosa”. Sólo que… el escritor Mario Vargas Llosa no es colombiano, es peruano, nacionalizado español. Y hasta la fecha no ha obtenido el Premio Nobel de Literatura. ¿Quién es el tergiversador? Un hombre ignorante y cínico al que el pasado 29 de enero le pagaron unos gringos para que iniciara en Los Angeles Music Center el programa “Speakers series” (Serie de conferencistas). Se llama Vicente Fox, alias ‘Cachorro del Imperio’, y una vez más con su ignorancia y prepotencia ha puesto en ridículo a México. Quién sabe cuánto le pagaron a Fox por exhibirse como el mentecato que es y por auto-ensalzarse, pero durante seis años le pagamos nosotros uno de los más altos sueldos presidenciales del mundo por imponernos a su mujer, llevar a cabo políticas neoliberales ruinosas y avergonzarnos con su ignorancia. Actualmente le seguimos dando una pensión vitalicia por haber sido Presidente de México, defraudador del País, vendedor de México. Ya basta. Sin embargo, a menos que se la cancelen por bruto, tiene en puerta otra de sus lamentables exhibiciones el 12 de febrero. Otra ocasión de meter la pata, ahora con la sinvergüenza de su mujer, Marta Sahagún. Los contrataron para otra conferencia dentro del programa “Monitoreando el paisaje geopolítico” en la Sala de Conciertos del Centro John F. Kennedy, que tiene cabida para unas 2 mil personas.

Se han vendido alrededor de mil 200 boletos, con un costo que va de los 45 a los 85 dólares de admisión. Sólo que la ex pareja presidencial pidió que no hubiera prensa. Sólo engañará a los que paguen por verlos y oírlos. Así las cosas, Calderón explica en Davos en muy deficiente inglés, aunque dice que estudió en Harvard, que cuando sea grande quiere ser como Fox. Que no se preocupen los hombres de negocios, por favor señor Soros, que él también es cachorro del imperio, igual que su benefactor, el que tanto se ha ufanado de haberle ganado la elección. También aspira Felipe a parecerse a Ernesto Zedillo, ahí presente, ése que les regaló la Banca de México (entre mucho más) a los banqueros-tiburones internacionales y con su error de diciembre le costó 70 mil millones de dólares al País.

Estamos fritos si éstos son los modelos de Calderón.
Y como si no viviéramos en la era de la comunicación instantánea, como si el mundo no se enterara de todo lo que pasa en todo momento, Calderón creyó que nadie supo de las manifestaciones en su contra en Europa. Antes de ir al Foro Mundial de Comercio en Suiza, el 25 de enero en Alemania le cancelaron al representante de nuestro País su propia conferencia debido a manifestantes que exigían en las calles el “fin a la represión en México”. E igualmente penoso, antes de que llegara a Davos, la presidenta de Suiza, Michelle Calmy-Rey, recibió de manos de dichos manifestantes una lista intitulada: “Asesinatos en Oaxaca desde que Calderón tomó poder”
...

Con todo esto a cuestas, Felipillo despliega en Davos una demagogia ridícula. Analicen, por favor, la frase que tuvo la virtud de quitarle la migraña, por la risa que le provocó, a una amiga a la que se la leí: “México no es la tierra prometida, pero sí la del futuro”, dijo el presidente Felipe Calderón al definir las posibilidades que tienen los empresarios para invertir en el País que, previó, en el 2040 estará como una de las cinco economías más grandes del mundo, junto a Brasil, Rusia, India y China”. (La Crónica, periodiquito de Salinas, 1 de febrero del 2007). Este cachorro está peor que Fox. El mesiánico Calderón cancela pequeñas economías como la Unión Europea y Estados Unidos y les avienta la profecía nada menos que en su templo neoliberal de Davos. Para luego, incongruente, ponerse a sus pies. Todo lo que quieran, señores tiburones. Yo no soy como esos tontos sudamericanos que quieren devolverle a sus pueblos lo que es suyo. No, claro que no. Y agrega como si no se conociera mundialmente el fraude electoral del 2006 que se dio en México: Como ustedes saben, los mexicanos votaron por mí el 2 de julio (oficialmente, sólo 200 mil más de los mexicanos que votamos por no ser cachorros). Yo les doy la seguridad de que puedan hacer lo que quieran con México. Y luego: A criticar a los sudamericanos con los que dice querer tener mejores relaciones que el cachorro grande: “… Los prejuicios contra el libre comercio que zanjaron el ALCA, las expropiaciones ocurridas en Venezuela, Bolivia y Argentina y las ‘dictaduras personales vitalicias’”.

Ah, pero ahí estaba un hombre en toda la extensión de la palabra, Luiz Inacio Lula da Silva, para parar el berrinche de Calderón y reivindicar al bloque sudamericano y dentro de éste a Hugo Chávez y a Evo Morales. De Chávez, el brasileño señaló que fue electo tres veces de la manera más democrática, algo de lo que no puede presumir Calderón. Todavía, al final Lula defendió su alianza con Venezuela en materia petrolera y asentó que los presidentes de Venezuela, Argentina, Ecuador y Perú coinciden en que están fortaleciendo sus relaciones con alianzas comerciales por el bien de sus países... Hugo Chávez no dejó de puntualizar lo que es Calderón y de lamentar lo que han hecho de México los panistas: Muro fronterizo incluido, pobreza galopante y demás dolorosas realidades que la raza cahorra intenta sin buen éxito ocultar y los corifeos calderonistas, hijos de la Ley Televisa, a quejarse: … De nuevo arremete el Presidente de Venezuela contra el pobrecito Calderón. No es creíble la incompetencia y sobre ella la soberbia. Quince millones de electores mexicanos (oficiales) no queremos seguir regalando nuestro País a través de cachorros del imperio. Y la marcha popular del miércoles 31 de enero en catorce ciudades de México así lo demuestra. ¿Calderón cree haber calmado a los millares de manifestantes con la cartita de apoyo y compasión a los que sufren porque les subió el precio de la tortilla?... En 2008 el TLC prevé la libre importación de maíz y frijol, la puntilla a los campesinos mexicanos. “Sin maíz no hay País”, coreaban... Pero además estos marchistas representantes de muchos millones se niegan a ceder el petróleo, meta de Calderón y de sus antecesores. La situación no está para bollos, diría el bonachón de Rodríguez Zapatero, y no se arregla con cartita cursi (te mato, pero lo lamento)...

Manú Dornbierer es analista y crítica política.
Correo: manoudornbierer@gmail.com
Nota Publicada: 3/2/2007
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Kikka Roja

Sergio Aguayo Quezada

La glorieta
sergioaguayo@infosel.net.mx
www.sergioaguayo.org

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) es contundente: el planeta está calentándose y las consecuencias son devastadoras. En esta historia México tiene una glorieta que podría simbolizar nuestra contribución a la catástrofe. La mayoría de los documentos de la ONU son blandengues y ambiguos; por ello sorprende la contundencia del informe según el cual el calentamiento de la tierra es causado por la acción humana... y seguirá agravándose. Resulta insuficiente el concepto de seguridad nacional; estamos ante un escenario de ciencia-ficción cuya magnitud todavía no asumen a plenitud gobernantes y terrestres. Todos los países han contribuido y si Estados Unidos es el principal responsable, México ha puesto sus terrones de arena. El trazo urbano captura los valores de una sociedad y de sus gobernantes. Bolonia y Florencia, por ejemplo, están separadas por tan sólo 90 kilómetros pero en la Edad Media desarrollaron propuestas urbanísticas muy diferentes. Así, la mayoría de los edificios públicos de Bolonia tienen amplios pórticos porque como ciudad libre se preocupó por los campesinos que llevaban a vender sus productos y los pórticos les servían para pernoctar. Florencia carece de ellos porque a sus aristocráticos gobernantes les importaba mucho más el arte que el bienestar de los campesinos. Mientras Europa se urbanizó apoyándose en el transporte público, México siguió los pasos de Estados Unidos y utiliza los automóviles que emiten gases que alimentan el efecto invernadero.

La capital se distingue. Sus 8 millones 700 mil habitantes tienen registrados ¡2 millones 500 mil vehículos de motor! Un vehículo por cada 3.5 personas. La adicción al motor de combustión interna viene del pésimo sistema de transporte público, de la inseguridad causada por las decenas de miles de taxis piratas y por la comodidad del transporte privado. La glorieta de San Jerónimo divide a las delegaciones de Álvaro Obregón y Magdalena Contreras en el sur del Distrito Federal. Ahí inicia y concluye el contradictorio Segundo Piso del Periférico porque la obra urbanística más importante de Andrés Manuel López Obrador, el defensor de los pobres, la dedicó al automóvil. La contradicción persigue al Segundo Piso seis meses después de entrar en funcionamiento parcial -por obras sigue cerrándose por las noches. Desde la glorieta apabulla la espectacularidad y elegancia del trazo del Segundo Piso. Cuando se utiliza es notable la rapidez del desplazamiento y hasta se olvidan los caóticos años de construcción. Cuando el cielo está despejado desde sus alturas se contemplan en el horizonte los volcanes aunque al bajar la mirada se observan las colinas atestadas de ciudades perdidas y maltratados bosques. La planta baja es un infierno para el peatón. En la glorieta las banquetas son inexistentes, estrechas o llenas de obstáculos y cuatro de las más importantes se transforman en veredas con un ancho que oscila entre los 20 y los 70 centímetros. Se camina por ellas en medio de hoyos que celebran obras inconclusas o muy cerca de autos que transitan a toda velocidad.

Frecuentemente tiene que cederse el paso, lo que hace a las banquetas particularmente hostiles para los obesos, los ancianos o los niños agarrados de la mano de mamá. Cruzar las calles es complicado porque los vehículos invaden los pasos de cebra. Los peatones se mueven nerviosos, listos para brincar o correr por su vida mientras son ignorados por los policías concentrados en jugar con los semáforos, en agilizar el paso de los vehículos o en devorar alimentos. Unas cuantas banquetas tienen espacios más amplios pero están invadidos por puestos de periódicos y torterías o taquerías; en la isla más grande han creado, en sólo seis meses, una sólida capa de grasa y mugre que oscurece la banqueta y provoca un original contraste con el elegante gris claro del Segundo Piso. El entorno lo completa la basura acumulada de manera desigual -no hay papeleras- mientras los microbuses se paran a la mitad de la vialidad e ignoran los espacios construidos especialmente para ellos por las autoridades capitalinas. Hay más banquetas pero buena parte de ellas están invadidas por los autos de los parroquianos de restaurantes o negocios. Cuando se construyó el multimillonario conjunto de la glorieta nadie pensó en las decenas de miles de personas con discapacidad. No hay una sola rampa que les ayude a subir a las banquetas que en algunos lados alcanzan los 35 centímetros de altura. Tal vez no lo hicieron porque de nada les serviría llegar a banquetas con menos de 70 centímetros -una silla de ruedas tiene un ancho de 80 centímetros. La glorieta es el epicentro de una zona consagrada al deterioro urbanístico y ambiental. Los autos que desean entrar o salir del Segundo Piso enfrentan muy pronto otros obstáculos.

Si se va en dirección sur son frecuentes los embotellamientos monumentales en las instalaciones de TV Azteca. Del otro lado, las oficinas de la Policía Federal Preventiva provocan un caos parecido. Las congestiones resultantes producen gases con los que la capital mexicana alimenta el efecto invernadero que amenaza al planeta. En fecha próxima Mario Molina, nuestro único Premio Nóbel vivo, nos dirá con precisión el papel de la capital en esta historia. Finalmente, esta parte de la ciudad ha tenido un crecimiento espectacular que ha ido consumiendo los bosques del sur. La glorieta hizo un aporte modesto, pero aporte al fin, podando 50 de los miles de árboles destruidos o reubicados durante la edificación del Segundo Piso. Así pues, la glorieta es un ejemplo de la exaltación del automóvil, y del desprecio al peatón, que se reproduce por toda la capital del país influyendo sobre un problema universal. Esta obra fue realizada por un gobierno de izquierda, corriente que en el mundo defiende la causa ambiental. Hasta en eso México es diferente.

La Miscelánea
Enfrentar el calentamiento global requiere la participación de gobiernos y sociedad. Entre las medidas que podrían tomar los lectores preocupados con el calentamiento global están cosas tan sencillas como no introducir alimentos calientes al refrigerador, apagar las luces que no se necesiten, desenchufar el cargador del celular cuando no esté usándose, tapar la cazuela mientras se cocina, caminar en lugar de usar el auto y comer más verduras para reducir la producción de carne.

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Kikka Roja

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