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domingo, 25 de marzo de 2012

Dos historias de impunidad Alberto Osorio

Desde la semana pasada los multihomicidas Francisco Daniel Yeme Gómez y Gerardo Flores Gómez se encuentran detenidos. Al primero se le atribuye la autoría intelectual del asesinato de las 26 personas cuyos cuerpos fueron abandonados en los Arcos del Milenio el 24 de noviembre pasado; al segundo se le señala como el principal responsable de la muerte de cuatro preparatorianos y un comerciante en las instalaciones de la Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG). En el caso de Yeme Gómez, alias El Pacorro, la Procuraduría General de Justicia de Jalisco informó que el Juzgado 12 en Materia Penal emitió medidas cautelares contra él y otros ocho sicarios más –entre ellos dos mujeres y un menor– de una célula del cártel de La Resistencia, por lo que desde el lunes 6 se encuentran bajo arraigo. El procurador Tomás Coronado Olmos destacó que los nueve son investigados por su presunta participación en los referidos asesinatos, así como por su relación con secuestros de empresarios y varios robos.

El Pacorro, de 23 años, admitió sus nexos con Elpidio Mojarro Juárez, alias El Pilo, a quien las autoridades identifican como cabecilla de La Resistencia, organización ligada a los narcobloqueos del año pasado y protagonista en varios enfrentamientos con policías de diversas corporaciones. La captura del Pacorro se logró a partir de las indagatorias en torno al asesinato de Gerardo Daniel Escoto García, alias El Grupus o El Crupus, también de 23 años, acribillado el jueves 2 por la noche en las inmediaciones de un jardín de niños de la colonia Conjunto Laureles, cerca del mercado del Mar, en Zapopan. Ese día, Escoto García, quien vendía ropa en un tianguis, iba en su auto en compañía de su esposa y de su hijo, un menor de edad, cuando lo alcanzó un Atos azul desde donde les disparó el copiloto, según el testimonio de su pareja, quien resultó ilesa. Sin embargo, la procuraduría había girado una orden de Aprehensión contra él desde el año pasado por su presunta participación en los homicidios del 24 de noviembre.
En el lugar donde murió Escoto, peritos del Instituto Jalisciense de Ciencias Forenses aseguraron media docena de casquillos de 9 milímetros. Las pesquisas llevaron a los policías investigadores a ubicar a la banda del Pacorro en una residencia de la colonia El Colli, en Zapopan, donde, según los vecinos, se han registrado varios asesinatos.

Con la captura de El Pacorro y sus colaboradores, los agentes de la procuraduría liberaron a un comerciante del Mercado de Abastos Jesús Loza, por cuya liberación exigían 5 millones de dólares.
En diciembre pasado la PGJ detuvo a Rigoberto Robles Farías, El Flaco, de 36 años; a José Trinidad Escobar Salmerón, La Troca, de 38 años, y a José Luis Herrera Solares. Los tres confesaron su participación en el multihomicidio de noviembre último. En esa ocasión Coronado Olmos declaró que había al menos otros 10 hombres relacionados con esa masacre. Los sicarios expusieron que percibían un salario de entre 10 mil y 20 mil pesos al mes por trabajar para el cártel del Milenio. Uno de ellos admitió su participación en 48 ejecuciones y que varias de las víctimas abandonadas en 24 de noviembre habían fallecido por estrangulamiento en una vivienda localizada en la zona norponiente de Zapopan. Hoy están en el penal de Puente Grande, a disposición del Juzgado 14 de lo Penal. En sus primeras declaraciones los tres comentaron que El Pacorro les ordenó levantar y asesinar a varias personas y abandonar sus cuerpos en los Arcos del Milenio, según informó la procuraduría en un comunicado.

Flores Gómez

En el caso de El Tatuado, identificado como el autor material del asesinato de un padre de familia y cuatro estudiantes de la preparatoria 8 de la Universidad de Guadalajara el 9 de diciembre último en las instalaciones de la FEG, se entregó voluntariamente a la procuraduría el miércoles 8. Desde hace dos semanas, el Juzgado 10 en Materia Penal había girado una orden de aprehensión contra él. Al ser interrogado, expuso que trabajaba como velador del edificio y que sólo cumplía “labores de vigilancia”. Hoy se encuentra en el Reclusorio Preventivo Metropolitano. Agentes del área de inteligencia de la procuraduría aseguran que El Tatuado se entrevistó con uno de sus compañeros antes de presentarse en el área de Homicidios Intencionales acompañado por su abogado. Según la dependencia, en la década de los ochenta estuvo preso más de cuatro años por robo de vehículo y homicidio en grado de tentativa. En su declaración, El Tatuado admitió haber acuchillado a dos de las cinco víctimas dentro de la FEG; incluso remató a una de ellas disparándole con arma de fuego.

Sin embargo, de las declaraciones ministeriales de personas que participaron en ese crimen y versiones extraoficiales obtenidas por testigos consultados por Proceso Jalisco indican que El Tatuado habría disparado contra Ismael Gómez y su padre al interior de las oficinas de David Castorena, presidente de la FEG, y que posteriormente acuchilló o participó en el homicidio de los otros tres jóvenes y los enterró en una de las dos fosas que él y Castorena habían ordenado cavar. Según la versión oficial, poco después de mediodía del 9 de diciembre el comerciante Armando Gómez Gallardo, de 56 años, y su hijo Francisco Ismael Gómez Saucedo, de 21, acudieron a las instalaciones de la FEG para reclamar por el aumento en el pago de “uso de piso” a los vendedores ambulantes. Los acompañaban los estudiantes Gabriel Morán Cervantes, Francisco Javier Carrillo García, ambos de 17 años, y Juan Pablo Valentín Guerrero, de 16. Alrededor de la una de la tarde, Armando Gómez comenzó a discutir con El Tatuado y junto con su hijo entró a la oficina de Castorena, donde poco después fueron asesinados. De acuerdo con los testimoniales a los que tuvo acceso Proceso Jalisco se escucharon seis o siete balazos. Poco después Castorena salió de su oficina; iba hablando por celular. El Tatuado abandonó la misma oficina con una pistola en la mano y “sumamente nervioso”.

Después del doble crimen, Gabriel Morán, Juan Pablo Valentín y Francisco Javier Carrillo fueron introducidos por la fuerza a la presidencia de la FEG donde estuvieron varias horas junto a los cadáveres de su compañero de escuela y del comerciante. Poco antes de que anocheciera, los tres preparatorianos fueron sacados de la oficina de Castorena y los llevaron a la zona donde los fegistas habían cavado dos fosas. Ahí los acuchillaron y rociaron sus cuerpos con cal y los cubrieron con tierra; al menos uno de ellos aún estaba vivo cuando lo enterraron (Proceso Jalisco 377). Uno de los fegistas que participaron en el multihomicidio, Gerardo Godoy Solano, El Cihua, ingresó al penal de Puente Grande el jueves 2; asimismo, tres menores de edad están acusados de homicidio calificado, por lo que fueron puestos a disposición del Juzgado Primero Especializado en Justicia Integral para Adolescentes. Al cierre de esta edición, las autoridades judiciales preparaban las órdenes de aprehensión contra 16 fegistas más. l

de Proceso 

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