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miércoles, 9 de mayo de 2007

Sergio Aguayo Quezada

País secuestrado

sergioaguayo@infosel.net.mx
www.sergioaguayo.org

México ha sido secuestrado por los poderes fácticos. Ahora que la Suprema Corte decidirá sobre la Ley Televisa y renace la esperanza de que en su decisión contará, sobre todo, el interés nacional.

En febrero, el presidente Felipe Calderón reconoció que una parte de México está secuestrado por el crimen organizado. Lo mismo podría decirse de otros ámbitos. Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía, acuñó el término de capitalismo entre cuates (“crony capitalism”) para describir el trato preferencial y privilegiado que algunos empresarios reciben del gobierno. En ese marco el éxito en los negocios ya no depende de la innovación y la eficiencia sino de los favores recibidos de la autoridad. Lo ilustro con una historia real. El 21 de febrero del 2005 se legalizó la empresa Apuestas Internacionales controlada por Televisa y socios. Ese mismo día solicitó a la secretaría de Gobernación 130 permisos para instalar el mismo número de salas de juego. Tres meses después, el 25 de mayo, recibió sus concesiones con una vigencia hasta el 24 de mayo de 2030, prorrogables 15 años más. El negocio es tan jugoso que la influyente casa de bolsa Merril Lynch sacó su calculadora y estimó que por esa actividad los ingresos de Televisa llegarán en el 2010 a los 15 mil millones de pesos. Una ganancia estratosférica nacida de la "buena voluntad" de unos cuantos funcionarios. Este tipo de negocios son comunes en el capitalismo entre cuates y explica los incrementos en las fortunas personales de los principales accionistas de las dos empresas. Según la revista Forbes, en el 2000 Ricardo Salinas Pliego (TV Azteca) tenía mil 400 millones de dólares; para cuando terminó el sexenio su fortuna se había triplicado para llegar a los 4 mil 600 millones. Emilio Azcárraga Jean de Televisa, por su parte, pasó de 1.5 a 2.1 mil millones de dólares.

La generosidad de Vicente Fox con las televisoras fue más allá de las casas de juego. En el 2002 firmó el llamado "decretazo" que redujo de tres horas a 18 minutos el tiempo gratuito que los medios entregan al estado. Luego permitió que TV Azteca tomara el cerro del Chiquihuite arrebatándole al Estado el monopolio del uso de la fuerza. Finalmente, se hizo el desentendido mientras se violaban normas que limitan la cantidad de minutos dedicados a la publicidad. Resulta comprensible que en el ocaso del sexenio las televisoras decidieran hacerse una ley a su conveniencia. En diciembre del 2005 los diputados de todas las fracciones (y eso incluye a la fracción perredista dirigida por Pablo Gómez) aprobaran en 7 minutos y por unanimidad las reformas que ahora conocemos como Ley Televisa. En el 2006 lograron la rúbrica del Senado en medio de una polémica que exhibió la incompetencia, mezquindad o cobardía de buena parte de la clase política: presidente de la república, diputados, senadores, candidatos a la presidencia y partidos bajaron la cabeza o fingieron ignorancia para permitir que los intereses de unos cuantos prevalecieran sobre el interés general. México secuestrado. La sumisión era lo habitual; lo inédito salió de una protesta sin precedentes. El manotazo era tan ofensivo que la reacción rebasó el conocido texto de los "abajo firmantes" que envían cartas a la redacción o se cooperan para publicar desplegados. Los medios públicos salieron del marasmo y se opusieron a la ley con firmeza e imaginación (las estaciones del Instituto Mexicano de la Radio repitieron 24 horas una misma melodía para subrayar cuánto se acentuaría la homogeneidad en el mensaje) y 47 senadores de diversos partidos presentaron ante la Suprema Corte una controversia constitucional mostrando una dignidad poco común en la clase política.

La justicia es lentísima. Pasaron los meses y se generalizó la creencia de que la Suprema Corte evadía el asunto y terminaría capitulando por medio de algún legalismo evasor. Si las televisoras ya habían avasallado al poder ejecutivo y legislativo, era natural que doblegaran al judicial cuya fortaleza y autonomía es reciente y está poco consolidada. Este fin de semana se difundió el proyecto de sentencia elaborado por el ministro Sergio Aguirre Anguiano quien concluyó que algunos aspectos de esa ley son inconstitucionales. Reaparece el debate que tendrá como momento culminante la discusión que realizarán dos mujeres y ocho hombres (el onceavo ministro está enfermo) del proyecto de Aguirre Anguiano. Luego sabremos cuánto dejan de la Ley Televisa. En realidad, estarán decidiendo sobre las reglas básicas de la economía y la política. No está a discusión la economía de mercado sino la perpetuación de ese capitalismo entre cuates que distorsiona la competencia y acentúa las inequidades. Hay razones objetivas para sostener que los ministros ya decidieron irse el fondo del asunto. El principal indicador está en las reglas a que someterán el proceso: suspenderán todas sus actividades para concentrarse en el estudio de caso, invitarán al pleno a especialistas para que eluciden aspectos técnicos y, lo más importante de todo, transmitirán las audiencias y deliberaciones por el canal del Poder Judicial. Transparentar el proceso dificulta los arreglos en la penumbra porque somete sus acciones y razones al escrutinio público. Es una muestra de seguridad en sí mismos, es la mejor forma de blindar su autonomía.

Mientras nuestras fuerzas armadas rescatan a balazos algunas porciones del México secuestrado por el crimen organizado, el tribunal superior decidirá si se liberan las partes de México secuestradas por los oligopolios y sus prácticas monopólicas. Está en la balanza es si México es o no patrimonio de unas cuantas empresas.

El reconocimiento

Reapareció el Santiago Creel extraviado. Creel irrumpió a la vida pública como un abogado dispuesto a jugársela por la democracia. Después le llovieron los cargos y se obsesionó con llegar a Los Pinos y creyó que el éxito se facilitaría si se aliaba con los poderes fácticos y autorizó, días antes de dejar Gobernación, los 130 permisos de casas de juego que se convirtieron en un lastre para su búsqueda de la candidatura del PAN a la presidencia. Ahora rectifica y hace pronunciamientos de una contundencia poco común para quien coordina la fracción del PAN en el Senado: asegura que la Ley Televisa fue producto de "una imposición" más que de "una negociación". En el contexto actual esa toma de posición adquiere tal trascendencia que sería mezquino no reconocérselo.

Kikka Roja

Federico Arreola : Entrevista

Entrevista a FEDERICO ARREOLA, AUTOR DE LAS RAZONES DEL DESCONTENTO

Ganamos con los votos, pero no supimos evitar el fraude

Fustiga el lamentable papel de algunos periodistas y empresarios

Hombre cercano a López Obrador durante el proceso electoral del año pasado, el periodista presenta en su nuevo libro una bitácora personal de la campaña del tabasqueño y afirma que éste acabará siendo "presidente formal" en 2012 "o antes"

ARTURO CANO


El periodista Federico Arreola, cercano colaborador de Andrés Manuel López Obrador en 2006 Foto: Guillermo Sologuren

Ganamos porque Andrés Ma-nuel López Obrador obtuvo más votos y perdimos porque no supimos evitar el fraude. Así resume Federico Arreola Castillo, en la página 77 de su nuevo libro, el recuento y el análisis que contiene Las razones del descontento, una bitácora personal de campaña, escrita en buena parte al calor del campamento en el megaplantón del Zócalo capitalino. Arreola, quien formó parte del equipo más cercano de López Obrador durante la pasada campaña presidencial, sostiene que la coalición Por el Bien de Todos nunca desestimó las posibilidades de una "trampa": "Sabíamos que nos querían ganar con un fraude y al final no lo pudimos impedir". Aunque evade examinar algunos elementos considerados cruciales en el resultado del 2 de julio de 2006 ("no sé si cuidaron bien o mal las casillas"), Arreola afirma que, asesorado por expertos, logró documentar lo sucedido en la elección presidencial. "Creo que demuestro que hubo un gran fraude y ahí está, aunque quizá sea la parte más densa y aburrida del libro". De ahí que Arreola no tenga ninguna duda en que el político tabasqueño "ganó la elección", aunque también asegura que "hubiera ganado con más ventaja sin televisión".

A lo largo de la campaña, explica el columnista y ex director de periódicos, él insistió en que no se gastara "tanto dinero en la televisión". A Arreola le había parecido muy bien que López Obrador dijera, luego de rendir protesta como candidato del PRD, que no se iba "a vender como papas fritas ni como Coca-Cola". Pero la mayoría en el equipo de campaña consideró prioritario estar en los medios electrónicos, de modo que se gastó mucho en televisión y dio muchas entrevistas de radio, en contraste con las muy escasas concedidas a los medios impresos. "Sun Tzu dice que el general exitoso analiza el terreno, y si le conviene pelear en ese terreno lo hace, y si le conviene al rival, entonces no. Y el terreno de la televisión era de ellos, del PAN, del PRI y del gobierno. Ahora lo estamos viendo con una crudeza tremenda. Televisa trabajaba y trabaja para el gobierno."

Los "villanos" y los "miserables"

-Cuando Adolfo Aguilar Zinzer publicó su libro sobre la campaña de 1994, Cuauhtémoc Cárdenas dijo: "Creí haber contratado un vocero, no un biógrafo".

-A mí no me contrató nadie. Colaboré en una tarea específica, que era buscar recursos. Lo escribí porque me lo pidió la editorial, además es mi derecho y no estoy haciendo la biografía de Andrés Manuel ni lo trato mal. Alguien me dijo que me iba a pasar lo mismo que a Aguilar Zinser: "Te van a acusar de traidor". Bueno, yo no estaba de acuerdo con el plantón pero cuando se acabó chillé, me gustó, y no creo que haya dañado a nadie. Yo lo hubiera cortado antes y proponía otras cosas. Me decía Jesús Ortega: "A los que no estamos de acuerdo nos van a acusar de traidores", y bueno, a mí me da güeva eso de andar acusando a la gente de traición, además, no creo estar traicionando a Andrés. Claro, tampoco lo consulté para hacer el libro, y si lo hubiera consultado me hubiera visto como loquito.

Su libro, dice Arreola, no es una porción de la biografía de López Obrador, sino más bien "la de algunos periodistas y de algunos empresarios. Desde luego, los villanos son Vicente Fox, Luis Carlos Ugalde, Felipe Calderón, Elba Esther Gordillo y otros. Pero los miserables, los peores, los que no tienen nombre son algunos periodistas y empresarios. Si bien creo que nos faltó, e incluyo a Andrés, acercarnos más a los empresarios y a los periodistas, la manera en que reaccionaron fue muy ruin".

-Hay periodistas que sostienen que lo único que hicieron fue defenderse de las "huestes bárbaras" del lopezobradorismo.

-Yo fui despedido de un periódico por estar en esto. No se defendieron de huestes bárbaras, porque no se atacó a nadie. Lo que hicieron fue entregarse al gobierno de una manera vergonzosa.

"¿Usted me va a pagar la cuenta?"

Conocedor del empresariado mexicano, poseedor declarado de una "ideología de derecha", Arreola examina en una porción de su nuevo libro el antilopezobradorismo "de la clase alta" de Monterrey y lo extiende en la charla a otros lugares. "Fue tremendo, muy dogmático, fanático, con mucho racismo y clasismo. Simplemente éramos los nacos".

Refiere, en la misma vertiente, que todavía ahora lo increpan. "Fui a un restaurante de Las Lomas con un empresario rico de Monterrey y un señor me preguntó qué hacía ahí un perredista. Tuve que responderle: '¿usted me va a pagar la cuenta?'"

Sin embargo, sostiene que hoy, a la luz de los resultados del gobierno de Felipe Calderón, sobre todo en materia de seguridad pública, los empresarios deben estar convencidos "de que algo no funciona en el país.

"Uno de los de la lista de Forbes me dijo después del 2 de julio: 'Chingao, es que con una o dos reuniones con López Obrador nos hubiéramos tranquilizado y no hubiéramos permitido lo que hizo el Consejo Coordinador Empresarial'. Esta persona pudo no haber promovido los anuncios ilegales, pero admite que los pudo haber parado, pero no lo hizo porque así convenía a sus intereses o porque lo convencieron de que López Obrador era un peligro".

La ausencia de Brad Pitt

Arreola fue uno de los rostros más visibles de la campaña lopezobradorista por su participación en debates televisivos. Con esas credenciales refiere que después del debate entre los candidatos, el equipo de campaña decidió que a las mesas de radio y televisión sólo irían los mejores. "Dijeron: tienen que ir los que hablen bien y que estén bonitos para que retraten bien en la tele. Yo pensé: 'No he visto todavía por aquí Brad Pitt, pero si está ya chingamos, vamos a ganar el posdebate'".

Sabedor de las críticas por sus participaciones en la pantalla, Arreola dice que no sabe si éstas "perjudicaban o no, pero tú contratas a alguien con virtudes y defectos, con costos y beneficios".

Un par de veces, cuenta el periodista, renunció a la campaña cuando le pidieron que dejara su columna en un diario. "Y luego López Obrador me pidió que no lo hiciera".

Ahora, añade, sigue haciendo lo mismo, como director de la revista El Chamuco y como socio de Luis Mandoki en la película que el director está realizando. "Ahí el creativo es Mandoki, y no sé si tenga o no críticas a López Obrador, ojalá que sí".

Porque, en todo caso, sostiene, "por más que se pueda criticar a López Obrador en trabajos como estos, al final es tanto el elogio que se le hace que sale ganando, y por mucho. Sí digo que fue un error haber menospreciado a los medios impresos, y también no haberse acercado más a los empresarios, pero también digo que éstos fueron unos hijos de la chingada, casi todos".

Al fin de cuentas, acepta Arreola, su libro, una visión personal, no revela las cañerías de la campaña lopezobradorista: "Cuento cosas que ocurrieron en algunas reuniones, sí, pero tonteras, no cuento nada que no se pueda saber".

Tepetitán y Magdalena

Arreola ha estado muy cerca de dos candidatos presidenciales: López Obrador y su amigo Luis Donaldo Colosio. En la entrada de su libro encuentra paralelismos entre ambos y dice haber aprendido de ellos que "la terquedad y el ánimo fluctuante son la madre y el padre de todas las gestas auténticas".

-Resulta muy forzada su comparación.

-No, son igualitos. Muy necios ambos.

-Uno del PRI, otro lo dejó. Uno del norte, el otro del sur. Uno salinista y el otro antisalinista. Uno de la UNAM y el otro del Tec.

-Magdalena de Kino y Tepetitán son dos puebluchos. Sí, del Tec, pero becado. Uno salinista y al otro lo mató el salinismo. Claro, Colosio declamaba y cantaba muy bien y Andrés no. Pero es la misma personalidad. Y ambos, como jefes, unos cabrones bien hechos, que son los mejores.

Y será por eso que Arreola ve presidente "formal" a López Obrador en 2012 "o antes".

"Se me hace muy difícil que la gente no termine premiando a un personaje congruente, que no se echa para atrás, que tiene muchas virtudes y defectos, porque es muy terco.", concluye Arreola.


Kikka Roja

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