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jueves, 19 de julio de 2007

La sociedad debe organizarse ante las desapariciones forzadas

La nueva guerra sucia
josé gil olmos

México, D.F., 18 de julio (apro).- Nadie sabe de ellos no obstante que ya tienen un mes y medio desparecidos. Nadie sabe el paradero de Gabriel Alberto Cruz Sánchez y Edmundo Reyes Amaya, y ninguna autoridad se hace responsable. La gravedad del asunto es que, con este hecho, se hace evidente el inicio de una nueva guerra sucia, pero con las mismas tácticas de entonces: persecución, tortura y desaparición de disidentes políticos, una práctica ilegal que el PAN vienen a repetir como gobierno, al igual que lo hizo el PRI durante 40 años. Felipe Calderón ha comenzado a dar muestras de ser un político intolerante, de oídos cerrados a la oposición política. Su voluntarismo es más que evidente cuando se presentan hechos como la desaparición de dos integrantes del Ejército Popular Revolucionario (EPR), que acusó a los cuerpos de seguridad del Estado de la detención y tortura de dos de sus más importantes militantes. El problema de esta actitud es lo que ha provocado; esto es, que por primera vez, quizá desde hace una década, los grupos guerrilleros se han unido para defender a sus dos compañeros y han anunciado que harán actos de hostigamiento en demanda de que sean presentados con vida.

La Brigada Mixta Guillermo Prieto; las Milicias Insurgentes Ricardo Flores Magón; el Comité Clandestino Revolucionario de los Pobres-Comando Justiciero 28 de Junio; el Movimiento Revolucionario Lucio Cabañas Barrientos; las Fuerzas Armadas Revolucionarias del Pueblo (FARP), y el Ejército Revolucionario del Pueblo Insurgente (ERPI), ya anunciaron, en comunicados, que participarán en la campaña nacional de hostigamiento militar en demanda de la aparición con vida de Gabriel Alberto Cruz Sánchez y Edmundo Reyes Amaya. Dichas agrupaciones ya dieron muestras de su capacidad militar. El año pasado, algunas de ellas fueron las responsables de los bombazos en las sedes del PRI, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF), y antes en contra de las sedes de Banamex. Por la respuesta del EPR y de las otras organizaciones guerrilleras, los dos detenidos, principalmente Alberto Cruz, son dos dirigentes históricos de importancia, por el tiempo de militancia –más de 30 años--, como por la información que pueden poseer.

La Secretaría de Gobernación, la PGR y el gobernador de Oaxaca, ya se deslindaron de toda responsabilidad sobre la detención de los dos eperristas. Sólo falta que el Ejército hable y, al parecer, ellos fueron los autores de la detención y retención de los guerrilleros.

Según la información que se filtró hace dos semanas, Alberto y Edmundo fueron detenidos en Oaxaca y fueron torturados en las instalaciones de la PGR en la capital del estado. Pero de ahí habrían salido gravemente lastimados por la tortura a que fueron sometidos y transportados a las instalaciones del Campo Militar Número Uno en la ciudad de México. Esta información no ha sido desmentida por la Secretaría de la Defensa Nacional y eso hace presumir que los datos proporcionados por el EPR y organizaciones civiles, no están tan alejados de la realidad. En la década de los 70, la desaparición era práctica común que el Ejército ejecutaba en contra de los guerrilleros que detenía. Se tiene un registro no oficial de más de 500 desaparecidos en esa época, así como de mil 200 muertos. La Liga Mexicana de Derechos Humanos (Limedhh) presentó recientemente un informe de 26 desaparecidos en los sexenios de Ernesto Zedillo, Vicente Fox y Felipe Calderón. El número no se compara pero, aunque fuera un solo caso, la práctica de la desaparición forzosa por causas políticas va en contra de todo desarrollo democrático. Felipe Calderón está incurriendo en un grave error en el trato que les está dando a los guerrilleros. Primero los califica irresponsablemente como “terroristas” cuando es evidente que existe una diferencia enorme entre un guerrillero que usa la violencia para generar un cambio de gobierno, pero sin lastimar a la población civil, que un terrorista que precisamente busca provocar terror entre la población.

Ahora manifiesta que desconoce el paradero de los dos guerrilleros desaparecidos desde el 25 de mayo pasado. Como jefe de las Fuerzas Armadas éste argumento resulta irrisorio y hasta insultante, porque toda acción que realizan los militares se le reporta y, sobre todo, cuando se tratan de hechos como la detención de dos guerrilleros importantes.

Es por eso que si alguien sabe donde están los dos guerrilleros del EPR, es el Presidente de la República. De eso no hay duda.
PANISTAS ASESINOS Y LADRONES

Kikka Roja

EPR : Comunicado

EPR: Calderón reactivó el Campo Militar número Uno
verónica espinosa

* Aseguran tener pruebas de que los dos eperristas desaparecidos, están en manos de militares

Guanajuato, Gto., 18 de julio (apro).- El Ejército Popular Revolucionario (EPR) denunció que el gobierno de Felipe Calderón reactivó el Campo Militar número Uno “para la tortura y encierro de presos políticos”; aseguró que cuenta con pruebas para confirmar que dos de sus compañeros detenidos-desaparecidos están “en manos de militares”; negó ser un grupo terrorista, y confirmó que tiene presencia en territorio guanajuatense. Por medio de un comunicado, el tercero desde los ataques contra instalaciones de Petróleos Mexicanos (Pemex) en Guanajuato y Querétaro, el EPR exige nuevamente la presentación con vida de sus compañeros Edmundo Reyes Amaya y Gabriel Alberto Cruz Sánchez, detenidos el pasado 25 de mayo. El grupo armado ratifica su responsabilidad en los ataques contra Pemex los días 5 y 10 de julio, pero aclara que no es un grupo de delincuentes, mucho menos de terroristas: “La amenaza de muerte latente contra nuestros compañeros y la ofensiva fascista de este gobierno contra el conjunto del movimiento popular, nos obligan a recurrir al legítimo derecho de la autodefensa como una forma más de lucha. Respuesta lógica ante la violencia institucional.” Agrega que dicha violencia institucional no sólo fue característica de los gobiernos priistas, sino que estuvo presente durante el sexenio de Vicente Fox y “ahora lo hace Calderón”.

El comunicado está fechado en Guanajuato. Y en el contenido del mismo, el grupo armado rechaza las versiones oficiales sobre su inexistencia en esta región, vertidas principalmente por funcionarios estatales. Unas horas antes, los secretarios de Seguridad, Baltasar Vilches, y de Gobierno, Gerardo Mosqueda, insistieron ante la prensa que en la entidad no existe una sola célula o base del movimiento armado. “Pensar que Guanajuato como territorio es propiedad exclusiva del Yunque y que la población, por extensión, somos súbditos de ellos, eso sí constituyen juicios y razonamientos anacrónicos, medievales, coloniales. Así como hay reaccionarios, también hay guanajuatenses con dignidad y memoria histórica de lucha”, señala en respuesta al gobierno del estado. “Pensar que nuestra existencia es irreal en Guanajuato por ser hegemonizado (sic) por la ultraderecha, es lo mismo que negar las desigualdades sociales… Ahora resulta que son éstos los que designan dónde el pueblo debe organizarse…”

Además, considera insultante para la inteligencia del pueblo que los gobiernos de Ulises Ruiz, en Oaxaca –al que tachan de cínico--, y de Felipe Calderón, eludan su responsabilidad en la desaparición de sus compañeros. “Aquí es donde cobra dimensión el terror del Estado al reactivar nuevamente al Campo Militar número Uno como la principal mazmorra de este gobierno para desaparecer, torturar y asesinar impunemente a los luchadores sociales. Por eso resultan hipócritas y cínicas las declaraciones del gobierno de Ulises y de Calderón que pretenden no presentarlos a pesar de las evidencias de su detención… A estas alturas, por datos recabados recientemente, tenemos la certeza que nuestros compañeros están en manos de militares y cuerpos policíacos federales, aquí es donde se deben de buscar a todos los detenidos-desaparecidos del país de este gobierno”, denuncia. Estos presos políticos y de conciencia a que se refiere el EPR estarían recibiendo “un trato inhumano en las cárceles de exterminio, como es la del Altiplano, antes La Palma, semejante al maltrato que reciben los prisioneros de Guantánamo”.

Ni “cortinas de humo”, ni “choros mareadores”.

El grupo armado también rechazó que los ataques contra Pemex sean “cortinas de humo” para distraer la atención de las acusaciones de Zhenli Ye Gon en contra de prominentes panistas y del gobierno de Felipe Calderón, como se ha sugerido. “Ni ‘cortinas de humo’ para tapar los cuentos chinos de corrupción panista--priista, ni ‘choros mareadores’, ni ‘discursos lastimeros de la pobreza y la lucha social’, y menos aún la duda de nuestra existencia y capacidades político-militares: somos una realidad política como también lo son las condiciones materiales injustas de nuestro pueblo…”, insiste. También se deslinda de los dos profesores del Frente Popular Revolucionario (FPR) queretano que fueron detenidos la semana pasada, a raíz de las primeras investigaciones efectuadas por la PGR con motivo de los atentados en Guanajuato y Querétaro. Se trata de justificar, dice el EPR, “una cacería de brujas y una persecución política, así como rasgarse las vestiduras por los atentados contra Pemex, cuya privatización se viene dando y avanza ininterrumpidamente en los hechos, con las políticas neoliberales de este gobierno y hasta con la complicidad de algunos que se dicen ser de izquierda”.

Al calificar las acciones de militarización implementadas por el gobierno de Felipe Calderón en el país como “una nueva faceta de la guerra sucia”, el EPR sostiene que tales medidas son un pretexto para “la criminalización de la lucha social” que ha derivado en la desaparición de Edmundo Reyes y Gabriel Alberto Cruz, así como de Gilberto Romero Vázquez, Baltasar López Pita y Rafael Ramírez Bautista en Guerrero, y Roberto Paredes Nieto, en el Estado de México, “todos luchadores sociales que hoy sin distinción de filiación política son blanco de los grupos policíaco--militares legales y clandestinos que el gobierno calderonista ha estructurado…”. En su recuento, confirma que desde fines de mayo denunciaron la desaparición de sus compañeros y recibieron la adhesión de otras organizaciones y personalidades al reclamo de conocer su paradero. A cambio, hubo indiferencia de parte del Estado, y luego amenazas “de nuevas desapariciones y asesinatos, no sólo contra nuestros militantes activos, sino contra sus familiares y amigos cercanos”.

Al final de este pronunciamiento, el EPR advierte a Calderón, a los secretarios de Gobernación, Francisco Ramírez Acuña; de Seguridad Pública, Genaro García Luna, y de la Defensa, Francisco Galván Galván, así como al procurador Eduardo Medina Mora, que únicamente de ellos depende la presenta con vida de sus compañeros detenidos y “la evolución de los acontecimientos” en el país.



Kikka Roja

Lorenzo Meyer

Guerrilla
Lorenzo Meyer
AGENDA CIUDADANA

Articulos recientes del Dr. Lorenzo Meyer Cossio

“Si los ductos de la política no violentas, se taponan ¿pueden volar los gasoductos?”

El Concepto. Pemex tiene miles de kilómetros de ductos cuya vigilancia metro a metro es imposible. El 5 de julio, en Guanajuato, dos gasoductos fueron dañados por tres explosiones y cinco días más tarde y por el mismo modo, otro más en Querétaro. En esa última fecha, 10 de junio, el Ejército Popular Revolucionario (EPR) dio a conocer un comunicado atribuyéndose la responsabilidad de esos ataques a los intereses de la oligarquía –la acción perjudicó a 94 grandes industrias, a 590 empresas locales y a 20 mil 700 hogares- y del “Gobierno ilegítimo”. El EPR también anunció nuevas acciones si el Gobierno no presenta vivos a dos de sus miembros, capturados en Oaxaca el 25 de mayo y cuyo paradero se desconoce.

El EPR se dio a conocer en el primer aniversario de la matanza en Aguas Blancas, en 1995, de 17 miembros de la Organización Campesina de la Sierra del Sur, por policías de Guerrero. En sus once años de existencia, la organización clandestina se atribuye medio centenar de acciones contra policías, soldados y marinos, bancos y ahora contra Pemex, así como numerosos actos de “propaganda revolucionaria”. El EPR se presenta como una organización revolucionaria resultado de la unión de catorce agrupaciones preexistentes. Esa estructura es, a su vez, heredera directa de aquellas que surgieron en los años sesenta del siglo pasado como resultado del éxito de Fidel Castro y los suyos en 1959. El ejemplo cubano desencadenó en América Latina un esfuerzo de la izquierda radical por llegar al poder mediante una guerra irregular que sirviera como detonador de la movilización social. En el caso de México, la acción guerrillera contemporánea se puede datar a partir del ataque de una docena de jóvenes encabezados por el profesor Arturo Gámiz contra la guarnición de Ciudad Madera, en Chihuahua, el 23 de septiembre de 1965. Inmediatamente después apareció la guerrilla rural de Guerrero, también bajo el liderato de maestros: Lucio Cabañas y Genaro Vázquez. Posteriormente surgieron guerrillas urbanas, justo después de la represión de los movimientos estudiantiles de 1968 y 1971. En 1994 aparecería de manera espectacular en Chiapas el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y poco después el EPR más otras agrupaciones similares con base geográfica en el centro y sur del país.

Las actuales guerrillas mexicanas son parte de una larga cadena histórica que se remonta, por lo menos, a los inicios del siglo XIX. En efecto, a partir del estallido de la rebelión de independencia, nunca ha dejado de haber grupos guerrilleros que, en buen número de ocasiones, se confundieron con gavilleros o al revés. Casi siempre, ese tipo de acciones de resistencia fue precedida por un inútil reclamo social combinado con acciones de las autoridades percibidas como arbitrarias e injustas. Pero ¿qué es una guerrilla? El término lo acuñaron los españoles para aplicarlo a la lucha de los pequeños grupos que entre 1809 y 1813 hostigaron sin tregua a las fuerzas napoleónicas que habían invadido la Península Ibérica. Sin embargo, ese tipo de lucha y la idea que estaba detrás son muy viejos. El general chino Sun-tzu ya registra en el año 350 AC, en su tratado El arte de la guerra, la existencia y las reglas básicas de la acción violenta y sistemática de los pequeños grupos y cuya ventaja residía en la sorpresa y la estratagema.

La definición de guerrilla se refiere a grupos pequeños de combatientes irregulares que se enfrentan a las fuerzas regulares y superiores del gobierno o de un ejército invasor con acciones militares de pequeña escala y corta duración. Estas acciones sólo tienen sentido pleno si son parte de un proyecto de mayor escala, pues la debilidad insurgente en términos de número y recursos debe ser compensada con un proyecto político que implique algún tipo de movilización social. Para operar de manera efectiva toda actividad guerrillera necesita, tal y como Mao Zedong lo enfatizó en sus escritos teóricos, de una base social relativamente amplia en la que los cuadros insurgentes puedan moverse “como el pez en el agua”. La guerrilla puede o no recurrir a acciones terroristas, pero cuando lo hace tiene que pagar un precio que puede ser finalmente muy alto: la pérdida de simpatía y de apoyo entre su medio natural e indispensable: la población civil. Históricamente, las acciones guerrilleras han llevado a tantos o más fracasos que a victorias, pero son estas últimas de las que se nutre la memoria colectiva. Las pequeñas bandas de godos o hunos pudieron poner a la defensiva a los ejércitos romanos y los grupos de escoceses de Robert Bruce hicieron fracasar el proyecto del inglés Eduardo I. Las bandas de campesinos que al lado de los cosacos hostigaron en 1812 al ejército de Napoleón en su retirada de Rusia, causaron miles de bajas a la “Grande Armeé”. Afganistán es hoy el ejemplo más notorio de la guerrilla rural e Irak de la urbana. México suele aparece entre los ejemplos clásicos de la lucha guerrillera del siglo XX con el zapatismo y el villismo en su etapa final. Menos conocido, pero igualmente importante fue el caso de las guerrillas cristeras. Finalmente estos tres ejemplos –uno suriano, otro norteño y el último de El Bajío- fueron derrotados militarmente. Sin embargo, el programa zapatista tuvo que ser incorporado por el nuevo régimen, que luego debió negociar con los remanentes del villismo, mientras que Plutarco Elías Calles tuvo que llegar a un modus vivendi con la Iglesia Católica.

La “guerra sucia” que en los setenta el ejército y policías libraron contra los jóvenes guerrilleros urbanos o las acciones militares contra el EZLN, se tuvieron que combinar con reformas políticas y con un nuevo discurso en relación a las comunidades indígenas y sus derechos. Lo brutal e ilegal del trato dado por los gobiernos priistas a los insurgentes de los 1960 y 1970 –eso que se suponía que debía investigar la fiscalía especial sobre crímenes del pasado, pero que realmente no hizo- fue parte del desprestigio que llevó a que el PRI fuera finalmente echado de “Los Pinos” en 2000. Genaro Vázquez, Lucio Cabañas y muchos otros de sus seguidores perdieron la vida en Guerrero, pero en ese estado el PRI finalmente perdió el poder y sus autoridades saben hoy que el problema social ya no puede ser enfrentado con los viejos métodos represivos y que la herida sigue abierta. El 2006 y la Resistencia Armada. Un aspecto central del proceso político mexicano de 1988 a 2006, fue que abrió la posibilidad de que la izquierda hiciera suyo el proyecto de transformar al país de autoritario a democrático por la vía pacífica y dentro del marco de una economía de mercado. A partir de 1988, el grueso de la energía política de la izquierda se canalizó por la vía nada fácil de “la insurgencia electoral”, encabezada primero por Cuauhtémoc Cárdenas y hoy por Andrés Manuel López Obrador (AMLO). El fin de la Unión Soviética y de la Guerra Fría más el triunfo de la globalización y el neoliberalismo, llevaron al grueso de las izquierdas mexicanas a integrarse a la llamada “la tercera ola democrática”. Sin embargo, una minoría se mantuvo escéptica. El EZLN y el EPR son parte de esos que, como Santo Tomás, decidieron que, hasta no ver, no creer. Y lo que finalmente vieron les llevó a no creer.

Durante la campaña electoral de 2006, el EZLN hizo lo que pudo a nivel de discurso para deslegitimar a AMLO y al PRD, pero el EPR reaccionó de otra manera. Por un lado decidió no sabotear la elección presidencial ni las posteriores acciones de protesta pacífica de AMLO y simplemente se mantuvo a la expectativa. Es de suponerse que la falta de limpieza de la elección y los dados cargados contra la izquierda, más la represión federal y estatal en Atenco y en la ciudad de Oaxaca –que implicó la violación abierta de los derechos humanos y en Oaxaca, la muerte de más de veinte personas-, la permanencia de Ulises Ruiz –quintaesencia del antiguo régimen antidemocrático- al frente del gobierno oaxaqueño, la impunidad de Luis Echeverría o de Mario Marín en Puebla como resultado de un acuerdo entre PRI y PAN y finalmente, el arresto y desaparición de dos supuestos miembros del EPR, parecieran haber llevado a la organización guerrillera a reanudar sus acciones.

La elección de 2006 era la oportunidad casi perfecta para que el supuesto nuevo régimen democrático mostrase y demostrase a todos, los radicales incluidos, que la vía pacífica del cambio político era ya una realidad. Sin embargo, con una ligereza que asombra, el gobierno y sus apoyos decidieron desaprovechar la ocasión. Y uno de los resultados de tal decisión, es justo el retorno de la política de las armas.


Kikka Roja

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