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domingo, 17 de junio de 2007

Francisco Hinojosa : monero El Fisgón : Libro

  • Escribe Léperas contra mocosos, nueva colaboración con el monero El Fisgón
  • Los libros no son para educar a los niños, sino para entretener: Hinojosa

ERICKA MONTAÑO GARFIAS

El escritor Francisco Hinojosa Foto: Carlos Cisneros

Palabras e ilustración. Un escritor, Francisco Hinojosa, y un monero, Rafael Barajas, El Fisgón, se reúnen nuevamente para contar una historia para niños: Léperas contra mocosos, un título irreverente, en el que no hay moraleja y donde el final feliz no es el que se espera.

Hinojosa se estrenó en la literatura infantil haciendo adaptaciones de leyendas populares; llegó después A golpe de calcetín hasta que escribió La peor señora del mundo, su obra infantil más conocida y saboreada por niños y adultos y que pronto llegará a los dibujos animados por el trabajo que realiza desde hace unos años El Fisgón, monero de La Jornada. Este año el libro de la mujer más mala entre las malas cumple 15 años y desde su primera edición muchas cosas han cambiado en el terreno de la literatura infantil. De entrada, Hinojosa hace una diferencia entre libros para niños y literatura para niños: en la primera las historias están llenas de diminutivos, de moralejas, mientras que la literatura para menores está más cerca de su realidad, va directo a la acción y no a la descripción, no le teme a las palabras. La literatura infantil no son libros para aprender, subraya en entrevista, "al contrario. Hay confusión en la sociedad y en muchas escuelas, editoriales, iglesias, partidos, que piensan que los libros tienen la obligación de educar a los niños, cuando en realidad un libro debe servir para ser disfrutado. "Creo que hay que ver a los niños como los veía Freud: como perversos polimorfos. Lo importante dentro de esta concepción es que puede servir para darnos cuenta de hasta qué punto los niños disfrutan con personajes irreverentes", tal y como lo son las léperas y los mocosos de su nuevo libro.

Este tipo de personajes, como el de la señora mala, "son más cercanos a su realidad pero al mismo tiempo a su imaginación, porque ellos también están peleando, no digo nada más físicamente, sino con pleitos en su cabeza y que los sacan mediante este tipo de personajes. "Una experiencia que me gustó es que estuve en Medellín en un juego literario, visité escuelas, centros de lectura y bibliotecas en una sociedad golpeada por la violencia social y familiar. El momento en el que tenían esparcimiento era cuando leían cuentos y dentro de estos cuentos La peor señora del mundo les daba una especie de catarsis y la posibilidad de sacar ese coraje que tenían dentro al castigar al malo por medio de lo que leían en el cuento. Eso es algo que funciona." El caso de México quizá no sea tan extremo como el de Colombia "pero en nuestro país los niños también pueden combatir la violencia y los males que sufren de distintas maneras, aunque quizá no con la intensidad que se vive en Colombia, mediante un personaje de este tipo". Hinojosa, quien además es poeta, editor y ensayista, subraya que para escribir literatura para niños hay que partir del respeto al lector: "muchas veces se cree que a los niños se les puede dar cualquier cosa, que son bastante tontos y que cualquier cosa la aceptan, pero es todo lo contrario: son mucho más exigentes que los adultos, son más sinceros y, a menos que los obliguemos, un niño no lee si no le interesa". El escritor "debe transformarse de alguna forma en ese lector que es el niño; de pronto ser un poco niño. A mí eso me ha funcionado, yo me he convertido un poco en niño cuando escribo: me pongo en la cabeza de un niño, en los pantalones de un niño o la falda de una niña a la hora de escribir mis personajes y de narrar las situaciones en las que se encuentran".

Por lo pronto el autor trabaja en un nuevo reto: escribir un cuento de terror para niños, porque, dice, "no me gusta engolosinarme con una manera de decir; o pensar que ya encontré mi caminito y por ese me sigo, porque es más seguro".


Kikka Roja

Los spots de Calderón : La ultraderecha no sabe hacerlos

LAS RAYAS DE LA CEBRA
Verónica Murguía
La guerra de Calderón

"No tenemos tiempo, ni margen para eludir nuestra responsabilidad." Así comienza un spot, que se repite con frecuencia, en el que Felipe Calderón insta a los mexicanos a luchar contra el narcotráfico. En esta exigencia, la primera persona del plural se utiliza para nombrarnos a todos: hombres, mujeres y niños. Además, si uno tiene paciencia y no apaga el radio, puede escuchar a unos chamacos que interrogan a sus padres acerca de la alarmante cantidad de muertos que aparecen por todas partes en este país. En dicho spot los padres tranquilizan a los niños, asegurándoles que la lucha es muy violenta, pero que va muy bien. Además de que estos anuncios radiofónicos están pésimamente dirigidos y los diálogos no serían farfullados por nadie en su sano juicio, la petición, orden o sugerencia de Calderón me parece un dislate. ¿Cómo que "nuestra responsabilidad"? Jamás de los jamases, sin golpes de pecho, he participado en actividades relacionadas con el narcotráfico, como dicen en las noticias.

Ni fabrico, ni consumo, ni vendo. Sólo he visto a los narcos en la tele y, si los viera en persona, saldría corriendo. No tengo ningún compromiso, como no sea abstenerme de usarlas y difundir lo que sé sobre la capacidad destructiva de las drogas. Asumo mis responsabilidades: trabajar, pagar impuestos, yo qué sé, pero ésa no. La respuesta al problema la debe procurar el gobierno. Tal vez sea legalizar las drogas pero, si así fuera, me hago pocas ilusiones, pues no conviene a los amos de este país. Es grotesco instar a la gente a participar en esta guerra. La policía declara constantemente que el narco tiene más y mejores armas que ellos. Entonces, ¿cómo es que los civiles deberían intervenir? ¿Qué quiere el gobierno de nosotros? ¿Delaciones? ¿Vigilancia? Es una locura. La mayor parte de la gente no tiene armas. Se supone que las armas las tienen la policía y el gobierno. Claro, también los narcos, ya sabemos.

La visión militarista de Calderón ha resultado perjudicial: el ejército no tiene por qué participar en labores policíacas. Las pruebas, si faltaran, son el caso de Ernestina Ascencio, la familia baleada en Sinaloa –¡venían de llevar a una maestra a un curso de capacitación!–, la violación de niños en Michoacán y lo que se acumule esta semana: el resultado de poner al ejército a vigilar y "cuidar" a la población. ¿Por qué este presidente, parapetado detrás del Estado Mayor, cuyos miembros se suenan a la ciudadanía con un entusiasmo que no nos había tocado ver en otros sexenios, insiste en hacer caravana con sombrero ajeno? Así fue, sin decidir nosotros, como todos sufragamos el rescate bancario, asumiendo una deuda colosal que hundió al país en problemas económicos de los que aún no se recupera –y todos calladitos, porque en el gobierno nadie quiere hablar del Fobaproa.

Además, si mi pesimismo no me engaña, en un futuro veremos cómo la Ley de Neutralidad, una ley redactada para evitar que nuestro país entre en guerras que no le conciernen, como la de Irak, será derogada por el señor Calderón y la lechigada que lo apoya. Más pasión por la guerra, por la servidumbre incondicional a los intereses de Estados Unidos, y una propina a la torpe y continua destrucción de nuestra tradición diplomática. La participación del ejército en la lucha contra el narco, asunto delicado que requiere de inteligencia especializada, debe ser suspendida de inmediato. Todo esto me recuerda una historia de estos días: la del infortunado velador que, en Iztapalapa, daba de comer a un tigre y a un león que estaban en la azotea de la fábrica, dizque "para cuidar la propiedad". Ya sabemos qué le pasó al velador: el tigre, llamado Toño, lo metió en la jaula cuando el hombre se acercaba para alimentarlos y junto con el león se lo comieron. Los paramédicos que trataron de rescatar al señor, furiosos, se desgañitaban al micrófono del periodista que los entrevistaba: "¿En qué cabeza cabe tener un león y un tigre para cuidar? ¿Qué no saben que éstos animales matan?"

El testigo que vio desde la azotea contigua declaraba: "A esos tipos [los dueños de la fábrica] deberían meterlos en la cárcel." Pues claro. El ejército, repito, no está para desempeñar labores policíacas. Así como el tigre y el león no están para cuidar como un velador, el ejército no puede sustituir a la policía, y mucho menos a la educación. Que se regresen a sus cuarteles y dejen a los civiles en paz.

LOS RESISTENTES Y LOS BLOGGEROS HACEN MEJORES VIDEOS QUE LA DERECHA CAPITALISTA ¡ARDE!


Kikka Roja

Rojo y negro: notas sobre el anarquismo

Manfariel Adalí

Cartel de Vidal, 1936

Antes que el proletariado se organizara en el resto del mundo, las ideas comunistas, o mejor, ciertas formas de comunismo libertario, ya tenían arraigo en algunas zonas andaluzas; poco antes de 1860 descubrieron una sociedad comunista en la región y de ella fusilaron a dieciséis personas. En 1868 los trabajadores invadieron unas propiedades rústicas por considerar a "la propiedad privada como un abuso de la historia y un agravio de los capitalistas" (Mijaíl Bakunin). A fines de aquel año llegó a la Península el diputado napolitano Giuseppe Fanelli (garibaldino), como portavoz y propagandista de la Alianza Democrática fundada por Bakunin. En La Révolte, de París (4 de mayo de 1893), se lee que "tomó uno a uno a los hombres más dispuestos que hallaba a su paso para persuadirlos, convencerlos y llevarlos al anarquismo", agrupando así a toda una generación que hizo del movimiento anarquista en España uno de los más compactos y capaces para las luchas sociales en el mundo.

En 1872 se celebró en Córdoba el primer congreso anarquista de España (el mapa del anarquismo en 1931 ya abarcaba Andalucía, Cataluña, Valencia y parte de Aragón). La primera República Española se proclamó en 1873; hubo numerosos motines e insurrecciones desligados unos de otros la mayoría de las veces. Algunas revueltas en Andalucía, como la de Montilla, tenían carácter marcadamente anarquista; los campesinos destruyeron el registro de la propiedad, modificaron los lindes de algunos cortijos, saquearon otros y dieron muerte a dos propietarios y a un guardia rural: ni la Internacional, ni la Alianza de la Democracia Socialista tuvieron parte alguna en los hechos. La Asociación Internacional de Trabajadores (ait) logró un fuerte arraigo en Andalucía y Cataluña; el gobierno provisional de 1874 la disolvió inmediatamente, pero gracias a la unión de los campesinos no impidió la difusión de ideas ni la movilización de los militantes. El credo anarco-colectivista queda bien expresado en unas líneas de su reglamento: "La tierra existe para el bienestar común de los hombres y todos tienen el mismo derecho a poseerla." (Bakunin). En el verano de 1883 se produjo la primera de las innumerables huelgas que habrían de estallar en Andalucía. Los segadores de Jerez se negaron a trabajar a destajo, como lo imponía el despotismo de los amos; en 1892 el anarquismo volvió a manifestarse en Jerez, Cádiz y Sevilla. A comienzos de siglo xx fue fraguando la transformación del movimiento anarquista en el anarco-sindicalismo. En octubre de 1910, un congreso de federaciones y grupos libertarios creó en Sevilla la Confederación Nacional del Trabajo (cnt), y en 1927 la Federación Anarquista Ibérica (fai). Las cualidades del andaluz, como las de cualquier ciudadano del mundo, son una compleja amalgama que no permite establecer determinismos sino con dificultad. El andaluz no se adapta "gloriosamente" a su miseria. Nadie se adapta a la miseria en cuanto puede huir de ella. Los hechos mismos niegan rotundamente lo afirmado por José Ortega y Gasset en su Teoría de Andalucía.

¿Y aquí, en México? Con todos sus defectos y debilidades, son los pobres quienes actúan como verdaderos héroes contemporáneos, porque están pagando el desarrollo industrial y el de la modernización del país: "En verdad, la estabilidad política de México es un triste testimonio de la gran capacidad para soportar la miseria y el sufrimiento que tiene el ciudadano común, pero que tiene sus límites, a menos que se encuentre una distribución más equitativa de la cada vez mayor riqueza nacional; debemos esperar que tarde o temprano ocurrirán trastornos nacionales." (Ricardo Flores Magón). En España, los principios de la cnt fueron claramente expresados: "El sindicalismo no debía ser considerado como un fin sino como un medio de lucha contra la burguesía" (Piotr Kropotkin, El apoyo mutuo). En México, la lucha y las ideas de los hermanos Flores Magón se inspiraron en los mismos principios. Y en ambos países se emplearon los mismos sistemas de lucha, como la huelga general y la acción directa. Recuérdese la relación de Antonio Díaz Soto y Gama con Emiliano Zapata, quien adoptó el grito de "Tierra y libertad". Y su esperanza del advenimiento de una revolución milenaria que nacerá del reparto de la tierra: "La tierra para el que la trabaja." El magonismo, como fuerza detonante de la Revolución mexicana, tuvo como aspiración abolir el poder, no ejercerlo. Una de sus metas era el autogobierno de las masas populares. Los zapatistas, hermanos de los anhelos y la rebeldía del magonismo, lucharon como buenos libertarios por un mundo nuevo en el que las fábricas, la tierra y la libertad fueran para todos.

Los anarquistas, insatisfechos con los moderados intentos de reforma agraria, crearon graves problemas a la segunda República Española, especialmente en Andalucía. El famoso alzamiento de Casas Viejas, capitaneado por Seisdedos, fue quizá uno de los signos más expresivos de las dificultades de la izquierda liberal republicana para entender el grave trasfondo del problema agrario andaluz. Al clamor promovido por Seisdedos respondieron campesinos y trabajadores, convencidos con fe inquebrantable de que establecerían el comunismo libertario. Como se sabe, la guardia civil y las tropas acabaron por prender fuego a las casas en que se habían refugiado los campesinos. Al estallar la Guerra civil española, las clases trabajadoras andaluzas y las del resto de España se pusieron del lado de la República. Ya en las elecciones de febrero del ’36, Andalucía había optado por el Frente Popular. La historia reciente prueba que los más hondos problemas andaluces –especialmente la cuestión agraria– están muy lejos de haberse resuelto.

Como ejemplo de las inconsecuencias en ese período, por decir lo menos, se puede señalar un estudio documental cinematográfico de Luis Buñuel en Andalucía, Las Hurdes, tierra sin pan (1932), donde se hace una denuncia: Un bolsón de miseria [es un eufemismo] en las montañas a unos kilómetros de Burgos. La vida extinguiéndose en piedras agrietadas: un hombre temblando de fiebre; el bocio antiguo de una mujer de 32; un niño abandonado por tres días en la calle para morir ahí; el lindero de los cultivos a unos dos o tres metros del río, que lo barrerá con las primeras lluvias; los hombres marchando penosamente hacia Castilla, para trabajar y regresar sin eso; muñecas huesudas y pechos hundidos, andrajos increíbles; enanos imbéciles farfullando a la cámara, girando sus bobas caras de nabo por encima de las rocas; la vista de una madre cuya bebé acaba de morir, sacudida por sentimientos humanos que usted podría tomar por felicidad después de todas esas caras en blanco; el pequeño cuerpo llevado por senderos pedregosos de los que hemos visto caer cabras incluso [en realidad, fue el producto trucado de un disparo de fusil del equipo de producción], empujado en su plataforma a través de un río –como un pequeño ferry sobre un innoble Leteo hasta que llega a su único cementerio a kilómetros de distancia–, unos pocos palos clavados en las altas hierbas y la cizaña; por la noche, entre las celdas de piedra, una calle como un parche en terreno agrietado, una mujer vieja batiendo una campana muerta. Una película honesta y escandalosa, que se encuentra libre de propaganda excepto por una toma al interior de una iglesia –un par de estatuas baratas y un grabado corriente– con una verbosa oración [en off] sobre la riqueza clerical…¡Riqueza! Uno sonríe con la palabra a la vista del interior de dos centavos y se pregunta si los cinco años de políticas republicanas han hecho algo por esa gente; que uno sólo podría permitirse acabar con este hoyo al que deben trepar para hallar limpieza y confort.

Es un mundo grotesco: los imbéciles tocándose unos a otros entre las rocas con significados privados incomunicables. La niña muerta mostrando su garganta al camarógrafo ("Nosotros no pudimos hacer nada por ellos. Unos días después supimos que ella había muerto", dice la voz en off).

Graham Greene on Film, Collected Criticism, 1935-1939
(Traducción de Rubén Moheno)

Es que las revoluciones de tipo social no son hechas por los "partidos", los grupos o los cuadros. Ellas resultan de fuerzas históricas, y de contradicciones que movilizan a vastos sectores de la población, y son consecuencia de la tensión entre lo actual y lo posible; lo que es y lo que podía ser. El rasgo más sorprendente de las pasadas revoluciones es que se iniciaron espontáneamente; que la revolución triunfe o no depende de si el Estado puede emplear su fuerza armada con eficacia; es decir, si las tropas –compuestas por el pueblo– pueden ser lanzadas contra el pueblo. El "glorioso partido", allí donde existe, va invariablemente atrás de los acontecimientos. El partido se estructura de acuerdo a líneas jerárquicas que reflejan a la misma sociedad que pretende confrontar. Pese a sus pretensiones teóricas, es un organismo burgués; un aparato cuya función es aspirar a la toma del poder, no a disolverlo. Sus miembros están entrenados en la obediencia; son educados para reverenciar el liderismo, que es una función dirigente del partido, que, a su vez, finca sus bases en costumbres nacidas del viejo mundo injusto; es, en fin, una burocracia con intereses creados. Así, los líderes se convierten en personajes, pierden contacto con la situación viva en las filas bajas, y el resultado es una eficiencia muy disminuida desde el punto de vista revolucionario.

Cartel de “nuevos anarquistas”, tomado de http://www.nodo50.org

El partido es muy eficiente sólo en un sentido: en moldear a la sociedad de acuerdo con su propia imagen jerárquica. Si la revolución tiene éxito crea la burocracia, la centralización y el Estado controlado por el "glorioso partido". Es decir, preserva las condiciones necesarias para su propia existencia. Por otra parte, ese tipo de partido, fuera del poder, es extremadamente vulnerable en períodos de represión; con los líderes en prisión u ocultos, queda paralizado; los obedientes no tienen a quién obedecer y tienden a dispersarse: y la "revolución" se anula. Los partidos socialdemócratas, comunistas y trotskistas degeneraron porque estaban estructurados según los modelos burgueses. La superioridad ideológica del anarquismo radica en que no aspira al poder sino a su liquidación.

El sindicalismo revolucionario no pide a los demás que abdiquen de su poder, sino que contemplen la posibilidad de una reestructuración social de base, comunitaria, al margen del poder tradicional, porque el socialismo de dirigentes y dirigidos no es socialismo sino autoritarismo. Éste empieza por la discriminación política y termina con el nacimiento de nuevas clases privilegiadas. El anarquismo ofrece a todos un quehacer comunitario en la base misma de la sociedad. Hay que insistir: los partidos políticos no hacen revoluciones de tipo social, éstas han sido levantadas siempre por amplios sectores de la población; las más decisivas pueden ocurrir siempre que se den las condiciones necesarias. La espontaneidad del movimiento y de las masas que en ellas intervienen es un hecho probado por la historia. La huelga general, o la huelga de masas, es el más decisivo hecho del proceso. Se fundamenta en los sindicatos que intervienen en ellas porque cuentan con la facultad de paralizar la vida económica, y también para ponerla en marcha de nuevo e iniciar la reestructuración social. Esta vieja táctica del sindicalismo revolucionario, la huelga general, fue criticada siempre desde todos los ángulos por el marxismo.

En España, donde el anarco-sindicalismo era fuerte, los sindicatos de la zona republicana socializaron la industria en el ’36, crearon más de 2 mil colectividades campesinas, y en Aragón lanzaron el primer autogobierno en la historia del mundo. Fueron los pueblos y los sindicatos los que crearon organismos necesarios para una situación en verdad apremiante. En el curso de una larga y compleja guerra fratricida muy sangrienta. La maquinaria enemiga era pletórica en armas proporcionadas por los fascistas alemanes e italianos, y los otros sólo con los instrumentos de trabajo convertidos en armas, y las muy pocas que vinieron del exterior –como las que llegaron de México–, compitieron en condiciones que la palabra desventaja no refleja sino muy pálidamente. Todo ello debilitó en gran parte los primitivos logros revolucionarios, pero sin llegar a extinguirlos por completo nunca. Es que gobierno y revolución son incompatibles, como lo prueba el estalinismo. En el caso cubano, no podemos olvidar por un solo instante la muy real amenaza de muerte que pende sobre él desde su nacimiento hasta hoy. En ese sentido es una excepción. Si en algo cuenta, diremos que los trabajadores, de todos los tiempos, cuando se vieron obligados a defender sus intereses, empezaron siempre por crear una sociedad de resistencia, y luego sindicatos, pero jamás un partido político; los que surgieron después tomaron de la ideología contraria para usurpar la fuerza obrera.

. . .

Cuando se inició la Guerra de españa yo tenía unos meses de edad. No conocí a mi padre, herrero afiliado a la fai, y que huyó de Córdoba. Él fue a Valencia para alistarse en la Columna de Hierro anarquista. Combatió en Teruel a las tropas fascistas, batalla donde cayó. Andando el tiempo, en mi primera juventud (catorce o quince años de edad) me afilié a un grupo clandestino que actuaba contra el régimen franquista, los Jóvenes Libertarios. Y después de algunos años de correrías por varios puertos en labores de grumete llegué a México. Hace algunos meses asistí a una reunión junto con algunos compañeros mexicanos y otros españoles, donde conocí a un grupo de indígenas de comunidades chiapanecas, bakuninistas casi todos, conocedores de Kropotkin, Flores Magón, y el propio Bakunin. "No hay que ponerle veladoras a Bakunin ni a los Flores Magón", me dijeron. Quedé con la boca abierta y en total acuerdo con esos compañeros. En otra ocasión vi a un joven punk (vestidura de piel negra con remaches y estoperoles en la mochila y en las botas, además de un tocado muy especial), me acerqué a él y le dije: "Compañero, ¿sabes cómo puedo ir a la parada del metro más próxima?" Me indicó el camino y luego se despidió de mí con un: "Suerte y salud, compañero." Nos estrechamos las manos cada quien con una sonrisa.

Kikka Roja

Sobre los derechos de los animales

Carlos Monsiváis

Los derechos de los animales... Un tema "extraño" en un momento tan crítico de la vida de México y del planeta. Para muchos, demandar leyes de bienestar animal parece un contrasentido, asunto menor o ni siquiera; a su vez, un número creciente de personas, a las que me añado, cree exactamente lo contrario, el trato hacia los animales es fundamental en la comprensión general de nuestro comportamiento, se produce antes que la crueldad hacia los niños, e inicia el gran proceso de la deshumanización, en el sentido más estricto, porque siempre se ha buscado desvincular la condición humana, en la acepción más rigurosa del término, del respeto a la naturaleza y los seres vivos.

La historia sacralizada: "El hombre, dueño y señor de la naturaleza". Esta obstinación milenaria ha traído por consecuencia la serie infinita de los desastres, como el calentamiento global (el señor Bush no sólo invadió Irak), y el agotamiento de los recursos planetarios (ganancia rápida mata derechos de generaciones del porvenir). Y este proceso, en ritmo ascendente, se inicia con la crueldad con los animales y el desprecio por la naturaleza (¿a qué clase gobernante le sirven los bosques y los ríos?)

No centro mi argumentación únicamente en el costo impagable de los ecocidios; también apunto, y muy primordialmente, al modo en que la insensibilidad en lo tocante a los animales -se ha probado en demasía- resulta prólogo directo a la insensibilidad ante la vida ajena, incluso en demasiados casos la directamente relacionada con cada persona. No se desata la crueldad desproporcionadamente, sin convertir este ejercicio en uno de los grandes reflejos condicionados de personas y colectividades, sin beatificar eso que en las justificaciones de asesinatos y matanzas se llama "la naturaleza humana".

* * *

La defensa de los derechos de los animales, y su traducción jurídica (la Ley General de Bienestar Animal), tendrá un resultado importantísimo: dar aviso desde el Poder Legislativo de un hecho fundamental: el comportamiento civilizado, en el sentido de los vínculos de gobiernos, sociedades y personas con los seres vivos.

En la exposición de motivos de la Ley General de Bienestar Animal se dice con claridad: "En la mayoría de los casos, las causas de los problemas de bienestar animal se deben a la percepción errónea de que los animales no son capaces de sufrir, sentir dolor y padecer estrés". La ignorancia o, mejor, el desprecio ante estos hechos, se desprende de la actitud ancestral de arrasamiento de lo "innecesario". Todo al servicio del hombre, el único género sobre la tierra, y esta noción monstruosa nutre los ecocidios y le da rienda suelta al machismo que, por ejemplo, se burla y asume como expresión de la debilidad extrema a las muestras de sensibilidad ante la barbarie de las corridas de toros, ante los horrores de los antirrábicos, ante la maldad ostensible en los mataderos.

* * *

La actitud humanista sigue siendo y seguirá siendo la base de la civilización, y allí la sensibilidad es, de modo esencial, respeto y compasión por los seres vivos (en el sentido de padecer con otros). Recuérdense en el otro extremo:

-Las miles de cabritas del pueblo oaxaqueño, masacradas anualmente como rito y festín, en plena chacota de sus manifestaciones de terror las cabritas, a las que, en una peregrinación larga, se les niega el agua para mejor comprimir y aprovechar sus carnes.

-La petulancia que se ufana del "arte del toreo", cuya sustancia consiste en la tortura prolongada del toro que llega al ruedo lastimadísimo y aterrado. A este respecto, me niego a entender el convenio del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) con una asociación taurófila para un proyecto de historia del toreo como un gran logro cultural. ¿Es la crueldad con seres vivos llevada al límite, en efecto, un logro cultural? ¿Cómo se sostiene este despropósito?

-La soldadesca de Idi Amin ("el último rey de Escocia") que en su huida masacran a miles de elefantes.

-La moda "exquisita" de comer carne de perro.

-Las peleas de gallos y las peleas de perros.

-La persecución sistemática de las aves en la ciudad de México.

-La barbarie de los pescadores japoneses y canadienses con focas y ballenas.

-La extinción de las especies.

-Y la joya de la corona, el fervor de la cacería, la puntería (muy regular) como seña de la superioridad viril, como el gozo de matar en épocas de veda.

¡Ah, la estética que aplaude las corridas de toros!

* * *

Mencioné el término indiferencia, y al revisarlo lo creo mal aplicado. Cuando no interesan en absoluto los sufrimientos de seres vivos, cuando no se registra la vida salvo de una manera, y de una manera jamás exenta de crueldad (véanse los registros de la violencia intradoméstica), la indiferencia no es sino desprecio por la idea misma del sufrimiento ajeno, desdén que se combina con júbilo. La premisa es nítida: ¿qué importa lo que les pase a los carentes de conciencia, a los seres que sólo están allí para alimentarnos o permitirnos el despliegue de nuestro poder de destrucción? (Aquí se olvida el afecto muy real por los animales domésticos). De allí las condiciones de la matanza de animales, tan horrendas por feroces y por innecesarias; de allí las reglas de los animales en cautiverio, manejo y transporte; de allí la seguridad alborozada de que no sienten ni dolor ni miedo ni angustia, no padecen enfermedades ni tienen heridas, y poco o nada importan la dosificación adecuada de agua y alimentos, y las respuestas a su desnutrición.

* * *

Quiero expresar mi admiración y mi homenaje constante a los activistas de los derechos de los animales, a -por ejemplo- los que protestan por las corridas de toros, por el trato a los perros, por el abandono de los animales. No ignoro los pleitos y las divisiones entre los grupos, propios de toda comunidad, no ignoro tampoco lo esencial: el punto de partida de su acción es la generosidad.

* * *

El respeto a los derechos de los animales le es indispensable a México, no sólo por las ventajas señaladas de la productividad y rentabilidad de la actividad pecuaria, sino, y para mí es lo básico, porque el desarrollo civilizatorio nunca se aclara debidamente, si se tiene a la crueldad como un comportamiento básico de la relación con seres vivos, si se insiste en el "¿quién les manda ser animales?" si se hace de la tortura la forma adecuada de trato con muchísimas especies. Los derechos de los animales benefician a la sociedad en muy diversos sentidos, y no es asunto de excéntricos la búsqueda del bienestar animal, sino de ciudadanos y ciudadanas comprometidos con la idea y la práctica de una sociedad justa y, precisamente, por su relación racional con los seres vivos, plenamente humana.

Leído en el Foro Democrático de la Asamblea Legislativa del DF: "Voces y derechos de los animales en el Distrito Federal"

Escritor


Kikka Roja

José Agustín Ortiz Pinchetti

Contra el maquiavelismo

Reformas deseables, reformas posibles



No me lo tomen a mal, pero no creo posible que salga adelante la reforma del Estado. Interesante catálogo de temas y presencia de asesores, entre ellos Diego Valadés y Porfirio Muñoz Ledo. Pero creo que hay tres razones para que no funcione el proyecto: primero, porque en México las grandes reformas sólo han sido posibles después de un conflicto en que uno de los contendientes es borrado del mapa y el otro puede imponer su proyecto (1824, 1867, 1917). Segundo, el pactismo (consenso) es imposible después de las heridas que provocó la desastrosa elección de 2006. Tercero, porque Calderón, por cuenta de los grupos de interés, quiere imponer "las reformas estructurales" y los otros partidos no están dispuestos a seguir al régimen, sino "colonizarlo". Esto fue lo que hizo que Fox, que al principio del sexenio había logrado un consenso muy amplio, lo desperdiciara y lo congelara.

No soy tan pesimista por lo que toca a la reforma electoral. La legislación actual y las reformas de 1994 y 1996 están dañadas irreparablemente. No sólo por sus debilidades técnicas, sino por el abuso que la derecha hizo de ellas. La perversidad o ineptitud con la que actuaron el presidente de la República, los gobernadores priístas y panistas, los medios electrónicos, las organizaciones patronales para impedir la alternancia emponzoñó la lucha política. Hay que blindar el sistema para que las elecciones de 2009 sean creíbles. Lo lógico, me diría usted lector amable, sería que la derecha quiera seguir gozando de ventajas. Pero creo que el PRI y el PAN están haciendo un análisis de las circunstancias y que se van a inclinar por permitir la reforma para conjurar males mayores.

Calderón no ha logrado legitimarse; 65 por ciento de la población está seguro que hubo fraude en su elección o duda si lo hubo. A pesar de una costosa campaña de medios, el agravio sigue abierto. La inconformidad social tenderá a crecer. Aumenta la resistencia a la abusiva Ley del ISSSTE y a los crímenes impunes de Oaxaca. No hay esperanzas de crecimiento económico. En el primer trimestre del año se perdieron 250 mil empleos y ahora es mucho más difícil buscarlos en Estados Unidos. La campaña militar de Calderón está fracasando. Cada día hay una ración de crímenes y de abusos de los soldados contra la población. El Congreso en lugar de lanzarse a la aventura de la reforma del Estado debería exigirle cuentas a Calderón por haber suspendido de hecho las garantías individuales sin un decreto del Legislativo y sin límites, en brutal violación de los artículos 29 y 129 de la Constitución.

La gobernabilidad no está garantizada. Intentar hacer las elecciones en 2009 con un sistema electoral que tenga los mismos personajes y defectos de 2006 puede ser muy peligroso para la estabilidad del país y del régimen. Aunque la reforma electoral parece indispensable y urgente, nuestro optimismo debe moderarse. Por lo que toca a la sensibilidad de la derecha mexicana, no hay que hacerse muchas ilusiones.

jaop@prodigy.net.mx

Kikka Roja

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