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martes, 29 de mayo de 2007

Guadalupe Loaeza

En voz alta…

Guadalupe Loaeza
¡Qué raro, porque se veía muy buena persona! Cuando lo conocí de inmediato me inspiró confianza. Fui yo la que lo busqué respecto a un asunto personal. Luego, luego me atendió con mucha amabilidad. También fue mi marido a esa cita y le cayó bien. Comimos rico en el comedor de su oficina. Creo que la primera impresión fue recíproca, porque hasta quedamos para ir a comer otra vez. Me acuerdo perfecto… En esa ocasión fuimos al restaurante “Le Cirque” que está en el Camino Real. Y la segunda, meses después, nos quedamos de ver en el “Champs Elysées”. Qué tanto le ha de gustar este maravilloso restaurante, que creo que hasta tiene su mesa. Si mal no recuerdo es la que da justo a espaldas de El Angel, una que se encuentra en una esquina. Recuerdo, que mientras lo veía comer con tanto gusto se me abrió particularmente el apetito al grado de pedir como postre un soufflé al Grand Marnier. En ese restaurante es el único lugar que lo preparan, exactamente, como a mí me gusta. Recuerdo que esa vez comí como “pelona de hospicio” como decía Lola mi hermana. Confieso que cuando me invitan a comer, me gusta que mi anfitrión o mi anfitriona disfrute tanto como yo la comida. Máxime si se trata de alguien generoso, vaya, que no sea el típico “cuenta chiles”, que pone cara de disgusto porque uno de sus invitados gusta de tomar un buen vino (que no es mi caso porque no bebo) o un postrecillo un cuanto tanto excéntrico, (que sí es mi caso). Por lo general nuestras conversaciones giraban alrededor de diferentes temas: política, libros, cine y música de nostalgia, gente que conocíamos en común, derechos humanos y comida. Sin ser un extraordinario conversador, debo de reconocer que entonces me parecía un hombre muy agradable, abierto, democrático y hasta dueño de algunas ideas progresistas.

¡Qué raro porque de unos días para acá está resultando alguien totalmente contrario a lo que pensaba de su persona! Así pasa. A veces una tiene una impresión muy positiva de alguien y basta con que ésta “enseñe el cobre”, como decía mi abuela para llevarse la gran decepción. Así me pasó cuando leí que José Luis Soberanes había interpuesto la acción de inconstitucionalidad de la aprobación de la reforma que despenalizó el aborto en el Distrito Federal, antes de las 12 semanas de gestación. “¿Cómo que la tramitó ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación?”, me preguntaba súper indignada. “¿Cómo que el mismo Presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, el que supuestamente defiende los derechos de los y las ciudadanas, no apoya a las mujeres a ejercer precisamente su DERECHO (con mayúsculas) sobre su cuerpo?” La verdad es que estaba yo furiosa. “Nunca más le acepto la invitación a comer”, me dije. Es evidente que le ha de importar un comino lo que yo pueda pensar al respecto, sin embargo no deja de ser triste llegar a decepcionar tanto a aquellos que un día llegaron a tenerlo en un buen concepto. (Me pregunto si muchos de sus conocidos o amigos y amigas, no están igualmente decepcionados que yo con su comportamiento. Claro que no se lo han de decir, porque se trata de una persona muy importante… Y pensar que llegué a defenderlo en varias ocasiones….).

No, no exagero. A ver si me explico, cuando apenas faltaban unas horas para que venciera el plazo de impugnación, al Procurador Eduardo Medina Mora y al ombudsman nacional, se les ocurrió levantar la mano en uso de la facultad constitucional de la Comisión de los Derechos Humanos para cuestionar ante el tribunal de la Suprema Corte cualquier ley que les parezca violatoria de los derechos humanos. Del segundo no me sorprende en absoluto ya que pertenece al PAN, pero del segundo, ¿no que era totalmente autónomo? ¡Qué raro! Todo indica que en este asunto tan delicado hay gato encerrado. ¿Qué le dará el PAN a Soberanes a cambio de su impugnación la cual surgió tan abruptamente? ¿La cabeza del ómbudsman del DF, Emilio Alvarez Icaza?, como dice todo el mundo. O, ¿qué habrá detrás de todo esto?

Pero volvamos con la reforma. Según la CNDH, interpuso la acción de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte para cuestionar ante ese tribunal cualquier ley que le parezca violatoria de los derechos humanos. Y según la PGR la promovió por estar en contra las modificaciones al Código Penal y Ley de Salud del DF que despenalizaron el aborto hasta las 12 semanas. Por esta razón el caso quedó en manos del Ministro Salvador Aguirre Anguiano "siguiendo rigurosamente el orden de asignación de los Ministros y el cronológico de presentación de expedientes", como señalara la Corte. Lo cual significa que este tema tan polémico de suyo, se podría llevar discutiendo más de seis meses, ya que los ministros se encuentran, en estos momentos muy ocupados analizando los expedientes de las violaciones a los derechos humanos en San Salvador Atenco, Oaxaca y la ley televisa. Bueno, pero una vez que se lleve a votación, se necesitará el voto de por lo menos 8 de los 11 ministros para poder dar con el traste la reforma que ya fue aprobada por la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

El que, afortunadamente, no me ha decepcionado y dude que lo haga, es Jorge Carpizo, que también fuera el titular de la Comisión de los Derechos Humanos. De hecho fue el primero. Carpizo fue muy claro al rechazar la impugnación. Incluso intervendrá desde el ámbito académico “para exponer la validez de la casual del proyecto de vida para el aborto inducido como un derecho humano de la mujer mediante un estudio técnico jurídico que pronto presentará” (La Jornada 28 de mayo 07). Viniendo del ex rector de la UNAM, del ex procurador general de la República y del ex embajador de México en Francia, no me sorprende. Por cierto, también él me invitó una vez a comer a su casa ubicada en el profundo sur de la ciudad de México. Recuerdo que llegué tardísimo porque me perdí. Fue una comida deliciosa. Nos sirvió unos platillos campechanos como para chuparse los dedos. También me acuerdo que mientras la disfrutábamos, escuchamos un disco de Charles Doumont, amigo suyo y compositor de la canción más bonita de Edith Piaf, Non, je ne regrette rien.

No obstante, lo que je regrette, sí, lamento y mucho, por todo lo anterior, es que a partir de ahora ya no le creeré al que supuestamente está allí para defender mis derechos tanto como ser humano y como ciudadana. No, ya no le tengo confianza a José Luis Soberanes.

¡Lástima!

gloaeza@yahoo.com


Kikka Roja

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