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viernes, 13 de junio de 2008

Oswaldo Sánchez, Vergara, la Hayek y Creel: Jairo Calixto Albarran

  • Oswaldo Sánchez, Vergara, la Hayek y Creel
¿Qué nos pasa? Antes del advenimiento del imperialismo de la corrección política, México solía ser un país de octavo mundo con complejos de tercera pero tolerante con los pícaros devaneos de sus próceres que, humanos al fin, tenían derecho a echar relajo sin ser condenados al juicio aterrador de la historia. En otro momento, la juerga del portero Oswaldo Sánchez que le costara unas horas ante la justicia yanqui, habría sido motivo de cotorreo y comprensión, no de linchamiento y castigo. Imagínese, Jorge Vergara, ese gran moralista, exige para el cancerbero de la Selección una lección pública y humillante, como la que el PAN le aplicó a Santiago Creel.

Oswaldo es el Santiago Creel de Vergara.

En esta tlaquepaquización de la cultura naconal, los defensores de Oswaldo y de Creel no son mejores. Al guardameta lo ponen en calidad de héroe cuando, ciertamente, ya está grandecito para ser el porterito de la fiestecita. Ahí tenemos a Manuel Espino, ex líder del PAN y presidente de la ultraderecha internacional, hablando de vendettas contra todo lo que hieda a foxismo por parte de Jelipillo y su banda TimbirIFE. Imagínense, el hombre que tiene en su organización como vicepresidente a un promotor de paramilitares de ultraderecha y que en su momento era más incómodo para Calderón que el mismísimo Peje, nos sale con que los foxistas se sienten como judíos en campo de concentración. ¿Qué pensaba Manolito, que la venganza de los nerds calderonistas no sería terrible? Así son de ingratos. La purga va a ser de tal magnitud que van a instituir el fabiruchazo a todo aquel que peque de palabra, obra y pensamiento al citar al clásico “¿Y yo por qué?”. México es un país de jarritos de Tlaquepaque.

Por eso señalan con índice de fuego a Salma Hayek y a Penélope Cruz nomás porque durante la filmación de Bandidas se hospedaron en la supuesta casa de un narco que se la rentó a la producción. Bochornoso hubiera sido que se quedaran en el rancho del Potrillo, o en el yate de Luis Miguel. Y qué me dicen de la Comisión de Derechos Humanos de Jalisco, que acusó al góber soez de andar soltando improperios impropios de tan alta investidura. Por Dios, ofenden más sus actos de gobierno que sus folclóricas leperadas. Lo grosero se le quita mandándolo a la nocturna, pero la lana que le dio a la Iglesia nomás para lavar sus pecadillos con agua bendita, ¿esa cuándo la regresa? Con razón Zedillo, que ya le urge ejercer de abuelo, dijo que no es momento para bajar las tasas de interés.

jcalixto@milenio.com

Kikka Roja

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