BUSCA, BUSCADOR

domingo, 16 de marzo de 2008

Desfiladero: Jaime Avilés: Mouriño: los acuerdos secretos con Bush

Jaime Avilés
jamastu@gmail.com

■ Mouriño: los acuerdos secretos con Bush
■ Medina Mora: con las manos en la masa
■ Calderón: el verdadero fondo del asunto

Integrantes del movimiento de Resistencia Civil Pacífica protestan contra la privatización de Pemex, en imagen de archivo Integrantes del movimiento de Resistencia Civil Pacífica protestan contra la privatización de Pemex, en imagen de archivo Foto: Marco Peláez

Ayer fui a la Procuraduría General de la República. “Quiero dejarles estos papeles que demuestran mi inocencia”, expliqué mostrando un abultado fólder. “¿De qué se le acusa?”, me preguntaron. “¿A mí? De nada”, les dije. “Lo sentimos, no le podemos recibir su documentación. Primero lo tienen que acusar de algo”, me aclaró una jurista. “¿Y por qué a Mouriño sí le admitieron sus contratos, si tampoco hay denuncia penal contra él?”, reviré. “Órdenes de arriba”, contestó la mujer, apuntando con el dedo hacia el techo, o más bien, hacia el norte, esto es, hacia Estados Unidos, el país que aguarda con mayor impaciencia (después de España) la privatización de Pemex.

Han transcurrido 20 días desde que estalló el escándalo y la banda de Los Pinos no cesa de enlodarse. “El mejor escenario para el gobierno federal sería que el Frente Amplio Progresista optara por la vía penal porque entonces el secretario de Gobernación tendría todos los elementos a su favor para defenderse”, opinaban la semana pasada dos genios: Santiago Creel y Germán Martínez, los respectivos líderes del Senado y del partido en el poder, nada menos, al analizar la desesperada situación de Mouriño (La Jornada, 7/03/08). Y Felipe Calderón, con su agudeza característica, vio en esas palabras una rendija de luz en medio de la noche, y dio una orden que… podría acabar con la carrera política del procurador general de la República, Eduardo Medina Mora.

Desde el martes pasado, cuando Mouriño envió a la PGR todos los contratos que firmó ilegalmente con Pemex de 2000 a 2004 –como empresario petrolero y presidente de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados, como empresario petrolero y coordinador de asesores del secretario de Energía, y como empresario petrolero y subsecretario de Electricidad–, Medina Mora debió declararse incompetente para conocer del asunto, por la sencilla razón, arriba ya expuesta, de que a Mouriño nadie lo está acusando de nada en términos legales. Sin embargo, al admitir el expediente, el procurador se convirtió en un miembro más del grupo de funcionarios del más alto nivel que se han coludido alrededor de Calderón para cometer delitos graves de manera organizada.

Más allá de los 100 millones de pesos que Ivancar, la empresa de Mouriño, ganó transportando productos de Pemex; más allá de los contratos por 501 millones de pesos que las empresas constructoras del suegro de Mouriño firmaron en los dos primeros meses de 2008 con el gobierno de facto; más allá de las pequeñas fortunas que los mejores amigos de Mouriño estén amasando como funcionarios públicos federales, lo que de verdad descalifica no sólo al niño bonito de Galicia sino a toda la banda que se robó las elecciones en 2006, es lo que están haciendo, y lo que pretenden hacer, con las riquezas del subsuelo de México y con la industria de los energéticos en general.

En septiembre de 2007, apenas seis meses atrás, la Comisión Federal de Electricidad, Pemex, la Secretaría de Energía y la Comisión Reguladora de Energía suscribieron un contrato con la petrolera española Repsol por un valor de 16 mil millones de dólares. Repsol se comprometió a comprarle gas natural a Perú para revendérselo, por supuesto más caro, a la CFE. En la historia de México no se había realizado un negocio más abusivo y absurdo. Fijaos… Repsol recibirá el gas en una planta, que aún no existe, en la zona peruana de Camisea, y lo mandará por barco a otra planta, que tampoco existe, en la costa mexicana de Colima, a unos 7 mil kilómetros de distancia.

En Camisea, el gas será enfriado hasta que sus moléculas se reduzcan mil 600 veces de tamaño, con lo que se hará líquido, para que entonces Repsol pueda almacenarlo y embarcarlo. Al llegar a Colima, Repsol lo descongelará para que recobre su condición original y pueda enviárselo por tubería a la CFE, que a su vez se lo entregará, ¡obviamente!, a empresas españolas como Iberdrola, Unión Fenosa y Mapfre, que junto con otras firmas privadas ya generan, ilegal e innecesariamente, la tercera parte de la energía eléctrica del país, aunque la Constitución se los prohíba. De esta suerte llegarán a Colima 500 millones de pies cúbicos de gas natural diarios, mientras en la sonda de Campeche seguirán quemándose 700 millones de pies cúbicos, igualmente diarios, debido a que desde el sexenio de Zedillo el gobierno se niega a construir una planta para aprovechar ese recurso que se desperdicia a lo tonto.

Por si lo anterior fuera poco, México se comprometió a edificar la planta regasificadora de Colima sin costo alguno para Repsol, mientras diversas empresas extranjeras exploran en Altamira, Tamaulipas, cerca de Tijuana, Baja California, y de Lázaro Cárdenas, Michoacán, en busca de enormes yacimientos de gas natural que, de acuerdo con el artículo 27 de la Constitución, son de todos los mexicanos. ¿En cuánto saldrá el negocio del gas peruano? Hay que repetirlo: en 16 mil millones de dólares. Si México invirtiera 10 mil millones de dólares tendría dos nuevas refinerías, con las que podría fabricar toda la gasolina que actualmente importamos. Y aun sobrarían 6 mil millones de dólares, para dedicarlos, por ejemplo, a la investigación científica, en lugar de los míseros 37 millones de pesos que el año pasado destinó a ese rubro el visionario Calderón.

Éste sacó a Mouriño de las discotecas para usarlo como títere en los negocios petroleros, desde antes de ser secretario de Energía. Hoy busca la forma de conservarlo a como dé lugar, aunque esté políticamente muerto, confiado en que Bush, pase lo que pase, respaldará a toda la banda de Los Pinos mientras ésta le cumpla lo que le prometió en la campaña de 2006, esto es, devolver a las empresas petroleras amigas de Washington las riquezas del subsuelo de México: este es el verdadero fondo del asunto. (Para comunicarse con los que hacemos esta columna sigan escribiendo a jamastu@gmail.com...)

Kikka Roja

José Agustín Ortiz Pinchetti: Qué fue de Calderón

El despertar
José Agustín Ortiz Pinchetti
jaorpin@yahoo.com.mx

■ Qué fue de Calderón

No tiene chiste criticar a Mouriño, es como pegarle a un ciego. ¿Por qué mejor no indagamos cómo ha llegado Felipe Calderón al atrapamiento en el que está? Lo conocí cuando fui consejero del IFE y después. Aunque me chocaron su moralismo, soberbia y desplantes reaccionarios, me parecía congruente y recto. Se opuso a la penetración del Yunque en el PAN y criticó el tráfico de influencias de Diego Fernández de Cevallos. Por lo menos hasta 1996 se mantuvo dentro de los márgenes de la ética, fiel al ejemplo de los fundadores del PAN, entre ellos su propio padre.

Conforme fue ascendiendo, fue perdiendo su estructura. Apoyó el atraco del Fobaproa; guardó un silencio cómplice con el desafuero. Autorizó la campaña sucia en 2006 y una elección fraudulenta, ilegal e injusta que lo encumbró. Su operadora fue nada menos que Elba Esther Gordillo, experta en fraudes electorales de los que fue víctima el PAN.

Lo repetiré: como decía Maquío (Manuel Clouthier): el que se roba las urnas, después se roba las arcas. Calderón empezó robándose las arcas para después robarse las urnas. Cuando se dio cuenta que necesitaba adquirir cantidades multimillonarias para enfrentarse a sus adversarios por la Presidencia dentro y fuera del PAN, organizó una pandilla de atracadores que se enriquece con contratos ilegales con Pemex. Ahí brilla Mouriño. Las revelaciones recientes son una hebra que conducirá a la madeja.

A mí no me ha sorprendido su desempeño mediocre; ni como dirigente del PAN, ni como líder de diputados, ni como funcionario tuvo jamás un solo destello que lo acreditara como una persona superior. Hubiera sido un milagro que con una ilegitimidad de origen se hubiera liberado del control que ejercen sobre él los monopolios y los grandes sindicatos. Pero de eso a violentar en forma sistemática el estado de derecho y la ética, hay un trecho; Felipe lo ha cruzado, está involucrado en el enriquecimiento ilícito. Se ha convertido en garante de la impunidad. Está exponiendo la gobernabilidad del país para proteger a sus cómplices. Se ha entregado a los peores.

¿Por qué Felipe perdió el camino? Una hipótesis sería que él, como casi todos los miembros de la clase política, tiene introyectada la cultura priísta. Una vez en la Presidencia reprodujo todo el estilo autoritario y estableció la red de complicidades, privilegios y abusos que impugnó como opositor.


Kikka Roja

CABEZALCUBO: El intelecto héctico

Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com

El intelecto héctico

Hubo un tiempo en que la televisión mexicana no era el reducto de vulgaridad y estupidez que padecemos hoy, sino vehículo de algunos programas que, si bien solían ser copia de algo extranjero, suponían un entretenido reto para la inteligencia y el acervo cultural de participantes y público. Allí, por ejemplo, La pregunta de los sesenta y cuatro mil pesos, que conducía Pedro Ferriz (el padre, desde luego, no el hijo atorrante vocerito de derechas). O como el programa de Jorge Marrón, el Doctor IQ, experto en trabalenguas y preguntas capciosas con las que bombardeaba al auditorio, inspirado en el homónimo gringo que hicieron inmensamente popular James Mclain en la radio y después Tommy Kennedy en la televisión. Allí también Nono Arzu, el Doctor Colgate, quien repartía premios a quienes contestaban sus difíciles preguntas.

¿Qué pasó con esos programas de concursos donde se ponía a prueba el intelecto del mexicano? ¿Por qué no hubo dignos sucedáneos que obligaran a pensar, a recordar, a colegir? ¿Cuándo, por qué y por quién se tomó la decisión de convertir la televisión mexicana en colección de aberraciones cursis, de eufemismos para evadir la miserable realidad nacional, de programas que privilegian el aburrido albur homoescatológico a la gimnasia mental?

Montserrat Ontiveros
Foto: www.tvazteca.com

Hay un par de producciones, otra vez copias, siempre copias, como si los productores mexicanos fueran absolutamente incapaces de poner el huevo del programa que signifique algo positivo más allá del drama ramplón, miserablemente llenecito de envidias, venganzas y puñaladas traperas o del chistecito facilón pero atemperado, de lenguaje falso, de mala televisión: Tv Azteca lanzó brevemente su propia versión del también estadunidense y ya histórico Jeopardy!, que según creo recordar conducía Omar Fierro, pero el programa apenas estuvo al aire y Omar, aunque simpático, carecía evidentemente de un acervo cultural necesario para enfrentar concursantes más o menos sofisticados. Por su parte TV Azteca compró el formato del británico The Weakest Link, sustituyendo en la traducción “eslabón” por “rival” para aparentar novedad con El rival más débil, conducido por una tirana e intratable Montserrat Ontiveros (el mal talante, como los lentes, resultaron ser impostaciones, parte del formato, utilería, pues). El rival … salió del aire en agosto pasado, pero regresó entre semana, por las noches (en sus primeras cuatro temporadas lo pudimos ver los sábados). Formato original de la bbc que se ha vendido a televisoras de cerca de cien países, hay débiles rivales en Inglaterra, Estados Unidos, Chile, Australia, España, Grecia, Finlandia, Rusia, Turquía, Holanda, China, República Checa, Tailandia, Bélgica, Dinamarca, Singapur, México… El rival más débil es siempre igual en diferentes idiomas e idiosincrasias: la conductora déspota, de lentes, vestida siempre de negro. La paternal facilidad de las preguntas en el capítulo mexicano lo volvió un programa soso.

Los únicos programas más o menos buenos de concursos de conocimiento son los que queden en Canal Once o el 22, pero eso significa una harto menor audiencia. Si la televisión mexicana privada y comercial tiene que copiar inevitablemente la forma de hacer tele en otras latitudes, y puesto que no hay buenos programas de concursos de conocimiento, ahí va una muestra: échenle ojo, señores ejecutivos y yupis que los acompañan, a Saber y ganar, programa de Televisión Española, conducido por el cacereño Jordi Hurtado y que anda ya por la friolera de su undécimo aniversario. La característica de Saber y ganar es la complejidad de conocimientos necesarios para concursar. Si bien está claro que difícilmente el grueso de la población es capaz de identificar una sinfonía de Mahler, estar enterado del anecdotario biográfico de Heisenberg o saber los nombres de las montañas de Anatolia, el programa deja en el público una muy disfrutable derrama de conocimientos de ciencia, arte e historia. Sin indecentes patronazgos morales que se convierten en preguntas para tarados e ignorantes, Saber y ganar es un programa que deja contentos a productores, concursantes y teleaudiencia. Ojalá las corbatas de las televisoras mexicanas fueran un poquito más responsables con los contenidos y pudiéramos ver una versión mexica de ese programa, en lugar de porquerías como Muévete, Venga la alegría o Por fin el fin …

Kikka Roja

CABEZALCUBO: Nos alcanzó la literatura

Jorge Moch
tumbaburros@yahoo.com

Nos alcanzó la literatura

Hay en la literatura episodios de dulce fantasía y del más abominable horror. Mientras la fantasía allí queda, el horror sí se puede volver real. También hay pasajes que abrevan de las aberraciones del alma humana y demuestran que somos una risible caricatura de nosotros mismos aun en las más solemnes imposturas. Uno está acostumbrado a esas lecturas, las acepta, las perdona o venera. Pero corta el aliento cuando la televisión demuestra que la estupidez o el vestiglo están ahí afuera, cerca de la puerta, entre quienes vemos todos los días o en quien rige el destino colectivo. Porque, como dice Jorge Saldaña con ironía quirúrgica, nada existe hasta que aparece en la tele. Allí, por ejemplo, las atrocidades que narra la escritora croata, Slavenka Drakulic en Como si yo no estuviera (Anagrama, 1999), sobre el exterminio étnico en los Balcanes, que vinieron a hacerse de carne y hueso hasta que vimos a cuadro la masacre aunque debidamente editada, suprimidas las escenas más espeluznantes. Como en Ruanda. Como el siglo pasado, cuando la barbarie nazi, creíble hasta que se pudo ver en los noticiosos que exhibían los cines. Quien lea Gumaro de Dios, el Caníbal, de Alejandro Almazán (Mondadori, 2007) o Ruda de corazón, de Víctor Ronquillo (Ediciones B, 2006) quedará aterido, sí, pero va a perder el sueño cuando entienda que esas no son ficciones, sino renglones del noticiero que le quitó el hambre por prender la tele a la hora de la comida.

Foto: www.reelingreviews.com

Entre otras lecturas recientes hechas por este sedentario escribidor está la sobrecogedora novela de j. m. Servín, Al final del vacío (Mondadori, 2007). Hay una escena en que el protagonista narra cómo una pareja de jabalíes, la hembra preñada y el macho defensor de su prole, se ven entrampados un día, atraídos tal vez por el olor a comida, en la principal avenida de una ciudad. Acosados por la gente a la que alarma su presencia, los animales aterrados huyen a un centro comercial donde les disparan dardos sedantes. Luego los llevan al patio de una oficina de gobierno y allí las bestias, heridas y hambrientas, mueren de inanición. Como por ensalmo macabro levanto los ojos de la lectura de esos párrafos y me encuentro en el noticiero con escenas de una tigresa perseguida por una multitud en India. Baleada, golpeada, azuzada, reacciona y muerde a uno de sus cazadores. La turba enloquecida de rabia y pavor la persigue a un arroyo, la captura con una red de pesca y la mata a golpes. Estaba preñada. En otra novela de futurismo realista (y exquisitamente desalentador) del colombiano Héctor Abad Faciolince, Angosta (Seix Barral, 2003), se recrea un sistema de segregación, un apartheid latinoamericano sustentado en el poder económico. La ciudad se divide con murallas y puntos de revisión, y se restringe el acceso a las partes “bonitas” y “decentes” de la ciudad a cualquier miembro de las clases populares. Esto con el argumento de la inseguridad, para acotar el avance del crimen organizado y los ataques terroristas. Entonces me entero por la tele de la intentona del alcalde de San Nicolás de los Garza, municipio conurbado habitado casi exclusivamente por gente con dinero en Monterrey, de levantar muros, rejas, puntos de revisión en bocacalles aledañas y así aislar “su” ciudadela de ricos de los peligros del peladaje. En una entrevista defiende su punto de vista, neofascista convencido y pragmático (por alguna oscura razón, no me sorprende en absoluto que sea panista) dueño de la verdad, poniendo cara de ¿pus qué tiene? Claro que yo no tengo el incierto privilegio de vivir en sus feudales pagos…

¿Y qué decir de Air Guitar Nation, documental de Alexandra Lipsitz, como sacado de un capítulo de los Recuerdos que miran con ojos de cacalota, de Luis Usabiaga (Ediciones la Carreta, 1994), que sigue al movimiento –sí, es un movimiento y sus partícipes juran que es un arte– de la guitarra de aire: tocar la guitarra sin guitarra, hacer que uno toca rock pesado, gesticulando como si se tuvieran convulsiones? Moda del imperio, donde se ve que no saben ya qué hacer con el ocio mientras puedan vender videos, camisetas, tazas, afiches y un largo etcétera de basura convertida en dinero y viceversa. Algo debe andar definitivamente muy mal en el mundo. Ya podemos reunir temibles visiones del porvenir que habitan en la literatura y así adivinar el futuro. No pinta bien. Ni modo. Ya sólo falta el certificado de realidad que cualquier día obsequie la televisión y entonces habremos terminado de cocinar la propia extinción.

Kikka Roja

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Kikka Roja

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