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domingo, 15 de abril de 2007

Cabeazalcubo : Chatarra

Chatarra

En México la televisión es vehículo idóneo, según se mire, no sólo de información, entretenimiento y tergiversación propagandística de la realidad nacional, también es medio fértil para publicitar. La publicidad supone algo positivo: mejora la capacidad de decisión del consumidor, beneficia al medio cuando comercializa espacios y resulta pingüe negocio para el publicista que diseña anuncios y establece pautas de repetición, significación e incidencia. Esto en términos de libro de texto yuppie. La publicidad es la neta, güey, o sea. En la realidad nacional, la publicidad (haciendo de lado con un palito, porque embarra, la que se aplica al mentidero de la política), y en especial la destinada a capturar el subconsciente de nuestros niños termina siendo un depurado ejercicio de mercantilismo vesánico e inconsecuente.

Según Manuel Fernández Allende, de la Procuraduría Federal del Consumidor (www.consumersinternational.org), en países con marcos jurídicos más cuidadosos en cuanto los derechos de los consumidores, como Chile, Argentina, Japón, España o sí, el mismo Estados Unidos, la regulación estatal a los excesos de los anunciantes en televisión, de productos cuyo consumo resulta nocivo para la salud, es severa e inapelable. Antes que el bien de algunos empresarios (que de todos modos terminan atiborrados de dinero) y de sus contratistas publicitarios está el bien común, y dentro del bien común debe ser primordial el bien de la niñez.

Es cierto que en México se reguló, no sin tropiezos, no sin zancadillas y no sin sobornos, la publicidad al cigarrillo, y algo se ha contenido, en un país con millones de alcohólicos, la de algunos productos con alto contenido de alcohol, aunque la cerveza, bebida de introducción al posterior consumo alcohólico a menudo desmedido entre nuestros jóvenes, brilla en horario estelar tal que fuera un producto inocuo como el agua.

Pero lo que merece capítulo aparte es la bestial descarga que los niños tragan todos los días en publicidad de comida chatarra sin valor nutricio real y con altísimos contenidos calóricos; productos cuya elaboración, distribución y consumo persiguen exclusivamente los pesos que puedan exprimir al bolsillo de los mexicanos, importándole un pito a los propietarios de esas marcas, últimos responsables de muchos de los problemas de salud de nuestra niñez, que su riqueza se sustenta en pésimos hábitos alimenticios, en un treinta y nueve por ciento de niños mexicanos con diabetes; en que este país consume mucha menos leche que jarabes de fructosa con colorantes y gas carbónico: la friolera de 149 litros de refresco por habitante al año. Un niño que vea El chavo del ocho puede estar expuesto hasta a 230 spots en una sola sentada. Dice Fernández Allende: "En nuestro país los antecedentes en materia de autorregulación se ubican en 1988, cuando el Consejo Nacional de Publicidad elaboró un Código de Ética Publicitaria. Sin embargo, dicho código nunca fue puesto en práctica", y apunta que si bien hubo un antecedente de autorregulación en medios en cuanto al contenido de la publicidad desde 1995, no fue sino mucho después que el Consejo de Autorregulación y Ética Publicitaria (suena a oxímoron… ética publicitaria) se puso en marcha. ¿Y dónde está?

Por eso no sorprende que haya una dizque legisladora, una señora del pan, desde luego, a la que se antoja preferible "proteger" las plazas de trabajo de publicistas y fabricantes de frituras y porquerías saturadas de grasa y sodio que la salud de la niñez, porque la salud, según dicen que dijo, no representa tanto problema como el trabajo que podría perder "toda esa gente" si los anuncios de comida chatarra dejan de salir al aire. Por eso mueve a risa, porque en este país manda el de la chequera y no el pueblo, ni mucho menos las leyes que pretendan protegerlo de los abusos de poderosos y gandallas, que el coordinador de Alianza Social en el df, Jesús Robles Maloof, ponga por escrito una petición formal para que sean expulsados del templo del Museo del Papalote las marcas de comida chatarra que lo inundan. Sólo hay que recordar que la directora del museo es nada menos que Marinela Servitje… hija de Lorenzo Servitje, recio barón de la ultraderecha mexicana y creador y propietario de Marinela, Bimbo, Sabritas, Sonric’s y todo un cortejo de gansitos, canelitas, sabritones, papitas, doritos, bubulubus y la porquería que quieras, querido lector, evocar mientras como a este gordo juntapalabras de incoherente paladar se te hace agua la boca. Voy por una botana.

Kikka Roja

NUMB : CUENTO

Jorge Moch

I had become comfortably numb, cantaba Gilmour prestándole voz a Bob Geldoff, y el hermano de Viridiana ponía y ponía aquel disco a todo volumen y repetía y repetía aquella porquería demencial de película, como decía su papá, en la que una flor de caricatura se convertía en vagina hermafrodita. Bájale, idiota, reclamaba acrimosa, y él contestaba siempre con burlas: ay, sí, la princesita, la heredera, la intocable pinche naca que un día se va a caer de su nube. Por eso no veía la hora de irse a casa de Yami a pasar la tarde.

Tú juras, honey, que yo me voy a olvidar de ti apenas te vayas con tu francesito a París, pero ene o, niña, le decía Viridiana a Yami cuando, acercándose ya los preparativos de la boda, se iban a tomar un café sin Ana porque les caía sobrada, mal tercio en una amistad que era nada más que de dos. Eran frases de ambas, su vocabulario propio: honey, darling, sister... aunque de común acuerdo dejaron de usar ésa cuando supieron que unas negras raperas se llamaban Sista. Soñaban desde el colegio con el atardecer en que pasearían juntas por el parque, empujando cada una una carreola. Hablaban de ropones, bautizos y banquetes, de nombres para sus princesitas y sus pequeños diablillos. Nombres, también, para sus hipotéticos galanes, herederos de imperios industriales, hoteleros, banqueros, terratenientes rubios, altos, un poco machos, superficiales como ellas para ir juntas, siempre juntas, las hermanas que cada una no había tenido en casa, las alegres comadres, a Las Vegas y Miami y New York, honey; a París, a Madrid, Viri, decía la Yami, a rescatar las raíces familiares, y aquí siempre Viridiana desviaba la conversación, infranqueable el abismo que las separaba, la educación desigual de sus padres, sus dispares fortunas exigua la una, inconmensurable la del otro, el contraste entre el tono moreno de la piel de Viridiana, de toda su familia, el hediondo, para ella, origen de una estirpe enraizada en poblachos miserables, de nombres imposibles de pronunciar a menos que se hablase buen tarasco mientras resultaba incuestionable el blanco lechoso del abolengo de aquellas ciudades donde habían mecido las cunas de los antepasados de Yami, todas reconocibles en un mapa occidental que abarcaba al menos dos continentes.

Poco después de la prepa apareció el french en la vida de Yami, y Viridiana se reconoció un tanto aliviada cuando ya no tuvo que fingir ante su amiga que a ella también le pagaban sus papás los estudios universitarios, y ya no tuvo que, ni quiso, seguir luchando para mantener esa beca que con tanto trabajo había obtenido para mantenerse cerca de su amiga. Su amiga, la que un día le había prometido no separarse nunca y ahora se casaba y se iba a vivir nada menos que a París, y no a un suburbio, ni a un pisito miserable, sino a una casona señorial en el Quartier Latin, con desván donde guardar fotos y vestidos viejos para que un día sus nietas, rubiecitas también, jugaran a las señoras que ellas no serían nunca juntas.

Yami se fue y a Viridiana se le pudrieron los años con amores malogrados y un embarazo que nunca estuvo muy segura de haber deseado: el puerco de Baldomero le había pedido que tuviera al bebé, le había prometido un futuro juntos, y luego se largó para no volver. Viridiana tuvo que conseguir un trabajo para mantener a la niña y ayudar a sus papás; que a cambio de dinero no le echaran en cara todos los días sus errores. A veces se escribía con Yami, aunque las cartas fueron espaciando sus arribos. Miró a su hermano casarse y ser medianamente feliz, y a su hija crecer un tanto amarga, y a sus padres morirse en la mediocridad que a ella tanto horrorizaba y que comenzaba a chuparle ya la existencia como el fango chupa algunos cuerpos, con ruido de sifón.

Entendió a Pink Floyd rebasados los cuarenta, cuando la suya era ya una naturaleza taciturna, hemacrima, escamosa. Escuchó que tocaban The Wall en una tienda de discos y cedió al súbito impulso. Llegó a casa y lo puso. Leyó las letrillas, y entendió casi todo de lejos, porque hablaba inglés, como buena secretaria ejecutiva, pero los conceptos le parecían oscuros casi todos. Menos uno. Ella también se sentía cómodamente aletargada entre el Tafil y las ocasionales aventuras de una noche, muy pocas, que se permitía a veces con su jefe. Confortablemente entumida, ajena, distante, envuelta en una burbuja de sueños rotos, un callo de desesperanza inútil por desechable. Por eso, se dijo, no sentía nada por nadie, tal vez ni por la adolescente atorrante en que se había convertido su hija. Ni por su hermano, al que ahora casi nunca quería ver. Ni por su jefe. Por eso no sintió nada cuando Yami se murió en París. Horrible, manita, le había dicho Ana, convertida ahora en gran señora, protagonista recurrente de la sección de sociales de los periódicos. Horrible, allí en público, en la piscina del club, ahogada porque los estertores del infarto no le habían permitido tocar la orilla y ya ves cómo era de disciplinada y todo, y por irse a nadar tan temprano y el pobrecito francés como loco, manita, y las chiquitas, qué tragedión aunque fueran adoptadas, y ella sin poder sentir nada, ni lástima ni tristeza ni rabia, ni siquiera un asomo de sevicia, de condenable humor negro, de sonreír macabro. Nada. Por fin she was feeling comfortably numb.



Kikka Roja

Feo Vestido Cristero : Historiadores

  • Son ganas de vestir con sangre la precariedad de la imaginación: Fernando del Paso
  • El traje cristero, revanchismo de la derecha, afirma Lorenzo Meyer
  • ¿Los mexicanos, todos, descendemos de los concursos de belleza?: Carlos Monsiváis
  • Algunos que se califican de artistas se dan muchas libertades, dice Felipe Arizmendi

F. CAMACHO , E. MONTAÑO , A. JIMENEZ , A. VARGAS , J. BALBOA

La utilización de imágenes de la guerra cristera en el vestido que portará la representante de México durante el concurso Miss Universo 2007 es "una inadmisible falta de respeto" a las personas que fallecieron durante ese episodio histórico, además de una forma de trivializarlo, y demuestra que algunos sectores de la derecha católica quieren ganar espacio mediático y causar un escándalo vistiendo "con sangre la precariedad de la imaginación." Algunos historiadores y analistas políticos consultados por La Jornada, respecto al atuendo con el que la sinaloense Rosa María Ojeda desfilará en el mencionado certamen de belleza, consideraron que la polémica es un tema frívolo que sólo desvía la atención de "los verdaderos problemas del país." Como ya se ha informado en estas páginas (1º y 14 de abril), la arquitecta María del Rayo Macías Díaz presentó un modelo de falda de manta con dibujos de militantes cristeros fusilados o colgados de postes, mujeres rezando en misas clandestinas y de la Virgen de Guadalupe. En entrevista, Macías afirmó en días pasados que su intención no es "exaltar" aquella época, y consideró que el vestido pudo realizarse gracias a que vivimos tiempos de "apertura para lo religioso". Por su parte, Televisa anunció que la pieza sí será exhibida en Miss Universo, como estaba planeado.

A continuación, las reflexiones de algunos de los entrevistados por este diario:

Fernando del Paso, escritor: ¿Que qué opino? Pues que "Viva Cristo-Reina". Que viva, sí, hasta llegar viva y con su traje al concurso de Miss Universo, para que se ponga en ridículo y ponga en ridículo a México. Que viva y que gane el título para que con ella ganen la estupidez y la provocación. ¿Por qué no se pone nuestra candidata un vestido con fotografías del padre Maciel y de sus víctimas? Como agnóstico que soy, me parece además una aberración. Si fuera yo católico, me sentiría profundamente ofendido de que el nombre de Cristo y la batalla que se libró en su nombre -aunque también, desde luego, de la necedad y de la intolerancia- se vinculen con un concurso en el cual no sólo la cara bonita, sino también las buenas tetas, nalgas y piernas, determinan el triunfo de la trivialidad, de la vulgaridad y de un gran negocio. Son ganas de causar un escándalo, por supuesto. Son ganas de vestir con sangre la precaridad de la imaginación. ¡Que viva México! ¡Que viva Cristo-Reina!

Carlos Monsiváis, escritor: ¡Qué terrible! ¿Para eso se sacrificó el padre Pablo García, fusilado según consta en el traje creado por María del Rayo; para eso en la región de Los Altos se ha creído en la separación entre la moda y la fe? ¿Para eso, para que los cristeros terminen como paisaje incidental en la competencia del hedonismo que ni se fija en representaciones de escapularios y carrilleros? ¿Cómo conciliar la guerra a Lucifer con la pasarela, ese camino de la perdición donde no importan las convicciones sino la maestría en el modelaje? La pregunta se mantiene: ¿los mexicanos, todos, descendemos de los concursos de belleza? Algo o demasiado de choteo hay en la página electrónica de Nuestra Belleza al describir el atuendo: "Representa a la mujer cristera, pieza fundamental en el conflicto armado que se desarrolló entre 1929 y 1942 en nuestro país". A partir de 1929 ese conflicto, por lo que atañe a la historia, se desarrolló a puerta cerrada porque no se registra, pero el traje no representa a la mujer cristera sino a su victimación por la moda.

Felipe Arizmendi Esquivel, presidente de la Comisión Episcopal de Pastoral Indígena de la Conferencia del Episcopado Mexicano: No es conveniente para México que en un evento internacional de la envergadura de Miss Universo se recuerden hechos tristes y lamentables de nuestra historia, pues el traje típico alude a hechos que nos abrieron graves heridas como pueblo. Algunos que se califican de artistas se dan demasiadas libertades, personalmente preferiría que se buscara otro traje. Existe mucha creatividad de artistas mexicanos que bien podrían hacer una propuesta novedosa y de verdad creativa. Además, en nuestro país existen hechos del pasado digno de ser rescatados como la cultura milenaria de los pueblos indígenas, sus grandes conocimientos, la arquitectura, la astronomía, las pirámides, eso sí nos enorgullece.


Lorenzo Meyer, historiador: Por un lado, nadie puede negar la existencia de la guerra cristera y en cierta manera su inutilidad, porque a final de cuentas todo quedó más o menos como estaba. La Iglesia acepta al régimen, el régimen acepta la autonomía de la Iglesia, y todos los muertos fueron un tanto en vano. Pienso que hay algo de revancha en esta actitud; al poner a los cristeros ahorcados. Quieren exhibir ahora a sus muertos, desde su perspectiva, cuando también se podría poner a las víctimas del otro lado. A mí me tiene sin cuidado este traje, salvo que hubiera dineros públicos en su elaboración. Utilizar estas imágenes es como si Israel pusiera en su traje típico las fotografías de Auschwitz. Cada quien sus traumas o problemas, pero si eso representa al país, entonces sí tengo mis reservas, ya no hablemos sobre el buen gusto. Este es un pálido reflejo de algo mucho más preocupante: el revanchismo de la derecha. Como ya tienen la Presidencia, los medios de comunicación y el poder, están envalentonados. Se ve que están ardidos y buscan poner su punto de vista hasta en las faldas.

Raquel Tibol, crítica de arte: Es una verdadera vergüenza desde el punto de vista cívico que se use este episodio histórico, que confrontó de una manera oscurantista al pueblo de México. La cristiada es la cristiada, no es para usarse en un vestido y menos hoy. Si los fundamentalistas católicos, apostólicos y romanos suponen que ganarán adeptos reverdeciendo tragedias históricas en un marco de frivolidad, espero que estén profundamente equivocados. Caso contrario hablaría muy mal, pero muy, muy mal, del pueblo de México. Por lo demás, el hecho de que Televisa respalde este perversión demuestra de una manera obvia la orientación hiperreaccionaria de esa emisora. La población democrática y progresista de México debería decretarle un boicot auténtico. La diseñadora del vestido podrá decir misa, pero no creo que ella haya sacado de su propia invención este absurdo. Groserías culturales de este tamaño se hacen en equipo. Sin ser mal pensada, podría estar un sector ultraderechista de la Iglesia y, evidentemente, Televisa.

Soledad Loaeza, politóloga: La utilización de este vestido es un escándalo. Es una falta de respeto absolutamente inadmisible para los muertos de ese conflicto, tanto los soldados federales como los cristeros. Se trata de la banalización de un episodio sangriento, que no tiene nada que ver con la libertad religiosa, sino con el buen gusto y el respeto a nuestra historia. El diseño me parece de pésimo gusto; no sé cómo esta señorita puede ponerse un vestido así y sonreír como si estuviera usando un traje de baño. El tema de los cristeros se puede rescatar con un libro o un cuadro, pero no con un concurso de belleza. Me parece que la diseñadora buscó shockear a la gente para ganar notoriedad, en vez de hacer un traje inteligente, con una propuesta estética.



Jean Meyer, historiador, autor del libro La cristiada. La guerra de los cristeros: Mi reflexión es bastante frívola. De esos concursos, que normalmente no veo, lo que me gustan son los trajes de baño. Así que, a los trajes de ciudad o a los vestidos, la verdad, no les presto la menor atención. Esas polémicas me tienen absolutamente sin cuidado. Ahora, si esa chica (Rosa María Ojeda) quería llamar la atención, pues lo logró. Esos concursos son respetables, pero son frívolos. Creo que no hay que mezclar patriotismo, sea local, regional o nacional, ni mucho menos ideología. En este caso, yo no estaría de acuerdo con la señorita (Ojeda), pero como dije al principio, lo bonito de los concursos de Miss Universo son los trajes de baño.




Angeles González Gamio, cronista e integrante del Consejo de la Crónica de la Ciudad de México: Este es el momento más inoportuno que puede haber para sacar a la luz este tipo de conflictos que son tan dolorosos y tan sangrientos, sobre todo cuando se discuten temas como el aborto, cuando existe una situación, un despertar, de ciertos conflictos entre lo laico y lo religioso. Es algo de muy mal gusto el que se estampen imágenes de ahorcados en un vestido, aun cuando no fueran de los cristeros, ya el simple hecho de que un vestido muestre esas imágenes es desagradable, sobre todo tomando en cuenta que en México tenemos tanta riqueza cultural, artística y artesanal para mostrar al mundo.

pinche el vestido, pinche concurso, la cabrona Televisa ya dijo que el vestido sale porque sale a la de a huevo, ...el dinero cómo apendeja a los ricachones dizque famosos. La derecha se está destruyendo así misma, Soledad Loaeza, opinando contra su propia bancada. ¿Y la muchacha que lleva el vestidito? la que se lleva el premio miss idiota! ja jaa ¡¡que salga por televisión!! AUTOGOL para televisa y los mochos.
EL QUE RECTIFICA SE EQUIVOCA 2 VECES
Queda fuera el vestido cristero del concurso Miss Universo
Organizadores deciden rediseñar el "traje típico" ante las quejas sociales
TANIA MOLINA RAMIREZ
"A PALO DADO NI DIOS LO QUITA" jajajaa
Es una vergüenza ser mocho fanático, ustedes no tienen idea de las estupideces que les dicen a los seminaristas que quieren ser sa-cerdotes, lo que piensan de la mujer y lo vulgares que en realidad son.
(mi admiración para los hombres que saben lo que significa ser mujer) lo peor del mundo es una monja, denigra rebaja y asquea que una mujer desprecie y reprima a otra. La derecha tiene muchos recursos para tener a la gente pescada de los Güevos.
...lástima yo si quería que la miss México ganara....


Kikka Roja

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