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lunes, 6 de abril de 2009

Pecados electorales: José Antonio Crespo

06-Abr-2009
Horizonte político
José A. Crespo
Pecados electorales

Aunque los clérigos pueden ya ejercer su voto, están legalmente impedidos de ocupar cargos de elección
popular, lo que los hace ciudadanos de segunda.

En estos días de guardar no está por demás reflexionar sobre esos que la Iglesia católica considera “pecados electorales”. Es parte de la injerencia de la jerarquía católica en la actividad política, algo muy difícil de evitar aun en una República laica como la nuestra, dado el carácter de Iglesia de Estado que tuvo desde el siglo IV, cuando le dio rango de tal el emperador Constantino de la Cruz (a cambio de lo cual le exigió a la Iglesia nombrarlo el “décimo tercer apóstol de Cristo”). La Iglesia siempre ha insistido en emitir su opinión sobre asuntos seculares, para guiar la acción temporal de sus feligreses. Eso, en sí mismo, no me parece ilícito. Pero, dada la historia de tensiones y sangre que ha habido en México entre el Estado laico y la Iglesia católica, se ha considerado mejor que ésta no participe directamente en asuntos políticos, por la gran influencia que todavía ejerce sobre amplios segmentos sociales. En materia electoral, tal injerencia puede ser un factor de inequidad, aunque, sin duda, no el único, pues todos meten su cuchara (lícita o ilícitamente, que para eso vivimos en el país de la impunidad). Aun hoy, aunque los clérigos pueden ya ejercer su voto, están legalmente impedidos de ocupar cargos de elección popular, lo que los convierte en ciudadanos de segunda. Algo discutible en términos democráticos, sin duda. Pero las cosas no surgen por casualidad: hay razones históricas para ello, que por lo visto siguen siendo vigentes (irónicamente, Benito Juárez intentó reformar la Constitución para permitir a los clérigos ocupar cargos de elección popular, pero el Congreso lo rechazó).

Por eso mismo, la legislación electoral ha ratificado la prohibición de que los religiosos se pronuncien públicamente sobre partidos y candidatos. Claro que eso nunca ha sido un impedimento real para que los clérigos se pronuncien a favor o en contra de ciertos partidos, aunque lo hagan de manera indirecta (“no voten por los partidos que apoyen tal o cual tema”). El Cofipe estipula, en su artículo 353: “Constituyen infracciones al presente Código de los ministros de culto, asociaciones, iglesias o agrupaciones de cualquier religión: La inducción a la abstención, a votar por un candidato o partido político, o a no hacerlo por cualquier de ellos, en los lugares destinados al culto, en locales de uso público o en los medios de comunicación”. Pero el IFE, según el artículo 355 del Código, no puede establecer sanciones a dicha infracción, sino solamente “informar a la Secretaría de Gobernación para los efectos legales conducentes”. Es decir, ninguno.

Incluso, y para dar mayor fuerza a sus posturas, desde hace algunos años la jerarquía católica mexicana ha desarrollado una especie de “decálogo electoral”, una suerte de “tabla mosaica” que estipula lo que no debe hacerse en la jornada electoral, so pena de incurrir en un pecado (aunque nunca me ha quedado claro si es venial, mortal o sacrilegio). Me cuesta imaginar a Moisés o a Jesucristo preocupados por el sentido del voto de sus fieles y seguidores, cuando ni siquiera había democracia en su sociedad. Pero no podrá decirse que la Iglesia no se adapta a los cambios sociales (bueno, no a muchos). Como sea, los principales preceptos de dicho decálogo electoral son, palabras más o menos:

A) “No te abstendrás de votar”. Hay que ir a las urnas y participar electoralmente, como quien va a misa.

B) “No votarás por un partido o candidato que proponga iniciativas o ideas que vayan contra la doctrina y los preceptos de la Iglesia católica”. En tal categoría están aquellos partidos que proponen, por ejemplo, la despenalización del aborto, las sociedades de convivencia homosexual, la eutanasia, la liberalización de las drogas y otros anatemas. En alguna de tales propuestas incurren el PRD, el PT, el PC y el PSD. Con lo cual, la Iglesia deja ya pocas opciones a sus feligreses.

C) Recientemente se incluyó otra prohibición al índice de pecados electorales: “No votarás por cualquier partido que retrase o se oponga a la aprobación de las iniciativas que buscan combatir y perseguir a los cárteles de la droga”. Evidentemente, este último edicto tenía dedicatoria: el PRI, según el PAN, porque había retrasado la aprobación de la iniciativa enviada por Felipe Calderón para mejor combatir al crimen organizado. Había razones para ello: se buscaba evitar el abuso del poder y la violación de garantías individuales en que se podía incurrir a partir de la iniciativa del Ejecutivo. Lo cual no creo que preocupe demasiado a los prelados católicos (aunque sí a muchos sacerdotes que se toman en serio el Evangelio). Por otro lado, la Iglesia se ha opuesto a la pena de muerte, de lo cual puede inferirse que, quienes voten por el Partido Verde, promotor de dicha pena (en contrasentido con lo que, se supone, es su ideario esencial), también incurrirán en un pecado electoral.

Entonces, a los católicos que no quieran cometer pecado ni contravenir la voluntad del Cielo en materia electoral (de gran trascendencia espiritual, sin duda), quedarían tres opciones electorales; 1) votar por el PAN; 2) votar por el PANAL; 3) concurrir a las urnas, pero anular el voto. En este último caso no se incurriría en el pecado de abstención, pero tampoco en el de votar por algún partido que promueva posiciones distintas de las de la Iglesia, por la sencilla razón de que no se estaría sufragando por ningún partido en absoluto. Eso, desde luego, en tanto la Iglesia no incluya en su decálogo electoral el mandamiento: “No anularás tu voto”, lo que no extrañaría, dado que la diferencia entre la nulidad del voto y la abstención es sutil. Por lo cual, es de suponer que millones de mexicanos, católicos o no, incurrirán en alguno de estos pecados, pero esperemos que sean susceptibles de ser perdonados mediante la penitencia correspondiente.


kikka-roja.blogspot.com/

1 comentario:

  1. la iglesia no condena la pena de muerte. realmente , la avala

    http://ideasdej.blogspot.com/2009/04/disparad-pero-disparad-sin-odio.html

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