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viernes, 24 de octubre de 2008

Violencia contra la mujer, atraso universal: Proceso

Sara Lovera
MÉXICO, D.F., 23 de octubre (apro).- El único movimiento social superviviente del siglo XX, que consiguió enfrentar la desarticulación de las federaciones obreras, de las organizaciones internacionalistas y la caída del muro de Berlín, es sin duda el movimiento feminista, que sigue dando batallas por la dignidad y la libertad de las mujeres. Es en ese marco que el próximo fin de semana en Marrakech se celebrará el III encuentro de la Red Mediterránea de Periodistas con Visión de Género, cuya misión es hacer visible la condición de las mujeres, en un mundo donde el signo sin discusión es la violencia que impide a más de la mitad de la población ejercer sus derechos humanos.

Ningún país se salva. Y Marruecos no es la excepción, a pesar de su magia, su encanto de viejos vientos bereberes, sus hilados y tejidos que conviven con una pobreza semejante a la Latinoamericana, que provocó la continuada emigración de hombres y mujeres a Europa en las últimas décadas. Pero al mismo tiempo en Marruecos empieza a emerger un puñado de organizaciones feministas que hoy se preparan para las elecciones de 2009 y discuten los derechos sexuales y reproductivos de las marroquíes, que con velo o sin él, en una pluralidad visible, de jóvenes mujeres que controlan su motocicleta, se pasean con el novio o caminan después del anochecer por las estrechas calles de la media en Marrakech -la ciudad vieja, laberíntica- que recibe semana a semana miles de turistas.

Se habla aquí de una modernidad recién llegada. Tanto que hay congresistas, regidoras y un programa de integración de las mujeres al sistema, que en Marrakech preside un gobierno socialdemócrata. Hace poco que surgió un nuevo código de familia que intenta democratizar el núcleo básico de una sociedad multicultural, muy parecida a México --según diagnóstico del congreso de Cataluña--con un rey de menos de 50 años, Mohammed VI, casado con una profesional de la informática de 30 años y quien se deshizo del harem y anunció transformaciones sociales.

Es en este escenario que periodistas con postura feminista, discutirán cómo hacer visibles a las mujeres en los medios de comunicación, en la zona mediterránea, de rivera a rivera, tejiendo lo global de las comunicaciones que, como se sabe, reafirman el papel tradicional de las mujeres, cualesquiera que sea su país, su linaje, su cultura y su momento histórico.

El mensaje más definitivo de la "occidentalización" de los sucesores de los bereberes que todavía pueblan el nevado Atlas montañoso de esta región, fue la boda del rey, hace apenas 6 años, que se publicó en los diarios. Eso no significa que haya desaparecido la religión musulmana o que hayan callado los cantos horarios de las múltiples mezquitas de esta colorida, apabullante y magnífica ciudad, que se dice, tiene 13 mil hectáreas de zonas verdes. Las periodistas que discutirán cómo aprovechar a favor de las mujeres micrófonos, medios audiovisuales, espacios en la prensa y la inmensidad de las redes, vienen de las dos riveras del Mediterráneo, la norte y la sur, donde se afirma existe la mayor desigualdad entre esas dos realidades divididas del mundo, ese que dice Jeorge Bush que es necesario reconstruir, ese mundo capitalista que produce desigualdad, exclusión y diferencias materiales y culturales pero hoy en crisis severa.

Los descubrimientos de este diálogo lo mismo entre catalanas y palestinas, italianas y tunecinas, madrileñas y latinoamericanas -de visita--, serán amplios. Dice la realizadora cinematográfica de Cataluña, Yolanda Olmos, que al final somos las mismas, nuestra opresión y dificultades son como espejos, tanto como el feminismo que nos fortalece, nos hace organizarnos y ampliar nuestras voces. Por eso decía arriba que el movimiento feminista, que se ha querido una y otra vez hacer invisible, está hoy globalizado, es contemporáneo y está vivo, no obstante sus flujos y reflujos, porque a pesar de todo sus dos ejes están ahí: las dificultades de las mujeres para ser consideraras como humanas y su constancia en no olvidar que es urgente derribar velos materiales o mentales, discriminaciones y exclusiones, y entonces queda claro que no es el vestido lo importante, ni los prejuicios nos cuesta entender. Da lo mismo la pequeña falda o el pantalón a la cadera, que el kaftan, a todas se nos violentan y no cesa el intento de controlar nuestras vidas y nuestros cuerpos.

Las periodistas, se ha dicho en sus redes ahora también globales, se erigen y fortalecen como voceras de esta revolución inconclusa, que podría transformar al mundo. Hay quien todavía no lo entiende.


saralovera@yahoo.com.mx


Kikka Roja

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