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lunes, 9 de febrero de 2009

José A. Crespo: Apología del IFE Weimar

09-Feb-2009
Horizonte político
José A. Crespo
Apología del IFE Weimar

Al ser renovado el Consejo General del IFE a raíz de la reforma constitucional de 2007, señalamos que podría bautizársele como IFE Weimar, evocando la República alemana de Weimar, la cual cayó víctima de los ataques simultáneos de izquierda y derecha, de aristócratas y clases medias, de militares y obreros. Decíamos entonces que se trataba de “un IFE que, pese a su amplio respaldo partidario, recibe hoy poca confianza de la sociedad civil” (18/feb/08). Ahora que las televisoras han arreciado su fuego sobre el IFE, los partidos políticos y los legisladores que consensuaron la reforma electoral prefieren hacerse a un lado, temerosos —una vez más— de los consorcios mediáticos. Hace apenas unos días que Denise Dresser les reclamó de frente a los legisladores que, más que representantes populares, fungían como empleados de los poderes fácticos. Habló también de “un gobierno que en lugar de domesticar a las criaturas que ha concebido, ahora vive aterrorizado por ellas” (29/ene/09). Pues por si había alguna duda, podemos ver a nuestros políticos (con sus excepciones) más preocupados por el enojo de los consorcios mediáticos que por la viabilidad de la reforma que aprobaron y del IFE que renovaron.

Por mi parte, he vertido múltiples críticas al IFE y lo seguiré haciendo cuando, a mi juicio, muestre un desempeño deficiente o sesgado (como me parece que ocurrió durante los comicios de 2006). Pero no soy partidario de atribuirle responsabilidades que no tiene. Lo cual es hoy moneda de uso corriente, incluso como estrategia meditada para debilitarlo y, con él, a la reforma electoral. Por ejemplo: frecuentemente se le atribuye al IFE tomar la decisión de otorgarle a los partidos los tres mil 600 millones de pesos que recibirán este año. No, simplemente el IFE aplica la ley que los propios partidos hicieron pensando en sus intereses (de lo cual, por cierto, no todo es para campañas, sino una quinta parte). O se dice que el IFE decidió emitir 23 millones de spots electorales. Eso lo decidieron también los partidos (pues ese número corresponde al tiempo oficial que el Estado tenía de cualquier manera, pero ahora transferido a partidos y autoridades electorales).

La actitud de los emporios mediáticos hacia el IFE cambió radicalmente apenas se supo que la reforma electoral afectaría sus intereses, al prohibir la compra de espacios mediáticos de índole político-electoral. Cuando en 2006 muchos criticamos los errores y sesgos del IFE, algunos de los voceros de los medios replicaban que no convenía cuestionar al Instituto (hiciera lo que hiciera), siendo un pilar democrático al que había que proteger. Muchos pensamos que, para fortalecer la democracia, todas las instituciones públicas y sus titulares deben ser sujetos a rendición de cuentas, vigilancia y crítica fundada. Ahora son los medios quienes ametrallan al IFE, para lo cual les vino muy bien (aunque también lo condenaran) el recambio de consejeros en 2008, pues entonces los medios pueden distinguir entre el IFE ciudadano que presidió Luis Carlos Ugalde, y el IFE partidizado de Leonardo Valdés. Sin duda el IFE se partidizó, pero no en 2008 sino desde 1996. Y es cierto, el IFE ha sido vapuleado de diversas maneras. Los partidos le dieron un golpe brutal en 2003 al quitarle lo que había sido clave de su fortaleza y equilibrio: el consenso partidario. Pero los propios partidos, habiendo decidido la renovación parcial del Consejo General en 2008, perdieron la oportunidad de inyectarle nueva vitalidad y credibilidad, al realizar un proceso de consulta amplia que resultó esencialmente una farsa. Nueva muestra de que en México somos especialistas para reventar las instituciones, incluso las que funcionan bien (o quizá por eso mismo).

Ahora el golpeteo al IFE viene de todos lados. Los ciudadanos que no nos quedamos convencidos del “triunfo inobjetable” de Felipe Calderón (y que somos aproximadamente la mitad), atribuimos parte de la responsabilidad al IFE, al que no se le devolverá la credibilidad así como así. Y los consorcios mediáticos y grandes empresarios le han declarado también la guerra al Instituto, por ser el encargado de aplicar la “reforma chavista” que afecta sus intereses económicos o políticos. Parte de ello se expresa en la determinación de las televisoras de sabotear la reforma, al generar la indignación de sus audiencias en contra del IFE, los partidos y la reforma misma. Y ya veremos qué más (pues queda claro que no pararán hasta echar abajo la reforma, que para eso tienen a sus empleados en el gobierno y el Congreso).

El silogismo utilizado por los emporios y sus personeros es el siguiente: A) “Nosotros advertimos a tiempo que esa reforma no funcionaría”. B) “Y ya ven, no está funcionando”. Es como decirle a alguien que no tome cierto camino pedregoso y al insistir aquél en irse por ahí, meterle una zancadilla para recordarle, ya en el piso: “¡Te lo dije!” La conclusión del impecable razonamiento es: “Como no funciona la ley electoral, entonces debe regresarse al esquema anterior”. Los spots que ahora molestan tanto a los medios —claro, siempre pensando en la ciudadanía— no lo eran cuando se pagaban. Los 23 millones de spots electorales, o 50 que fueran, no serían vistos por los medios como absurdos o aburridos si fueran pagados. Y si se decidiera, no doblar, sino triplicar el financiamiento de los partidos para campañas electorales —con posibilidad de comprar espacios mediáticos, como antes—, ¿les irritaría ese despilfarro de fondos? Lo dudo. Algunos de los soldados de los consorcios mediáticos suelen asegurar que “a los partidos los iguala el poder".


kikka-roja.blogspot.com/

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