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jueves, 19 de abril de 2007

Riesgo inflacionario por precios de productos agropecuarios

SUSANA GONZALEZ G.

La volatilidad e incremento en su precio que han registrado algunos productos agropecuarios son considerados por el grupo Banamex-Citigroup como "un elemento adicional de riesgo" para las previsiones inflacionarias de los próximos meses. "Los precios agropecuarios son la principal fuente de incertidumbre en el comportamiento de la inflación general de los próximos meses", advirtió la firma en un reporte económico al destacar el crecimiento de la inflación anual que pasó de 3.98 por ciento en enero a 4.21 por ciento en marzo pasado. Si bien consideró que la mayoría de los bienes agropecuarios podría registrar un proceso de reversión en sus precios para ubicarse a niveles cercanos a los del año pasado, acotó que "no será suficiente para compensar el incremento de los precios de algunos productos como la cebolla y el limón".

Lo anterior, remarcó, contribuirá a impulsar la inflación de los productos agropecuarios por arriba del nivel registrado en 2006, pues recordó que si las cifras inflacionarias registradas en el segundo trimestre del año pasado fueron muy favorables se debió al "buen comportamiento de los bienes agropecuarios" y particularmente por la cotización del jitomate. Sin embargo, "para 2007 será muy difícil replicar los mismos resultados", consideraron los analistas de Banamex- Citigroup, al explicar que aun cuando durante el primer trimestre de este año los incrementos mensuales de los productos agropecuarios han promediado 0.35 por ciento, la tasa anual creció 8.6 por ciento.

Repuntará inflación general

Por lo anterior, Banamex-Citigroup advirtió que "la inflación general mostrará altas tasas de crecimiento en la primera mitad del año", aunque consideró que podrá descender hasta 3.6 a finales de 2007. De cualquier manera, la firma recomendó "monitorear muy de cerca" la alta volatilidad que representan los bienes agropecuarios porque incorporan un elemento adicional de riesgo. Por otro lado, Banamex-Citigroup consideró que aunque durante febrero se alcanzó un superávit histórico, los ingresos se desaceleran ante la continua disminución en el número de visitantes. "El superávit alcanzó una cifra récord para un mes de febrero -621 millones de dólares-, es decir, 34 por ciento mayor al registrado en el mismo mes del año anterior". Sin embargo, acotó que pese al aumento de divisas por turismo "preocupa la desaceleración en los ingresos asociado a la baja en el número de turistas".


Kikka Roja

Ofensiva ultraderechista

Octavio Rodríguez Araujo

En México está ocurriendo un fenómeno curioso: la ofensiva de la derecha y de la ultraderecha ha acentuado la polarización que vivió el país en los meses previos a la elección presidencial del año pasado, y durante ésta. No estoy diciendo que esa ofensiva se haya inaugurado en los últimos años. Ha existido desde hace décadas. Primero con la Guerra Cristera (ahora tan de moda gracias a un vestido diseñado para un certamen de belleza, y que ya será retirado), luego con los Dorados de Villa de Acción Revolucionaria Mexicanista, además de La Legión y La Base en los años treinta, posteriormente con la Unión Nacional de Estudiantes Católicos, de la que derivaron los conejos y los tecos (final del gobierno de Abelardo Rodríguez y principios del de Lázaro Cárdenas), más adelante con la Unión Nacional Sinarquista, otra vez, como en las organizaciones no estudiantiles, con gente del campo y abogados provincianos. Después de la Segunda Guerra Mundial, destacaron organizaciones fundadas también por el clero católico, por los lasallistas, por ejemplo (los de la Universidad La Salle de ahora), que patrocinaron a las fuerzas de choque organizadas en el Frente Universitario Anticomunista de triste memoria. De esa misma época es El Yunque, y derivadas de éste otras como el MURO (Movimiento Universitario de Renovadora Orientación), el Movimiento Familiar Cristiano y, en paralelo, una organización de jesuitas antes de que se izquierdizaran un poco: la Corporación de Estudiantes Mexicanos. Ya en los setenta, el MURO se transformaría en GUIA (Guardia Iberoamericana) que trascendió el ámbito nacional con los mismos propósitos fascistoides del anterior. Tampoco pueden olvidarse a las Falanges Tradicionalistas Mexicanas.

Todos los anteriores grupos han sido auspiciados por la clerigalla católica más reaccionaria del país, anticomunista por antonomasia, antisemita, intolerante como pocas y heredera de la nefasta tradición de grupos más antiguos y muy beligerantes como la Asociación Nacional Católica de Padres de Familia y Acción Católica Mexicana en la que participan a la fecha los Caballeros de Colón (que cuenta con importantes empresarios de Monterrey y otras ciudades) o el mismo Opus Dei (también con empresarios e ideólogos de la derecha franquista en México). Los Legionarios de Cristo son parte activa de la ultraderecha mexicana, como lo fue durante el franquismo en España junto con el Opus Dei.

Insisto, ya estaban, ya existían, no fueron inventados recientemente. Pero con Vicente Fox, Marta Sahagún, Felipe Bravo Mena, Manuel Espino Barrientos, y muchos más que largo sería mencionar, se apoderaron no sólo del gobierno federal y de algunos estatales, sino que, una vez más, han hecho mancuerna con el alto clero católico mexicano, como Norberto Rivera y Juan Sandoval Iñiguez y miles de curas que, convencidos o no, los siguen como se supone que debe de ser en toda Iglesia: dogmáticamente. Hay excepciones muy notables, por ejemplo Raúl Vera, obispo de Saltillo. Bajo la sombra de los gobiernos panistas y del mismo Partido Acción Nacional, se cobijan organizaciones como Provida (existente también desde antes de Fox en Los Pinos), la Fundación Hospitalaria de la Cruz de Malta, la Sociedad Bíblica de México y otras más del mismo signo.

Esta gama de ultraderechistas se siente a sus anchas en la actualidad, primero, porque las reformas constitucionales de Carlos Salinas de Gortari les abrieron más puertas de las que ya tenían; y segundo, porque cuentan con la complicidad de Felipe Calderón, diputados y senadores de su mismo partido, además de gobernadores, presidentes municipales y diputados locales en varios estados de la República. El problema del aborto, tema candente en muchos países y desde hace más de 30 años, ha sido aprovechado por las ultraderechas y las derechas para agitar, manipular y movilizar a sus seguidores con el objeto de medir fuerzas con quienes no se tragan esos dogmas medievales y más propios de la Inquisición que del siglo que con trabajos vivimos. No han logrado convencer, pero sí confundir a mucha gente, aunque no tanta como quisieran, pero ahí van y no soltarán la presa, pues están acostumbrados a las luchas largas, de siglos, y a refrescar la memoria bajo cualquier pretexto, como el aparentemente frívolo vestido diseñado para la belleza mexicana que concursará para ser Miss Universo. Este vestido, por cierto, no fue un diseño inocente. Cualquier especialista en marketing (como se le dice ahora a la mercadotecnia) sabe que el impacto de un mensaje depende de que sea creíble (recurrir a la historia, aunque sea de manera parcial y distorsionada), distintivo (diferente a los demás productos) y atractivo (como lo es cualquier vestido portado por una hermosa mujer).

Hasta ahora, este "asalto", round como se dice en boxeo, lo perdió la ultraderecha, pero no porque sus oponentes estuvieran organizados (como sí lo están los ultraderechistas), sino porque ciertas opiniones aisladas y en contra fueron de peso completo, y como tales fueron reproducidas en los medios. Falta el round del aborto, pero éste se está disputando en la arena más liberal del país: el Distrito Federal. Faltará después el resto, y ahí la pelea no será fácil. El país está claramente polarizado. Para mí no hay duda, el problema es que los que nos consideramos de izquierda, incluyendo al centro izquierda, no nos organizamos para competir con la engallada ultraderecha ni para evitar que siga haciéndose más fuerte.


Kikka Roja

MonoSapiens

por Helguera y Hernández

El Chamuco Virtual
www.monerohernandez.com
Miss Erable




Kikka Roja

Lorenzo Meyer

A veces, todo tiempo pasado parece mejor

Lorenzo Meyer
AGENDA CIUDADANA

Hay de cambios a cambios. Desde luego que el mero sentido común nos dice que es falsa esa afirmación nostálgica de que “todo tiempo pasado fue mejor”. Y sin embargo, en relación con ciertos periodos históricos, temas y personajes, no se necesita ser reaccionario para sostener que cierto pasado se ofrece a nuestros ojos como algo superior al presente. Un periodo y una temática muy a propósito para ilustrar esta posibilidad es la que aborda el último libro de Raquel Tibol: Diego Rivera, luces y sombras, (México: Lumen, 2007). México cambió violentamente al inicio del siglo XX (1910-1916) como resultado de la destrucción de una dictadura oligárquica. Terminada la era de destrucción del viejo orden, se abrieron y se aprovecharon las grandes viabilidades para el cambio constructivo, para la transformación social, cultural y la creación artística. Se supone que al final de ese mismo siglo, México volvió a transformarse políticamente, aunque la caída de la “dictadura perfecta” del PRI se llevó a cabo sin necesidad de una nueva revolución, de manera casi pacífica. Ahora bien, el contraste entre ambos cambios claramente favorece al primero. Hasta la fecha la supuesta transformación del 2000 no se ha reflejado en ninguna mudanza positiva y notable en materia social o económica y desde luego, no se ha visto ninguna explosión de energía creativa en el campo de las artes, como sí fue el caso en los decenios de 1920 y 1930.

Una feliz coincidencia. Lo que Raquel Tibol busca subrayar en su Diego Rivera, es lo afortunado de una coyuntura histórica: la coincidencia del arribo a la madurez de un gran artista plástico mexicano –Diego Rivera- con una gran época de transformaciones reales en México: la etapa constructiva de la Revolución Mexicana, esa que años más, o años menos, abarca de la elaboración de la actual constitución al final del cardenismo. Desde luego que si Rivera hubiera nacido en otro tiempo y lugar, sus cualidades como artista hubieran podido ser igualmente desarrolladas, apreciadas y retribuidas. Sin embargo, a nuestro personaje le ayudó mucho el haber nacido mexicano y precisamente en un momento en que el país parecía haber recobrado la confianza en sí mismo y en su futuro que había perdido un siglo atrás, al cambiar su estatus de colonia española a sociedad independiente. Los 1920 fueron para la nueva élite política y cultural mexicana y, en cierta medida, para el mexicano común, la etapa constructiva de la revolución abrió una verdadera oportunidad para encarar las inercias impuestas desde la época colonial y tomar nuevos caminos, unos que condujeran al grueso de los mexicanos a encontrarse con la justicia sustantiva. Al final, la realidad dejó mucho que desear, pero mientras la revolución se mantuvo como una realidad viva, México fue un buen sitio para que pudieran desarrollar sus potencialidades creadoras, espíritus como el de Rivera y el círculo de artistas, militantes e intelectuales que lo rodearon -no todos mexicanos, por cierto-, casi todos con sus conocimientos y técnicas al día, llenos de energía vital y de confianza en el futuro del país y de la humanidad.

Espacio modesto y ambición ilimitada. La Revolución triunfó en su modalidad carrancista precisamente cuando Europa, aún el centro del sistema internacional, estaba empeñada en llevar hasta su límite sus viejas tendencias suicidas. La Gran Guerra (1914-1918) aceleró la decadencia del imperio británico y empezó a trasladar al otro lado del Atlántico, a Estados Unidos, el eje del sistema internacional. La brutalidad y destrucción de la Gran Guerra –37.4 millones de muertos y heridos- y el inicio del esfuerzo constructivo de la Revolución Mexicana y de su nacionalismo coincidieron. En los 1920 y 1930, mientras Europa digería su tragedia, México trabajaba en formular una interpretación nueva y positiva de su civilización antigua, explotada y humillada por la Europa que en ese momento estaba en crisis material pero, sobre todo, moral. Esa situación llevó a que un grupo pequeño pero interesante e influyente de artistas y académicos mexicanos y extranjeros, se entusiasmara por lo que vieron cómo un renacimiento no sólo artístico sino también moral de México, (un buen desarrollo de esta idea, se encuentra en: Alicia Azuela, Arte y poder: renacimiento artístico y revolución social, México, 1910-1945, [Michoacán, 2005]). Así, nuestro país, rural, pobre y puesto bajo observación por las grandes potencias imperiales, apareció en el mapa cultural mundial como una sociedad mestiza, orgullosa de su pasado y presente indígenas –aunque más en teoría que en la práctica-, y no obstante su pobreza material y su marginalidad internacional, se proponía hacer una contribución original y significativa a la cultura universal. Es aquí donde Rivera y la nueva clase política mexicana se acoplaron a la perfección, como el guante y la mano.

El personaje. Si a la nueva clase política mexicana le faltaba mundo, a Diego Rivera le sobraba. Además, en su caso el famoso complejo de inferioridad mexicano brillaba pero por su ausencia. Sin embargo, la confianza en las propias capacidades, aunque elemento básico, no era suficiente para la gran creación; se requería además imaginación, destreza artística, sensibilidad, preparación y, sobre todo, apoyo económico y político. Es aquí donde hay que reconocerle un elemento positivo a la élite porfirista, pues Rivera –un miembro de la muy pequeña clase media- desarrolló sus habilidades como artista primero en las instituciones públicas del viejo régimen y después, gracias a una beca del gobernador de Veracruz, en el centro generador de la innovación artística: la Europa de inicios del siglo XX. La Revolución misma sorprendió a Rivera en su primer regreso de Europa. El domingo 20 de noviembre de 1910, nos dice Tibol, Rivera estaba en México cumpliendo con uno de los requisitos de su beca: exponer los resultados de sus estudios. Cumplida la formalidad, en junio de 1911 se regresó a Europa. Así, durante la parte más dura de la guerra civil mexicana, siguió entregado a su trabajo y a sus pasiones en una geografía y problemáticas muy distantes. Volvió al país en 1921 y se encontró con José Vasconcelos. El pintor guanajuatense cada vez más politizado y el intelectual oaxaqueño hecho ministro formaron una mancuerna estupenda, pues combinaron el nuevo ambiente de gran libertad y creatividad artística con recursos y un ambicioso proyecto de futuro, que incluía plasmar en grandes murales el no muy coherente discurso de una revolución social y antiimperialista. Para entonces estaba en marcha una revolución más radical, ambiciosa y mucho más brutal: la soviética. Rivera la visitó y el resultado fue una síntesis de ambas en el plano plástico.

Raquel Tibol acepta que Rivera fue monumental en todo, hasta en sus incongruencias políticas, pues sucesivamente se ubicó como zapatista, leninista, nacionalista, antiimperialista, comunista, trotskista, almazanista, panamericanista, lombardista, stalinista, pacifista y hasta informante de la embajada norteamericana (pp. 87 y 126). No importa, el México que desarrollaba una revolución sin ortodoxias ideológicas –y ella misma, una contradicción viva- se pudo permitir esa mezcolanza y darle un cauce positivo. Tibol resume a Rivera y a la Revolución Mexicana así: “…por primera vez en la historia de la pintura del mundo entero se llevó a esos muros (a los mexicanos) la epopeya del pueblo, no alrededor de héroes mitológicos o políticos sino de las masas en acción” (p. 161).

Un presente que hace ver bien al pasado. En el 2000 México volvió a cambiar políticamente, pero esta vez el cambio no ha sido acompañado de una explosión de creatividad. Ahora el optimismo es sólo oficial, sin enjundia, burocrático. Obviamente entre nosotros debe haber más de un equivalente a Diego Rivera, pero lo que faltan son las condiciones que permitieron hacer de la creatividad y la inconformidad una gran obra. Hasta hoy, el discurso de la nueva élite del poder a lo más que ha llegado en materia de creación e innovación cultural y artística es a una mega biblioteca que cerró casi inmediatamente después de ser inaugurada y al vestido “cristero” diseñado por la arquitecta María del Rayo Macías para que lo luzca la representante mexicana en el siguiente concurso Miss Universo 2007. Y por lo que al proyecto de cambio social, su falta de concreción se expresa en la segunda fortuna privada del mundo.

En estas condiciones, no puede ser reaccionario, sino todo lo contrario, afirmar que el pasado luce mucho mejor que el presente.


Kikka Roja

Miguel Ángel Granados Chapa

Impertinencias y Cofetel

Plaza Pública

Impertinencias propias y en torno suyo marcan a la Comisión Federal de Telecomunicaciones, cuya actual integración es uno de los frutos podridos de la reforma a la legislación sobre radio, televisión y telecomunicaciones que desde hace casi un año está en entredicho legal, sujeta a la acción de inconstitucionalidad que aún no resuelve la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Allí se han cometido, y es de temerse que se reproduzcan, impertinencias graves en la tramitación de ese medio de control constitucional, iniciado por un tercio (y poco más) de los senadores que se opusieron al modo en que se generó la nueva legalidad en esas materias y a su fondo, pues en el afán de servir a los intereses de los grandes consorcios de la radiotelevisión y las telecomunicaciones no se vaciló en atropellar de muchas maneras la Constitución.

Ha transcurrido demasiado tiempo sin que el pleno del Tribunal constitucional aborde al asunto. Se comprendería que la demora obedeciera a las complejidades técnicas y jurídicas de la cuestión, que dificultan aún plantear los dilemas de fondo en la legislación impugnada. Pero se sabe de fijo que el ministro Sergio Salvador Aguirre Anguiano concluyó su proyecto de sentencia en noviembre pasado, y no lo ha sometido a debate por razones de una oportunidad inexplicable, como no sea la que permita que la aplicación de la ley genere hechos consumados e irrevocables. Pero el ministro ponente desea, según indicaciones, resolver el tema en sesiones privadas, en apariencia de mero intercambio de ideas pero que en realidad anticipen y sustituyan la sesión pública que debe ser el escenario en que se adopte la resolución. Un buen motivo para solicitar una discusión cerrada es que de ese modo se impediría que en el debate sobre problemas intrincados los ministros se arriesguen a mostrar incapacidades de comprensión, como ocurrió en el prolongado debate sobre la Ley de Seguridad Social Militar, donde algunos miembros del alto Tribunal se enredaron en los conceptos científicos con que arroparon sus nociones sobre el SIDA. En el fondo, sin embargo, lo que se busca con estas sesiones preliminares es llegar a consensos que inhiban la toma de posiciones de los ministros ante el público o el ocultamiento de las razones que mueven a otros a anteponer los intereses de las empresas a los generales de los gobernados. En preparación a ese modo sigiloso de actuar, se ha cancelado en los hechos la participación de quienes iniciaron la acción de inconstitucionalidad, con el argumento no expreso de que perdieron su condición de senadores al concluir agosto y por tanto carecen ya de interés jurídico para realizar promociones o buscar ser oídos.

Se escucha, sin embargo, no a los abogados de la contraparte, que es el Senado, sino a los que verdaderamente impulsaron la legislación, los personeros de Televisa y TV Azteca, visitantes asiduos de los despachos de los ministros donde son bien recibidos. Como irritante complemento de esa marginación se ha dejado de lado también a los representantes legales de los senadores, despojándoles de la personalidad que les permite seguir el expediente. Por ese motivo pudieron enterarse tarde y mal de otra agraviante impertinencia, la de negar a la parte demandante el problemario que resolverán los ministros. Motu propio, y en aras de la transparencia, los miembros de la Corte resolvieron que en cada asunto el problemario –que como su nombre lo indica resume los dilemas que genera una ponencia, respecto de los que deben manifestarse los altos jueces—se pusiera a disposición de las partes en general... excepto en este caso.

Dos comisionados a los que designó el presidente Fox y objetó la Comisión Permanente del Congreso, Rafael del Villar y Gonzalo Martínez PCUS, demandaron amparo de la justicia federal por esa decisión legislativa, cuya pertinencia cuestionaron. Antes de que se resuelva el asunto de fondo, ambos fueron llamados a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes a servir como subsecretario uno y coordinador jurídico otro, nombramientos que alimentaron las diferencias institucionales y personales entre la Comisión y la Secretaría y quienes las encabezan. De modo impertinente, hace dos semanas el Senado osó pedir a los demandantes de amparo que desistan de su acción, que acaso es impertinente haber iniciado o mantener, pero a lo cual tienen pleno derecho. Impertinentísima, en fin, es la actuación de la Cofetel, que no ha resuelto problemas de fondo en telecomunicaciones (y sirve con ello a Telmex) ni en radio y televisión. Ante la urgencia social a que licite nuevas frecuencias en esos medios electrónicos, para pluralizar las emisiones y atenuar el duopolio en televisión (ya que es iluso proponer su fractura), cachazudamente los comisionados de la Cofetel anuncian que empezarán a estudiar la cuestión por lo que quizá hasta el año próximo tengan una respuesta. Instalados en su cargo en julio pasado, hace ocho meses, los comisionados debieron desde entonces iniciar los estudios que ahora dicen que van a hacer. Se ratifica con esa parsimonia que al menos los dos comisionados que fueron antes senadores (Héctor Osuna y Ernesto Gil Elorduy) están allí, como en La Borrachita de Tata Nacho, “pa´ servir al patrón”.

Kikka Roja

Humor involuntario : Se reconoce la raíz mexicana

Un saludo para todos los que hicieron posible, este divertido sitio.




(Gracias y Saludos al sendero del peje por echarme "un lazo")


Que hagan los hipócritas lo que quieran con su costal de mentiras

Elimina Iglesia al limbo

En un documento, la Comisión Teológica Internacional considera que la tradición de colocar a los niños que morían sin recibir el bautismo refleja una visión excesivamente restrictiva de la salvación
Elimina Iglesia al limboElimina Iglesia al limbo

EFE El Universal Ciudad del Vaticano
Viernes 20 de abril de 2007
13:42 La Iglesia católica ha eliminado el limbo, el lugar donde la tradición católica colocaba a los niños que morían sin recibir el bautismo, al considerar que refleja una "visión excesivamente restrictiva de la salvación". Así se afirma en un documento publicado hoy por la Comisión Teológica Internacional, que depende de la Congregación para la Doctrina de la Fe y está convencida de que existen "serias razones teológicas para creer que los niños no bautizados que mueren se salvarán y disfrutarán de la visión de Dios". Esta comisión estudiaba desde hace varios años el tema del limbo y la publicación del documento -muy esperado- ha sido autorizada por el papa Benedicto XVI. El limbo nunca fue considerado un dogma de la Iglesia y no está mencionado en el Catecismo. En 1984 cuando el actual Papa ejercía de prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, ya afirmó que el limbo era "sólo" una "hipótesis teológica" y que lo mejor sería no tenerlo en cuenta. El documento, de momento, se ha publicado en inglés y saldrá en otros idiomas más adelante, según confirmó a Efe un miembro de la comisión, que precisó que la Iglesia sigue considerando el bautismo como el camino para la salvación pero, en estos casos, la misericordia de Dios es más grande que el pecado. La misma fuente agregó que los muchos factores analizados ofrecen la suficiente base teológica y litúrgica para creer que los niños que mueren sin bautizar "se salvarán y gozarán de la visión beatífica". El miembro de la comisión no desveló más, pero según la agencia católica de los obispos estadounidenses CNS, que ha tenido acceso al documento, en el texto se resalta que el limbo "reflejaba una visión excesivamente restrictiva de la salvación" y hay "buenas razones" para esperar que los niños que mueren sin el bautizo vayan al cielo. Según lo publicado por CNS, el documento -de 41 paginas- considera que Dios es misericordioso "y quiere que todos los seres humanos se salven". "La gracia tiene prioridad sobre el pecado y la exclusión de niños inocentes del cielo no parece reflejar el amor especial de Cristo por los más pequeños", subraya el texto. El documento se titula "La esperanza de salvación para los niños que mueren sin ser bautizados" y, según la Comisión, el limbo representaba un "problema pastoral urgente, ya que cada vez son más los niños nacidos de padres no católicos y que no son bautizados y también "otros que no nacieron al ser víctimas de abortos". La Comisión Teológica Internacional señala además que " es cada vez más difícil aceptar que Dios sea justo y misericordioso y a la vez excluya a niños que no tienen pecados personales de la felicidad eterna ". El documento destaca que ni en la Sagrada Escritura ni en la tradición hay una " respuesta explícita " a este problema. El texto recuerda que en el siglo V San Agustín decía que los niños muertos sin bautizar iban al infierno y, a partir del siglo XIII, comenzó a hablarse del "limbo" como "ese lugar donde los niños no bautizados estarían privados de la visión de Dios, pero no sufrirían, ya que no lo conocían". La Comisión Teológica Internacional precisó en el texto, según CNS, que durante siglos los papas procuraron no definir el limbo como tema doctrinal y dejaron el tema "abierto". Tras estimar que los niños no ponen ningún impedimento personal en el camino de la gracia, los expertos vaticanos afirmaron que Dios " puede dar la gracia del bautismo sin que sea oficiado el sacramento y ello es tenido en cuenta cuando no es posible el bautismo". La Comisión Teológica Internacional comenzó a estudiar el limbo en el año 2004, cuando era prefecto de la Congregación para Doctrina de la Fe (ex Santo Oficio) , el actual pontífice.

Kikka Roja

Enrique Semo y Armando Bartra : Aristegui

Video enviado por www.cheetoslandia.com.mx
Enrique Semo, investigador de la UNAM, y con Armando Bartra, profesor de la UAM Xochimilco.


Un saludo y muchas gracias a Cheetos
Kikka Roja

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