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jueves, 28 de junio de 2012

El abismo entre un estudiante y un político : AGUSTIN BASAVE

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14 de junio de 2012


Imaginemos una hipotética discusión entre un estudiante de Ciencia Política y un político de la vieja guardia:
—¿De veras, licenciado, no cree que la honestidad puede mejorar a la política? —pregunta el joven, incrédulo— ¿No le parece que es más gobernable y eficiente un país honesto que uno corrupto?
—N’hombre, no sea ingenuo —responde el viejo—. Ésas son jaladas. Un país honesto sería ingobernable, y un gobierno honesto sería un desastre. Al pueblo no le importa que uno se enriquezca siempre y cuando le resuelva algunos de sus problemas o le salpique algo de lo que se lleva. Mire, la política es el arte de hacerle creer a la gente que está bien, y para lograrlo hay que procurar que estén un poquito menos jodidos y cacarear mucho los huevos. Si lo logra, la gente le autoriza cualquier sobresueldo, y si no, le reclama hasta el aguinaldo. Además, todo mundo sabe que un gobernante honesto es necesariamente torpe e ineficaz. La honradez y la astucia no pueden coexistir.
—Caray, lic, le voy a llamar Protágoras Mirabeau, porque si el sofismo y el cinismo pudieran casarse lo adoptarían como hijo predilecto. ¿Me puede decir qué carajos hace a la honestidad impermeable a la sagacidad? Una cosa es que el político honesto esté en desventaja porque no está dispuesto a todo, y otra es que no sea capaz de apelar a la sensatez de la sociedad para forjar un régimen que castigue al deshonesto, neutralizando la ventaja ilegítima y emparejando la cancha. Por lo demás, la corrupción cuesta, representa una sangría para el erario; no me puede decir que elevar el bienestar social es más fácil para un gobierno corrupto que para un gobierno honesto.

—Ay muchachito, ¿cómo le explicaré...? En primer lugar, a quien hay que responderle no es a la sociedad sino a eso que llaman opinión pública, es decir a los medios, y en segundo, el dinero extra no se va al drenaje, a menos que quiera llamarle así a mi familia y a las de mis colegas, que son parte de la economía nacional. Y mire, no todo es para nosotros, porque la corrupción es también un medio de redistribución de la riqueza y parte de ese dinero va a los de abajo: líderes sindicales, policías, burócratas.
—Ahora sí se la bañó. Eso es justamente lo que le ha dado en la madre a México: el círculo vicioso de corrupción y desigualdad social. Y ustedes deberían de romperlo. La política, antes que el arte de lo posible, es la magia de hacer posible lo imposible.
—Mire, Santo Chamaco Moro, lo que usted no entiende es que la política sin escrúpulos es la guerra perfecta. Hay reglas, claro, pero si las conoce bien y sabe sortearlas no son escollos para usted, sino minas para el enemigo. La ética es una impedimenta que carga el soldado y que entorpece su desempeño en la batalla. Ni siquiera son pertrechos que podrían ayudarle en circunstancias difíciles; son fierros estorbosos que le impiden moverse con agilidad.
—Usted está pensando en el sistema político mexicano porque no conoce otros. Yo hablo del primer mundo, en donde existen las condiciones objetivas para que la violación a la ley sea inconveniente para el violador. En un Estado de derecho moderno, donde la ley está diseñada para castigar la inmoralidad y no el descuido como aquí, las corruptelas existen pero tienen un costo político. Si recurre a ellas será probable que lo descubran y si lo descubren pagará por ello. En todas partes hay corrupción, pero únicamente en sistemas como el nuestro, en los que es más rentable ser corrupto que ser honesto, llega a ser norma en vez de excepción.
—A la ley no hay que violarla, criatura, hay que evadirla. E-va-dir-la. No consistentemente, desde luego, sólo cuando es necesario. El que la evade sistemáticamente es tan predecible como el que se apega a ella sistemáticamente. Y siempre será más conveniente para un político contar con el factor sorpresa, tener más recursos, usar la ley ventajosamente. Se puede ser legal y… ¿cómo le diré para que no le dé un arrebato de indignación moral…? y pragmático. No nos confundamos: el respeto selectivo a la ley es una cualidad, el apego consistente al árbol que da moras es una tara.
—Se equivoca. La suya es la visión de la vieja guardia, que ya no se sostiene. Le voy a dar un ejemplo. En el México de antes era muy conveniente ser tenebroso, actuar en la oscuridad, y ahora la transparencia se está volviendo un activo político. Y es que la prensa es más libre y las redes sociales son más influyentes y actuar a la luz pública da prestigio y votos. En el pasado era muy útil ser mentiroso porque la verdad era una irrelevancia discursiva, porque ustedes le hablaban al presídium —a la institucionalidad, no a la realidad—; hoy tenemos una ciudadanía que escucha y castiga.

—Tal vez, tal vez. Pero en política hay cosas que no cambian: Fouché es eterno. Y siempre será mejor tener la posibilidad de actuar a escondidas para acumular poder y dinero, porque tener más margen de maniobra siempre será mejor que tener menos. Así de simple.

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