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jueves, 2 de agosto de 2007

Lorenzo Meyer

Sólo fue un recambio

Lorenzo Meyer
AGENDA CIUDADANA

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“En términos políticos, el México de hoy se asemeja demasiado al que existía antes del ‘ gran cambio’”.

Mediocridad. Allá en los años 60 del siglo pasado, fue posible imaginar el futuro colectivo como uno en donde hasta los jueces serían justos. Al concluir ese siglo ya no se pedía tanto, pero nunca se pensó que finalmente se obtuviera tan poco. El México del PAN no ha significado un gran cambio, ni siquiera un cambio, apenas un recambio donde pasado y presente son casi iguales, donde la nota dominante es la mediocridad.

Una Comparación Odiosa Pero Útil. La mediocridad política pareciera ser hoy el signo de México. Los indicadores que avalan una conclusión tan pesimista son varios, pero sobre todos ellos sobresale uno: la gran posibilidad política que se abrió en el año 2000 en torno a una auténtica modificación del rumbo histórico de la vida pública mexicana ha terminado por ser, básicamente, una gris continuidad.

Carlos Salinas, en su afán de hacer creer que su proyecto de “modernización” del autoritarismo priista era posible, logró que Estados Unidos le apoyara para que México fuera admitido al “selecto club” de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Después de todo se suponía que gracias al Tratado de Libre Comercio de la América del Norte, nuestro país estaba a punto de ingresar al “Primer Mundo”. Un resultado de llegar a la OCDE fue que, en todas las escalas de comparación entre los treinta miembros de la organización –ingreso per cápita, crecimiento económico, educación, seguridad social, esperanza de vida, etcétera-, México compartía los últimos lugares con Turquía. Sin embargo, hoy Turquía parece marchar por un camino de modernización real mientras México continúa sin encontrar ese rumbo y puede terminar por ser el paria de la organización.

En el siglo XX, tanto México como Turquía fueron clasificados como sistemas autoritarios. El turco fue creación de Kemal Ataturk cuando, tras la derrota de la I Guerra Mundial, se abolió el califato para dar nacimiento a una república laica con un partido de Estado. Hoy Turquía es una democracia real, aunque vigilada por un ejército que todavía amenaza con intervenir si las Fuerzas islámicas ponen en riesgo el carácter laico del Estado. En México, fue la Revolución Mexicana y el Partido Nacional Revolucionario los que crearon el sistema de partido de Estado que se mantuvo hasta el año 2000. Por lo que a vigilancia se refiere, en México no es el ejército sino el conjunto de poderes fácticos los que actúan no para impedir que se pierda la laicidad sino para evitar que gane la izquierda. Turquía y México están gobernados por partidos con raíz religiosa, católica la del PAN e islamista la del Partido de la Justicia y el Desarrollo (AK) en Turquía. Sin embargo, la Turquía presidida por Recep Tayyip Erdogan está creciendo a una envidiable tasa del 7.3% anual en tanto que México lo hace al 3% (el ritmo más bajo para América Latina). En Turquía la corrupción pública va a la baja, en tanto que en México sigue como siempre. Los resultados de las elecciones turcas no son puestas en duda ni por el ejército (al que no le gustan) y el partido en el Gobierno ha recibido un respaldo popular genuino; en México la situación es casi la opuesta. Obviamente no todos los indicadores político-sociales turcos son positivos ni todos los mexicanos negativos, pero no hay duda que mientras en Turquía la promesa del cambio se ha hecho realidad, México se ha hundido en un mar de contradicciones y corrupción, al punto que aquí la clase dirigente pareciera simplemente administrar el correr de un tiempo que se desperdicia sin que se concrete un proyecto positivo, aunque fuese de derecha.

El Corporativismo en Ascenso. Se supondría que la visión dominante en el PAN contemporáneo debería de ser la propia de un liberalismo bona fide. El liberalismo burgués puede o no ser democrático, pero de seguro es contrario a los monopolios y a la persistencia de ese corporativismo cardenista que por más de medio siglo le dio al PRI una gran base social, pero impidió el surgimiento del ciudadano. En efecto, el cardenismo apoyó y se apoyó en los sectores –el obrero, el campesino, el popular y al inicio, también el militar- que, a su vez, estaban asentados en una telaraña de sindicatos, ejidos, colegios de profesionistas, uniones de colonos, transportistas, etcétera. Todo este mundo corporativo lo operaban caciques y oligarquías que medio representaban a los agremiados a la vez que los controlaban y explotaban pero, sobre todo, anteponían sus intereses de minoría organizada por sobre los del amplio México desorganizado e indefenso. La derrota del PRI a manos del PAN en el año 2000 debió de significar el principio del fin del México corporativo y corrupto para permitir el afianzamiento del México de ciudadanos al que el PAN decía aspirar. No fue el caso; el dominio del PAN se ha adecuado a los intereses del corporativismo priista y antidemocrático. El ejemplo más claro y más patético de lo anterior, ha sido la relación de Vicente Fox primero y Felipe Calderón después, con el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), controlado desde hace 18 años por Elba Esther Gordillo y su grupo. Sin el apoyo del SNTE -una maquinaria política de raíz priista con millón y medio de agremiados-, Calderón no hubiera llegado a la Presidencia y hoy le es tan indispensable como el ejército para mantenerse en ella.

Ahora bien, el precio que el gremio de los profesores le cobra al actual ocupante de “Los Pinos” es alto. Por un lado, le arrancó una subsecretaría y otros puestos clave en la Administración federal pero, sobre todo, la líder del SNTE está empeñada en imponerse por sobre la encargada formal de la educación pública primaria y secundaria: la secretaria de Educación, Josefina Vázquez Mota, cuya presencia ha quedado opacada por la sombra que sobre ella proyecta Elba Esther Gordillo. Sin embargo, el precio que paga Calderón al SNTE es nada comparado con el que paga la sociedad mexicana en su conjunto, pues el gran feudo corporativo es el responsable de que se no se lleve a cabo la gran reforma que México requiere para no seguir en los últimos lugares de calidad educativa que muestran las cifras de la OCDE.

El SNTE y su estructura burocrática consumen enormes recursos públicos sin que los resultados los justifiquen. Olac Fuentes Molinar, quien fuera subsecretario de Educación y conocedor de la naturaleza del sistema educativo mexicano, no ha dudado en afirmar que: “El SNTE es uno de los grandes obstáculos para elevar la calidad de la educación del país. Quizá no es el problema único, pero el funcionamiento del sistema, la operación, la calidad educativa depende de un aparato que tiende a perpetuar las malas prácticas…El liderazgo de Elba Esther introduce una enorme dificultad para hacer cambios reales porque eso implica afectar intereses…hace muchos, pero muchos años que [los dirigentes del SNTE] no son maestros…ya no se acuerdan de cómo son las escuelas” (Emeequis, 23 de julio, 2007). La maestra Gordillo, criatura del priismo, es un obstáculo para modernizar la educación mexicana –y sin esa modernización el salto cualitativo del desarrollo mexicano es imposible- pero sin ella la Administración panista de Felipe Calderón no pareciera viable. En el contexto de nuestro actual sistema político, lo único que pareciera importar es el presente. Poner en riesgo la seguridad de ese presente para buscar el cambio y ganar el futuro no es cosa a la que estén dispuestos quienes hoy controlan los puestos de mando. Y lo mismo que ocurre con el SNTE pasa con otros sindicatos, el petrolero, por ejemplo. A esa corporación la maneja otro personaje que, como la Gordillo, también fue impulsado a la cima por Carlos Salinas: Carlos Romero Deschamps. Fox no procedió contra el liderazgo sindical petrolero pese al enorme desfalco que significó el llamado “Pemexgate” en el año 2000; es más, en el Pemex dirigido por los panistas se volvió a reeditar el atraco. La razón esgrimida por Raúl Muñoz Leos, ex director de la gran –y profundamente herida- empresa paraestatal, para darle en el año 2005 al grupo de Romero Deschamps mil 724 millones de pesos, es que eso evitó que el sindicato se hubiera ido a la huelga y el país a la catástrofe. Es por ello que Muñoz Leos reclama para sí el título de “salvador del país” y no el de chantajeado o tolerante con la corrupción, (El Universal, 29 de julio).

En Suma. Cada vez es más claro que el traslado del Poder Ejecutivo del PRI al PAN no fue un cambio sino sólo un recambio. La gran batalla por la transformación política de México, si es que alguna vez se da, aún no ha ocurrido, sigue siendo un pendiente, posibilidad para el futuro.


Kikka Roja

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