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miércoles, 27 de junio de 2007

Sergio Aguayo Quezada

Dos desplegados

sergioaguayo@infosel.net.mx
www.sergioaguayo.org

La acción legal contra el gobernador de Puebla ha reactivado al pequeño “abajo firmante” que todos llevamos dentro. Bastaron dos desplegados para que se organizara una exposición con las principales antigüedades y novedades de la política mexicana. Cerrar calles y firmar desplegados son tradiciones muy nuestras. Hay “abajo firmantes” en todo el mundo, pero pocos superan a México en cantidad y diversidad. El desplegado floreció durante el autoritarismo priista porque las instituciones y los partidos ignoraban a los ciudadanos; como eso continúa sucediendo bajo la democracia una de las pocas formas de incidir en la vida nacional es estampando la firma. En algunos desplegados se protesta y en otros se apoya a causas o personas siguiendo fórmulas preestablecidas: se invoca “A la opinión pública” cuando el verdadero destinatario siempre es alguna institución o funcionario. En esta introducción deben enmarcarse los dos desplegados.

Ciento veinte presidentes municipales de Puebla publicaron en varios medios de comunicación el martes 19 de junio un texto con olor a viejo. En un lenguaje digno de los años dorados del priismo descuartizan la sintaxis y proclaman su “confianza a nuestro amigo” el conocidísimo “Lic. Mario P. Marín Torres, Gobernador Constitucional del Estado” de Puebla a quien presentan como “persona honesta y que respeta la ley”. Convencidos de la integridad del Lic. Marín increpan a “quienes no dan la cara y se esconden tras el anonimato” y les solicitan, eso sí “solidariamente”, que “no enrarezcan el clima de tranquilidad y respeto que se vive en Puebla”. Después se montan en la solemnidad y exigen “tajantemente la no-intervención de intereses ajenos a nuestra entidad federativa, que sólo tratan de desestabilizar el desarrollo armónico que se viene consiguiendo bajo el liderazgo” del “gober más precioso” de estas comarcas. Rematan pidiéndole a la Suprema Corte que su “fallo sea totalmente apegado a derecho”.

Para descifrar el mensaje de los munícipes poblanos se requiere conocer los usos y costumbres de la política tradicional y estar al tanto de los escándalos más recientes. Lo que los alcaldes quieren decir es que respaldan al Lic. Marín ahora que la Suprema Corte lo investiga por el papel que jugó en la violación de los derechos humanos de Lydia Cacho, una periodista y defensora de los derechos humanos perseguida por denunciar a los pederastas y a sus cómplices en el Gobierno. Los regidores poblanos también querían anticiparse al segundo desplegado publicado dos días después y que fue redactado por habitantes del otro México. Es un relato comprensible sobre las redes de pederastas y sus cómplices en la política y el Gobierno. Es un apoyo claro a Lydia Cacho quien se arriesgó a navegar por los pantanos del lento, caro e impredecible sistema judicial. El texto, suscrito por más de 2,200 personas y organizaciones, solicita justicia a la Suprema Corte y eso supone, entre otras cosas, no eximir de responsabilidades a las autoridades poblanas.

El impacto fue desigual. El escrito de quienes gobiernan los municipios poblanos recibió una atención mediática mínima, mientras que el pronunciamiento de los más de 2,200, impactó en México y el mundo porque entre los “abajo firmantes” había personajes poco habituales. Aparecen actores como Susan Sarandon, Sean Pean y Charlize Theron que al expresar su solidaridad también entonan, sin saberlo, un réquiem por el parroquianismo que aislaba a México del mundo. Si los extranjeros se meten a opinar es porque fueron invitados por mexicanos como Gael García Bernal, Salma Hayek y Guillermo del Toro, entre otros signatarios, quienes han salido a competir en el exterior ligando las realidades nacionales con las preocupaciones universales. Y el combate a los pederastas y sus cómplices trasciende fronteras y diluye nacionalidades y eso modifica la liturgia nacionalista que en el México arcaico prohibía, so pena de extradición, a los extranjeros que señalaran la mugre nacional. Tanto estamos cambiando que al menos en la prensa capitalina nadie invocó a la Suave Patria para satanizar como traidores a quienes critican a alguien como el Lic. Marín.

Los dos desplegados confirman que el presidente dejó de ser el árbitro supremo de la nación y que los gobernadores han adquirido una fuerza enorme porque ahora manejan con enorme independencia las riquezas recibidas del presupuesto federal. Son los herederos directos de la discrecionalidad que alguna vez hiciera famosos a nuestros “monarcas sexenales”. Si Beatriz Paredes, dirigente del PRI, optó por sacrificar su imagen de mujer sofisticada y moderna para respaldar al Lic. Marín fue por su férrea disciplina partidista y porque los gobernadores son los nuevos mecenas de la política a la mexicana. El Lic. Marín ha resistido los embates de sus críticos y para mantenerse en el cargo se apropió del olor a naftalina que desprenden el huipil de Beatriz Paredes y el birrete de Enrique Doger —exrector de la Universidad Autónoma de Puebla y actual presidente municipal de Puebla que encabezó a “los abajo firmantes” del desplegado oficial. Como el “gober precioso” también ha encontrado apoyo entre una mayoría de legisladores la última esperanza de que se haga justicia está en la Suprema Corte de la cual depende demostrar que la República todavía tiene una reserva mínima de civilidad y decencia. Sólo basta que ejerza las funciones que le asigna la ley.

Quienes critican el indudable protagonismo de la Suprema Corte pasan por alto que su brillo proviene de decisiones que contrastan con la mediocridad y la mezquindad de todos aquellos políticos empeñados en seguir protegiendo a personajes tan patéticos y siniestros como Mario Marín.

La miscelánea

El combate a la impunidad se libra en todo el país. En Coahuila, el Centro Diocesano para los Derechos Humanos que preside el obispo Raúl Vera sigue peleando contra la impunidad que envuelve como sudario a la Mina Pasta de Conchos y persiste en la exigencia de que se rescaten los cuerpos y se proteja los mineros agredidos por una empresa protegida por las autoridades (Miguel Concha hace un excelente análisis de este asunto en su columna, “Traición en Pasta de Conchos”, La Jornada, 16 de junio de 2007). Por esa batalla, una abogada del Equipo Nacional de Pastoral Laboral que defiende a los mineros, Cristina Auerbach, fue agredida en la Ciudad de México. Incidentes como éste le auguran una larga vida a los desplegados.

Kikka Roja

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