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jueves, 15 de febrero de 2007

Al Qaeda vs petroleo de FeCal : Calderón está salado

CALDERÓN ¿Y TU NIEVE DE LIMÓN DE QUE LA QUIERES?
Que defiendan el petróleo los NARCOS y los EMPRESARIOS, ya estamos hartos de que el pueblo ponga los muertos. Muerto el perro se acabó la rabia, ya sin petróleo, se acabó el saqueo, FeCal, Que vaya tu chingada madre a cuidar torres petoleras ¡¡BOMBA!!

  • Llama a atacar instalaciones petroleras de países que provean de petróleo a EU
  • Amenaza de Al Qaeda contra México, Venezuela y Canadá
  • Pozos, oleoductos y plataformas, en la mira
  • Washington soslaya el mensaje; falta verificarlo, dice
AFP , REUTERS


Dubai, 14 de febrero. La rama saudita de la red Al Qaeda llamó hoy a atacar las instalaciones petroleras de aquellos países situados fuera de Oriente Medio que proveen del hidrocarburo a Estados Unidos, y sugirió entre los posibles blancos a Canadá, México y Venezuela.''A largo plazo, Estados Unidos no necesitará de Medio Oriente (para el petróleo) o reducirá su dependencia, y será provisto de petróleo desde Canadá, México y Venezuela'', informó Al Qaeda a través de un artículo de su revista en línea, Sawt al-Jihad (La voz de la Yihad).Al cierre de esta edición, el gobierno de Estados Unidos no había confirmado la autenticidad del mensaje. La televisora CNN subrayó que tampoco había probado la veracidad del mismo. El gobierno de Canadá señaló que ''toma en serio'' las amenazas del grupo radical y destacó que ''es posible proteger nuestro personal y nuestras infraestructuras''. A su vez, el gobierno de Venezuela dijo que cuenta con organismos de seguridad ''prestos'' a actuar ante cualquier eventualidad para garantizar sus instalaciones petroleras.

Posibles objetivos

''Intereses petroleros en todas las regiones (del mundo), de los cuales se pueda nutrir Estados Unidos, deben ser atacados, y no sólo en Medio Oriente'', precisó el grupo Al Qaeda. ''El objetivo es cortar la provisión -de petróleo de Estados Unidos- o reducirlo por todos los medios. Los blancos deberán incluir pozos de petróleo, oleoductos, plataformas de carga y todos aquellos objetivos que puedan reducir el acceso de Estados Unidos al energético'', subrayó el ala saudita de la agrupación liderada por Osama Bin Laden. ''Las instrucciones del jeque Osama (Bin Laden) respecto a los ataques contra las instalaciones petroleras son claras. Para que los mujaidines (guerreros santos) puedan aplicarlo -el plan de ataque a los intereses petroleros- deberán reunir la información necesaria y escoger los blancos cuidadosamente'', de acuerdo al comunicado. El mismo grupo, que estuvo detrás del fallido ataque suicida perpetrado en 2006 contra una de las refinerías de crudo más grandes del mundo, en Arabia Saudita, había informado el jueves pasado que preparaba ''operaciones de envergadura que regocijarán a Osama Bin Laden. Vamos a limpiar la península arábiga de los cruzados y de sus bases, que han proliferado en la cuna del Islam. Le prometemos a nuestro jeque Osama Bin Laden continuar por el mismo camino'', afirmó la organización que en 2003 también lanzó una violenta campaña para derrocar a la familia real saudita, aliada de Estados Unidos.Arabia Saudita, que en aquel año sufrió una serie de ataques suicidas contra recintos que albergaban a ciudadanos occidentales y edificios gubernamentales, produce unos 9 millones de barriles de petróleo al día y genera un cuarto de las reservas petroleras mundiales, además de ser uno de los mayores proveedores de Washington y gran poseedor de petrodólares.

Sin embargo, al cierre de esta edición reportes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) señalaban que no habían podido corroborar la autenticidad del mensaje amenazante de Al Qaeda, emitido a través de Internet. El noticiero de la cadena CNN indicó que tampoco había logrado comprobar la especie en fuentes oficiales. No obstante, el gobierno canadiense aseveró que ''toma en serio'' la amenaza. ''Hemos dicho siempre que Canadá no está a salvo de las amenazas. Nos tomamos ésta seriamente'', señaló ante la prensa el ministro de Seguridad Pública, Stockwell Day. Canadá es el mayor surtidor de crudo de Estados Unidos, seguido por México, Arabia Saudita y Venezuela. ''Es posible proteger nuestro personal y nuestras infraestructuras'', indicó Day, al destacar que sobre todo los oleoductos son objeto de vigilancia por los servicios del gobierno y las compañías a las que pertenecen, sin entrar en detalles. La industria petrolera canadiense también toma la amenaza ''muy en serio'', y no ha bajado el nivel de alerta ni por un instante, dijo por su parte Greg Stringham, vicepresidente de la Asociación Canadiense de Productores de Petróleo. Gracias a las arenas bituminosas de la provincia de Alberta, Canadá tiene las segundas reservas de petróleo más grandes del mundo, detrás de Arabia Saudita. En tanto, ante las recientes amenazas de ataques de Al Qaeda, Venezuela dijo tener a sus organismos de seguridad trabajando para garantizar la seguridad de las instalaciones petroleras, según declaró el ministro del Interior, Pedro Carreño. ''El Estado venezolano tiene sus órganos de inteligencia prestos a adelantar todas las investigaciones, con la finalidad de garantizar el insumo de los recursos estratégicos'', dijo Carreño.

Agregó que orientarán el ''esfuerzo de búsqueda de manera tal de una alerta temprana''. Insistió en que el ministerio a su cargo ''tiene que tomar las acciones necesarias'', sin especificarlas. La amenaza contra Venezuela se ha producido pese al fuerte diferendo que el presidente Hugo Chávez mantiene con Estados Unidos en varios ámbitos, incluido el petrolero.Con todo y esos diferendos, la relación comercial entre Washington y Caracas se ha mantenido inalterable, entre cuyos rubros centrales destaca el petrolero, que permite al país sudamericano vender a Estados Unidos 1.5 millones de barriles diarios de crudo y derivados, que significa una quinta parte de la demanda de ese país. En este contexto, dentro de la llamada guerra global contra el terrorismo, se informó que en Francia fueron detenidas 11 personas, entre ellas 9 sospechosas de estar relacionadas con Al Qaeda, que formarían una red para enviar combatientes a Irak para luchar contra las fuerzas de ocupación.En tanto, las autoridades en Holanda reforzaron la seguridad en torno al aeropuerto Schiphol, de Amsterdam, el cuarto más grande de Europa, después de recibirse una carta que contenía una ''amenaza terrorista''. Por otra parte, en Houston, autoridades estadunidenses acusaron a un hombre de 28 años de haber recibido entrenamiento terrorista por parte de extremistas islámicos en Somalia, reportó el Departamento de Justicia.

Kikka Roja

Carlos Tello Díaz Miente con todos los dientes

Documenten, señores, no inventen
José María Pérez Gay

Campamento de la coalición Por el Bien de Todos en Reforma y Juárez, a raíz del conflicto poselectoral del año pasado. Campamento de la coalición Por el Bien de Todos en Reforma y Juárez, a raíz del conflicto poselectoral del año pasado Foto: Guillermo Sologuren /Archivo

Ayer por la mañana, el señor Carlos Tello Díaz afirmó, en una entrevista televisiva, que el mismo 2 de julio -título de su libro- Andrés Manuel López Obrador había admitido en el círculo de sus colaboradores más cercanos, a los que señala: Federico Arreola, César Yáñez y José María Pérez Gay, su derrota electoral. Desde hace varias semanas Tello Díaz me buscó -cuatro o cinco veces- para hacerme una entrevista sobre la noche del 2 de julio. "Busqué también a José María Pérez Gay, a quien le mandé un cuestionario por correo electrónico, una de cuyas preguntas hacía referencia a la reacción de AMLO frente a las elecciones en el hotel Marquís.

'Si respondo a tus preguntas me deja-rías sin la crónica histórica que con el título Explico algunas cosas publicaré en unos dos meses', me contestó Pérez Gay. Yo ignoro si los tres estuvieron presentes en el episodio que describo, pero sé que uno de ellos sí escuchó la confesión de Andrés Manuel y que la comentó en los primeros días de julio con al menos tres personas, a través de las cuales tuve conocimiento del episodio. Mis fuentes para recrear esta escena, que es clave, son entonces todas indirectas, pero confiables.''

No quise darle la entrevista a Tello Díaz por dos razones: en primer lugar, porque escribo una crónica no de la noche del 2 de julio, sino de los años con Andrés Manuel López Obrador. En segundo, porque no creo en su trabajo. Si el método de investigación de su libro La rebelión de las cañadas le funcionó sólo a medias, y mucha gente advirtió en él la crónica de una delación, aquí en su libro sobre el 2 de julio fracasa cuando intenta ''una crónica minuto a minuto del día más importante de nuestra historia contemporánea'', porque en realidad reduce el proceso electoral sólo a los dimes y diretes, a los rumores de fuentes anónimas y no fidedignas, a ''la crónica de sociales'' de los grupos cercanos, y al repaso de las cifras que todos conocemos y en las que demasiados no creemos.

Su método es el de la no-inexactitud de sus afirmaciones, y si en lógica la doble negación es un hecho, en el espacio de la moral es lamentable. En su momento más melodramático, Tello Díaz es cuando menos grotesco. Andrés Manuel López Obrador nunca dijo esa noche, y lo recuerdo con toda precisión, nada parecido a la admisión de una derrota, más bien lo contrario. Tello Díaz, infatigable explorador de Amazonas, debería regresar con los yanomami, porque lo que el Amazonas non da, periodismo non presta.

Tello Díaz insiste en no revelar sus fuentes, con lo cual tratándose de un asunto tan importante declara que esas fuentes no existen, y que yo sepa su palabra como la de cualquier periodista vale por lo que documenta, no por lo que inventa. Si Tello Díaz quiere ser fabulador ahí está el espacio de la novela, si quiere ser periodista ha empezado muy mal: con la calumnia y la mentira.

Al ver cómo Tello Díaz hace de la mentira su Archivo General de la Nación, repito que es un calumniador, y yo sí puedo revelar mis fuentes: los testimonios de Federico Arreola, César Yáñez y yo mismo, y no la ridiculez de ampararse en lo que le dijeron que dijera sin decir quién se lo dijo.


http://www.youtube.com/watch?v=4Xadn1aI-60

http://www.youtube.com/watch?v=tTLvfn-VnBQ
video por scharfs


También Porfirio Muñoz Ledo desmiente a Carlos Tello

Triunfo Elizalde

Porfirio Muñoz Ledo se sumó ayer a la lista de políticos cercanos a Andrés Manuel López Obrador que desmienten al historiador Carlos Tello Díaz sobre su libro 2 de julio, en el cual sostiene que personajes del círculo íntimo del ex candidato presidencial revelaron que éste admitió haber sido derrotado en las urnas. En entrevista con La Jornada, aseguró que explicó a Tello "largamente lo que pasó ese día", y lo que afirma en su libro, que López Obrador dijo "perdí", al conocer una primera encuesta de salida, "no ocurrió". Agregó que entre las informaciones que proporcionó al autor del controvertido libro figuró su posición respecto a la demanda del PRD de un recuento de votos. "Estuve claramente a favor de la nulidad de la elección, no del recuento. Porque el problema viene de antes y la prueba es lo que Vicente Fox acaba de decir que se desquitó". Añadió que también explicó a Tello las diferencias entre el fraude de 1988 (de Carlos Salinas contra Cuauhtémoc Cárdenas) y el de 2006: "En el 88 había más votos nuestros, por eso quemaron las urnas. Aquí no se sabe porqué no se abrieron, la ilegalidad está antes. Por eso ganar o perder no tiene que ver con las encuestas. Eso es absurdo".

Kikka Roja

Lorenzo Meyer

Las movilizaciones del porvenir y viceversa

Nuevas formas de organización

Lorenzo Meyer
AGENDA CIUDADANA

Una hipótesis. Hay varias razones para suponer que las movilizaciones sociales -los Atenco y APPO para mencionar los ejemplos más conocidos de la actualidad- pueden ser una característica central del proceso político mexicano en el futuro inmediato. Las elecciones presidenciales del 2006 dieron lugar a una movilización social encabezada por la oposición y el aumento inesperado en los precios de la tortilla en el 2007 generó otra.

Definición. Muchas definiciones de los movimientos sociales tienen su origen en la protesta social europea en la lucha de clases del capitalismo clásico. Ahí se empezó a forjar la realidad y la teoría de las movilizaciones sociales modernas. Como tantos otros conceptos sociales, las posibles acepciones son muchas. Una, tan útil como cualquiera para encauzar la discusión, es la de Rudolf Heberle en la Enciclopedia Internacional de Ciencias Sociales: los movimientos sociales son "intentos colectivos por lograr un cambio en ciertas instituciones sociales o por crear un orden [social] enteramente nuevo". Se trata de algo más que un mero estallido colectivo de inconformidad pero también de algo diferente a una asociación o un partido políticos. Este tipo de movimientos pueden iniciarse y concluirse sin llegar a desarrollar una ideología, pero no puede existir sin un conjunto de ideas que le sirvan de justificación y sentido de dirección. Como sea, la caracterización de Heberle le viene mejor a los movimientos de los trabajadores en Europa primero y luego en otras latitudes que al fenómeno histórico o actual mexicano, donde los trabajadores en cuanto tales han sido sólo uno entre varios protagonistas y no necesariamente los más importantes. Lo que sí es propio de todo movimiento social es su confrontación con el orden establecido, el cuestionar la legitimidad de alguna de sus partes o del todo. Por tanto, toda movilización masiva tiende a ser vista como una amenaza por la estructura de poder. Y es que en el seno de toda movilización se encuentra el principio de un arreglo social alternativo.

El Caso Mexicano. Nuestra realidad histórica muestra que aquí los intentos colectivos por exteriorizar la inconformidad y modificar la realidad han sido muchos, aunque la mayoría locales y las más de las veces no los ha recogido la historia. Son contados los que se han originado como una acción que busca explícitamente dar forma a un orden social nuevo. Más bien, esos movimientos han tendido a surgir como una reacción de protesta a un cambio que les afecta y, por tanto, lo que los mueve es lograr que tal mudanza no altere en su contra una situación o equilibrio de intereses ya existente. Nuestra historia muestra que aquellas inconformidades que se han transformado en movimientos sociales que dejaron huella rara vez arrancaron con un ánimo revolucionario y con un proyecto alternativo de futuro. Generalmente se iniciaron teniendo como acicate un agravio, una sensación de injusticia y abuso y buscaron ser un "yo acuso" a los que rompieron un acuerdo explícito o tácito preexistente. Ahora bien, en varias ocasiones y una vez iniciada la protesta, el movimiento experimentó cambios y a medida que se fue desarrollando empezó a perder su carácter meramente defensivo y conservador para mostrar sus facetas propositivas e innovadoras y hasta revolucionarias.

Un buen ejemplo lo tenemos sintetizado en la famosa frase con que John Womack abre su estudio sobre el movimiento zapatista de fines del Porfiriato: "Éste es un libro acerca de unos campesinos que no querían cambiar y que para ello hicieron una revolución". Quizá Womack simplificó en exceso su tesis, pero el punto está bien tomado. La gran rebelión de mediados del siglo XIX de los indios mayas de Yucatán también tuvo como uno de sus elementos detonadores una reacción a la negativa a darles acceso a tierras y al abastecimiento de agua. La rebelión Chamula de 1867 estalló como reacción a un intento de aplastar su independencia religiosa. En 1891 los criollos tomochitecos de Chihuahua no pretendían rebelarse contra el Gobierno, pero terminaron haciéndolo ante la hostilidad y ataque a su autonomía por parte de las autoridades políticas y religiosas locales. En fin, la lista es larga, pero domina el carácter, reactivo, defensivo de las movilizaciones.

Los movimientos sociales más sonados en los años recientes no difieren mucho, en su esencia, de los pasados. Los habitantes de San Salvador Atenco se organizaron y se movilizaron en julio del 2002 para echar por tierra la decisión de los Gobiernos Federal y del Estado de México de expropiar cinco mil 376 hectáreas a 13 ejidos para construir un gran aeropuerto. Para los atenquenses, esa expropiación sobre la que nunca fueron consultados hubiera significado la pérdida del 84 por ciento de sus tierras y el fin de su forma comunitaria de vida. Al final, lo que se suponía debería ser la obra pública más importante del sexenio de Vicente Fox se vino abajo como resultado de ese movimiento, aunque en el 2005 la comunidad sufrió, como tantas otras que en el pasado recurrieron al mismo expediente, la venganza de quien tiene "el monopolio legítimo de la violencia": el Gobierno. En Oaxaca, la APPO surgió en 2006 como respuesta a un intento fallido del gobernador por acabar, por medio de la fuerza, con un plantón de maestros en demanda de mejoras salariales que ya se había convertido en una institución. Las organizaciones de pueblos y vecinos que se unieron entonces a los maestros, y que por meses paralizaron Oaxaca, lo hicieron como protesta a la suspensión de recursos oficiales a los que suponían tener derecho.

El Nuevo Entorno. Formalmente, en tanto democracia liberal, en México siempre debería haber habido espacio para los movimientos sociales no violentos. Sin embargo, en tanto sistema autoritario -la verdadera naturaleza del Estado mexicano desde que se consolidó al final del siglo XIX-, ese tipo de movilizaciones no tenían cabida, incluso si no violaban ninguna de las normas establecidas y respetaban los bandos de "policía y buen gobierno". Y es que por definición, ningún gobierno autoritario puede tolerar actores y acciones políticas independientes, no aceptadas previamente por quienes están al frente del régimen. Por ello, aunque el movimiento estudiantil del 68 no hizo otra cosa que marchar con gritos o en silencio por las calles, no podía ser tolerado por la presidencia porque con su sola presencia ponía en entredicho uno de los principios fundamentales del autoritarismo: sólo aquellos actores colectivos generados o aceptados por el centro único de autoridad -el presidente- podían hacer acto de presencia en la arena política, sin importar lo que dijera la constitución al respecto. Como el viejo régimen ya se acabó, y aunque el nuevo está lejos de ser una democracia bona fide, los movimientos sociales ya no pueden ser reprimidos con la misma facilidad y efectividad que en el pasado. Algunos de los nuevos, como el plantón poselectoral en la Ciudad de México, concluyeron sin haber sido objeto de violencia. En Atenco o Oaxaca la represión finalmente llegó, pero no antes de que los movimientos se consolidaran.

Por otra parte, el costo político de la represión es hoy más alto que antes. Las comisiones de derechos humanos y las ONG nacionales y extranjeras que vigilan la acción de los aparatos represores del Estado no estaban presentes en el 68, el 71 o a lo largo de la "guerra sucia" de la época. Por ello, hoy es menos difícil que el ciudadano de a pie, y no sólo las minorías radicales, vea en los movimientos sociales una forma viable de participación política.

La crisis de representación. Sí los partidos políticos fueran lo que se supone debían ser -organizaciones que recogen las demandas sociales y las transforman en políticas- los movimientos sociales no tendrían razón de ser. Sin embargo, como en el México de hoy los partidos a duras penas se representan a sí mismos, hay un campo enorme para nuevos movimientos sociales como una forma más directa de representación. Y si a la ausencia de canales efectivos para presentar demandas se le une una economía incapaz de proveer empleo y movilidad social, pues entonces más fértil aún es el campo para continuar con esa tradición mexicana que son los movimientos sociales.

Conclusión. Históricamente, las movilizaciones de protesta han sido uno de los instrumentos importantes del cambio político, social, económico y cultural de México. Nada hace suponer que en el futuro inmediato no vayan a seguir jugando ese papel. Es más, en principio, tal forma de hacer política tiene más posibilidades de acción y desarrollo en la actualidad que en el pasado.

RESUMEN: "La historia política de México no se entiende sin sus movimientos sociales. Y quizá tampoco su futuro".


Kikka Roja

Sergio Aguayo Quezada

El desengaño

sergioaguayo@infosel.net.mx
www.sergioaguayo.org

Hace cinco semanas el gobierno federal desplegó a miles de soldados y policías en Tijuana. Decidieron enfrentar al crimen organizado disputándole el control del territorio. La apuesta fue grande y los riesgos empiezan a aparecer en la medida en la que se hace evidente la falta de resultados. Presidente débil y Estado anoréxico. La ecuación captura la esencia del sexenio pasado en asuntos de seguridad. Se trata de un problema mayúsculo porque al menos el 22 por ciento de la población y 40 por ciento del territorio fueron dejados a merced del crimen organizado; la sociedad se defendió con silencios, evasiones y soluciones individuales. Los secuestros, los asaltos a mano armada y las ejecuciones hicieron insoportable la existencia e imposible la indiferencia. Y en ciudades como Tijuana se desataron las protestas. Jesús Alberto Capella es un hombre joven y claridoso que tomó la riesgosa opción de combatir a los sicarios y a quienes los arropan o patrocinan desde los diferentes niveles de gobierno. Como presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública de Baja California, Capella ha movilizado a la sociedad y organizado marchas por el territorio y publicado desplegados; "lo único que me falta es encuerarme enfrente del palacio de gobierno en Mexicali o en el Zócalo", dice.

Cuando la Federación envió la tropa a Michoacán, Capella provocó un alboroto al exigir públicamente que Los Pinos ordenara el despliegue de militares en Baja. Y en medio del estruendo de las trompetas y las panderetas de una legión de comunicadores gubernamentales nació, el 2 de enero, la "Operación Tijuana"; desde el gabinete se informó que a esa ciudad llegarían 3 mil soldados y marinos, lanchas rápidas, vehículos artillados... la ciudadanía respiró aliviada. El sábado 10 de febrero el presidente Felipe Calderón continuó con la ofensiva mediática y con motivo de la celebración del día de la Fuerza Aérea lanzó una emotiva consigna a gobierno y sociedad: "rescatemos a México", dijo. En párrafo aparte puntualizó que por lo pronto su objetivo es liberar ocho estados: Guerrero, Michoacán, Baja California, Sinaloa, Chihuahua, Durango, Tamaulipas y Nuevo León. Remachó con uno de los giros retóricos con más solera: se aplicará - aseguró- "toda la fuerza del Estado" para "arrebatar a los delincuentes los espacios públicos". La sonoridad retórica está plenamente justificada porque en los ocho estados - seis de ellos ubicados en el estratégico norte- viven 24 millones de personas en un territorio de 763 mil kilómetros cuadrados. Era absurdo, era riesgoso, que el Estado concediera tanta libertad de acción al crimen organizado que imponía su ley. Dada la corrupción, ineficacia o impotencia de los 350 mil policías, la alternativa estaba en llamar a las Fuerzas Armadas, a la principal reserva que el Estado tiene para salvaguardar la seguridad nacional amenazada. Sacar a la tropa de los cuarteles -me confirman funcionarios de alto nivel- tenía como primer objetivo demostrar la firmeza del Presidente y recuperar el espacio cedido a, y ganado por, el crimen organizado.

Al amparo del mazazo mediático se procedería a captar la inteligencia requerida para la detención de los principales capos y el desmantelamiento de los batallones de sicarios. La estrategia parecía tan sensata como realistas los objetivos. Acabo de visitar Tijuana donde dialogué con una muestra más que representativa de conocedores del submundo criminal y de sus resortes. El entusiasmo inicial ya fue sustituido por el desconcierto y el desaliento de académicos, líderes sociales, periodistas... Con la explicación colectiva puede tejerse una cronología de las cinco semanas pasadas desde el 2 de enero: 40 días después de instalados los retenes, éstos empezaron a relajarse; a las tres semanas se hizo evidente que no se detendría a capos cuyos apodos, manías y lugares de reunión son citados con precisión; al cumplirse el primer mes se reiniciaron los secuestros y 10 días después -12 de febrero- ya son cinco las víctimas. Nadie entiende la tibieza del gobierno federal aunque abundan las especulaciones que convergen en una inquietante conclusión: ¿si ni el Ejército pudo -se preguntan-, qué será de nosotros? Entretanto, el alcalde tijuanense, el ambicioso y rico Jorge Hank Rhon, aprovecha el momento para seguir aplanándose el camino hacia una gubernatura en manos panistas desde 1989. Funcionarios de la presidencia municipal que Hank encabeza contradicen abiertamente a la Federación y aseguran que en lugar de los 3 mil militares prometidos sólo llegaron 400; también difunden spots ensalzando a los policías municipales que el Ejército hiciera famosos quitándoles sus armas. Es un error concluir que las armas nacionales fueron derrotadas; imposible porque nunca hubo una verdadera batalla.

Hasta el momento de enviar esta columna el "Operativo Tijuana" se ha concretado a seleccionar los lugares más lucidores para la imagen. De mantenerse la situación actual se confirmaría la debilidad del Estado que tal vez desplegó a sus efectivos sin contar con una estrategia integral o con la inteligencia requerida para desmantelar a los cárteles. Las carencias se confirman porque nada se está haciendo para reducir el preocupante incremento en las adicciones; más del 90 por ciento del presupuesto sigue dedicándose a la erradicación y la interceptación de narcóticos que son, por cierto, las principales metas de una estrategia elaborada en Washington hace ya varias décadas. En Tijuana el crimen organizado sigue entero y la sociedad digiere como puede lo que está pasando, mientras espera inquieta el regreso de sicarios alebrestados por las pérdidas monetarias, las extradiciones y las molestias causadas por un operativo cuyo rasgo más distintivo ha sido la búsqueda del brillo mediático. El desengaño.

La Miscelánea
El Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Berkeley, en California, acoge en su biblioteca, desde el pasado 29 de enero, una exposición que los grandes museos estadounidenses se han negado a exhibir por razones más allá de las artísticas: se trata de 47 pinturas de Fernando Botero sobre las torturas de soldados estadounidenses a presos iraquíes en Abu Ghraib. Además de Berkeley, la muestra que cosechó éxitos en Europa, sólo se ha presentado en una pequeña galería privada neoyorquina. La batalla por las libertades básicas no reconoce fronteras.
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Kikka Roja

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