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jueves, 20 de noviembre de 2008

Historia, el 20 de noviembre: Mito histórico "La historia es la mentira encuadernada"

20 DE NOVIEMBRE: LA REVOLUCIÓN FUE UNA FARSA, ENGAÑARON AL PUEBLO.
NO SE HAGAN BOLAS: SI ESTADOS UNIDOS LO APROBABA, ENTONCES ERA EL ENEMIGO, SIEMPRE GANARON LOS LADRONES.
TODO EL TIEMPO MEXICO EN MANOS DE RATEROS, LA DERECHA LADRONA NUNCA HA SOLTADO EL PODER.
PRI, PAN, PRD CHUCHO, son puro traidor.

LOS RADICALES DE IZQUIERDA, SIEMPRE CONTRA LOS VENDE PATRIAS
Y COMO DIJO EL FISGÓN "RADICALICENSE MUCHACHOS"

JAQUE MATE
Mito histórico
Sergio Sarmiento
20 Nov. 08

"La historia es la mentira encuadernada".

Jardiel Poncela

SEVILLA, ESPAÑA.- En la mitología oficial de nuestro país, el 20 de noviembre celebramos el aniversario de la Revolución Mexicana. Como tantos otros festejos oficiales, sin embargo, éste está hecho de mentiras.

El 20 de noviembre de 1910 fue la fecha que Francisco I. Madero estableció en su Plan de San Luis como inicio de una rebelión que no tuvo lugar. Dos días antes, tropas federales acabaron con el levantamiento que Aquiles Serdán preparaba en Puebla. El propio 20 de noviembre Madero cruzó la frontera desde Estados Unidos a Ciudad Porfirio Díaz (hoy Piedras Negras), pero al no encontrar apoyo regresó a la Unión Americana. Nada más ocurrió ese día.

En las siguientes semanas empezaron a surgir brotes de insurrección que tenían o no que ver con el Plan de San Luis. El gobierno de Estados Unidos, molesto con Díaz, apoyó estos brotes movilizando tropas a la frontera y apostando buques frente a los puertos mexicanos. Tras algunas escaramuzas, la primera gran batalla de la Revolución tuvo lugar entre el 8 y el 10 de mayo de 1911 cuando Pascual Orozco y Pancho Villa tomaron Ciudad Juárez a pesar de que Madero se oponía a ello.

De manera sorprendente, Porfirio Díaz, que no había siquiera empezado a utilizar la fuerza del Estado contra la rebelión, buscó un acuerdo con Madero. Cansado y enfermo, consciente de la hostilidad de Washington, Díaz renunció al poder y abrió las puertas a Madero.

Quizá nadie estaba más sorprendido que el propio Madero. El 25 de mayo Francisco León de la Barra asumió la Presidencia y el 7 de junio, día de un fuerte sismo, Madero entró a la Ciudad de México. El 6 de noviembre asumió la Presidencia, tras una elección en la que supuestamente recibió el voto de más del 98 por ciento de los ciudadanos.

Ahí terminó la revolución del 20 de noviembre, la revolución de Madero, quien pronto se enfrentó a la hostilidad de algunos grupos que habían apoyado su causa. Tres semanas después de la toma de protesta, el 25 de noviembre de 1911, Emiliano Zapata lanzó su Plan de Ayala en el que desconoció a Madero.

Empezó ahí la segunda etapa de la Revolución Mexicana, la etapa del caos. Pascual Orozco, reconocido como jefe del Plan de Ayala por Zapata, lanzó en 1912 su propio Plan de la Empacadora o Plan de Chihuahua contra el gobierno. Madero envió al norte al general Victoriano Huerta, quien, apoyado por Villa, derrotó a Orozco.

En la Ciudad de México surgió una nueva revuelta contra Madero, la cual liberó de la cárcel al general Bernardo Reyes y a Félix Díaz, sobrino de Porfirio Díaz, para encabezar el movimiento. Reyes murió en un intento de tomar Palacio Nacional mientras que Díaz se atrincheró en la Ciudadela. Madero recurrió nuevamente a Huerta y lo nombró comandante de plaza; pero éste se unió a los rebeldes y, con el apoyo del embajador estadounidense, aprehendió y ejecutó a Madero. Huerta se proclamó Presidente, tras un interinato de 45 minutos de Pedro Lascuráin.

Venustiano Carranza, gobernador de Coahuila, primero reconoció a Huerta pero después se levantó contra él. Tuvo el apoyo de Villa, de Pablo González y de Álvaro Obregón, entre otros generales revolucionarios. En el sur, Emiliano Zapata, quien se había rebelado contra Madero, continuó la guerra contra Huerta y mandó matar a los enviados que éste le hizo llegar.

Carranza derrotó a Huerta en parte porque Estados Unidos, con un nuevo gobierno, no quiso apoyar al general golpista, al grado que tropas estadounidenses tomaron Veracruz en 1914. Huerta renunció al poder, pero Villa y Zapata se negaron a reconocer la Presidencia de Carranza y apoyaron al general villista Eulalio Gutiérrez, nombrado Presidente por la Convención de Aguascalientes. Carranza derrotó a Villa con tropas comandadas por Álvaro Obregón y a Zapata con un contingente encabezado por Pablo González. Más importante que esto, sin embargo, fue el reconocimiento que logró de Estados Unidos, que, a punto de entrar a la Primera Guerra Mundial, quería un gobierno estable en México.

Carranza fue controlando el país poco a poco. Impulsó la Constitución de 1917, pero fue depuesto y asesinado en 1920 por Obregón, quien ocupó la Presidencia de 1920 a 1924. Obregón le dejó el poder a su subalterno Plutarco Elías Calles, pero fue reelecto Presidente en 1928, sólo para ser asesinado antes de regresar al poder.

La Revolución había diezmado a la población y arruinado la economía mexicana. Calles decidió ponerle punto final al no intentar mantenerse en el poder tras el asesinato de Obregón. Creó, con los caciques sobrevivientes, un partido de Estado. Uno de los propósitos era repartirse los despojos del poder; otro, crear instituciones que cerraran la puerta a la violencia.

Calles supo, sin embargo, que para garantizar el fin de la Revolución necesitaba crear un mito de la Revolución. Así lo hizo y hasta hoy, hipócrita o ingenuamente, festejamos este mito.

Franco

También el 20 de noviembre, pero de 1975, falleció Francisco Franco, el dictador español. Al contrario de lo ocurrido en México, las fuerzas políticas españolas estuvieron dispuestas a llegar a acuerdos. El resultado fue la creación de un régimen democrático que ha permitido que España tenga un desarrollo espectacular en las últimas tres décadas.
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