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viernes, 12 de junio de 2009

Lorenzo Meyer, en El Colegio de México: entrevista con La Jornada

  • El investigador coordinó, con Ilán Bizberg, Una historia contemporánea de México
  • Suponer que con las elecciones habrá renovación, es mucho creer: Meyer
  • El voto de castigo es una fórmula pacífica para manifestar el desacuerdo ciudadano por la circunstancia actual, advierte
  • Con Felipe Calderón seguimos sin avanzar, señala
Ericka Montaño Garfias

Suponer que las elecciones del 5 de julio renovarán el panorama político mexicano, que abrirán una puerta nueva, interesante, es tener muchas ganas de creer y no hacerle caso a la experiencia de un país en el que la clase política ha fallado al igual que las instituciones, afirma el historiador Lorenzo Meyer, quien ve en el voto de castigo una fórmula pacífica para expresar el desacuerdo con la situación actual.

Meyer, profesor e investigador del Centro de Estudios Internacionales (CEI) de El Colegio de México (Colmex), coordinó, al lado del historiador Ilán Bizberg, los cuatro volúmenes que hasta ahora integran Una historia contemporánea de México, que va de 1968 a 2006 y en el que participaron más de 30 especialistas.

Aquí están parte de las razones de por qué estamos donde estamos, pero de estas páginas no se desprende que vaya a haber tiempos mejores. Existen sociedades que no mejoran y desgraciadamente no se puede estar cierto de que el futuro nos depare algo mejor.

Gran frustración en 2006

Se prometió mucho, dice Meyer en entrevista con La Jornada: El 68 es la crisis política del sistema autoritario y se suponía que el 2000 era el principio de un nuevo mundo, de un nuevo horizonte para México, pero no lo fue. El 2006 menos, más bien, fue una gran frustración.

El Estado mexicano sigue siendo débil, el régimen sigue aspirando a ser democrático, pero no lo logra, y en cuanto a los gobiernos, realmente hay algunos fallidos completitos, como el de Fox.

Con Felipe Calderón, añade, “seguimos sin avanzar. El arranque, tan falto de legitimidad de 2006, de ganaron ‘haiga sido como haiga sido’. No se puede ganar así y esperar un buen resultado”.

Ahora la parte más políticamente activa de la sociedad mexicana está dividida, sin consenso, “y pareciera que unas fuerzas se neutralizan con otras. Es una sociedad descreída, pero no tanto como debiera. Me llama la atención que la esperanza se renueva, no sé por qué, a lo mejor siempre existe la necesidad de creer, pero los frentazos son tan seguidos que ese instinto de esperanza de ‘ahora que pase este gobierno, este sexenio’, cada vez se desgasta más.

“Vamos a ver qué sucede con las elecciones, creo que ya quedó muy poco en el depósito de la esperanza y suponer que los comicios renovarán en algo, que van a abrir una puerta nueva, interesante, es tener muchas ganas de creer, y no hacerle caso a la experiencia. Creo que ha fallado la clase política en su conjunto.

Pienso votar usando el espacio que está en blanco, pero lo llenaré con algún nombre, añade Meyer, cuyo libro más reciente es Petróleo y nación (1900-1987): la política petrolera en México.
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Lorenzo Meyer, ayer, en El Colegio de México, durante la entrevista con La JornadaFoto Carlos Cisneros

Mejor lo simbólico que la nada

El no ejercicio del voto tradicional se da ante la falta de una opción entre los partidos políticos. “Se parecen mucho, es una clase política muy parasitaria y el voto de castigo es apenas una posibilidad pequeñísima, es muy simbólico, pero mejor lo simbólico que la nada. Por lo menos que no me vean la cara de idiota, no puedo hacer nada, pero no les voy a dar mi voto. No puedo hacer más que expresar mi desacuerdo, desencanto, frustración y enojo por esa vía, pues es la única.

Hay otras formas. Desde luego, tradicionalmente en México está la violencia, pero por ahora no veo que vayamos a preparar una nueva revolución, entonces es una nueva fórmula pacífica, no muy prometedora, pero es lo que está a nuestro alcance.

–¿Qué nombre pondrá en ese espacio en blanco?

–Estoy entre varios. El líder político que más me agrada es Andrés Manuel López Obrador. También un nombre que es un poco cursi, pero no está mal eso de Esperanza Marchita, porque así se cumple con poner nombre y apellido. Pero como sea, esta coyuntura es muy desagradable, porque México no ha crecido en más de un cuarto de siglo. En eso no hay vuelta de hoja.

Cambiar las instituciones tampoco sirve, advierte, porque se trata de algo más profundo: el material humano con el que están abastecidas esas instituciones. No sé dónde quedó la ética en el país, no sé si alguna vez fue importante, y entonces queda un sentimiento de salvación individual, de cada quien sálvese como pueda. Y entonces, ¿dónde queda el proyecto colectivo? Se puede hablar de él, pero como es claro que lo que se está haciendo es un proyecto personal y de grupo, ni quien crea en él.

Los cuatro tomos de Una historia contemporánea de México (Océano), son Transformaciones y permanencias; Actores; Las instituciones, y Las políticas, los cuales se presentarán a manera de seminario en Colmex, en lo que el director del CEI, Gustavo Vega, adelantó como un debate de las transformaciones del país desde finales de los años 60 del siglo pasado hasta hace tres años.

Los volúmenes permiten ver que hay muchos problemas por encarar y no se resolverán sin la atención a problemas estructurales.

El seminario comienza el martes 16, a las 18 horas, en la sala Alfonso Reyes de esa institución, y continuará el miércoles y jueves a partir de las 10 horas. Informes en la página electrónica www.colmex.mx/centros/cei/

kikka-roja.blogspot.com/

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