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lunes, 16 de abril de 2012

Obama y la pérdida de influencia de EU

Obama y la pérdida de influencia de EU
Lunes 16 de abril de 2012
Jorge Ramos y José Vales Enviados | El Universal

CARTAGENA DE INDIAS, Colombia.— Nunca antes una cumbre con tan pocos resultados como esta pudo calificarse de “histórica”, como la que acaba de terminar ayer aquí. Nunca antes un presidente estadounidense se sometió con tanta “paciencia”, como coincidieron todos los presidentes, a escuchar todos los cuestionamientos a dos de los ejes fundamentales de la política exterior estadounidense para la región: la lucha antinarcóticos y Cuba.

En ambos casos, el presidente de EU, Barack Obama, pudo experimentar en carne propia hasta dónde llega el descenso de la influencia de EU en la región. No obstante, dejó una frase para analizar: “estamos emocionados” por lograr la integración con América Latina. Pero esa integración sigue estando un poco lejos.

Fue justamente el presidente colombiano, Juan Manuel Santos, quien abrió fuego el sábado y curó también los rasguños políticos con los que Obama regresó a Washington.

“Fue una reunión muy abierta y en ningún momento vi al presidente Obama molesto. Creo que tenemos por desarrollar proyectos ambiciosos”, dijo Santos.

Es cierto que no hubo consenso. No podía haberlos cuando los temas en los que derivó la agenda afectan la política estadounidense para la región. “Si Obama no tuviera que enfrentar elecciones en noviembre creo que otra hubiera sido la historia, porque si algo quedó claro aquí es que hay un cambio de época en la relación con Washington”, explicaba ayer un canciller andino.

Ya nada es igual. En América Latina hay países que crecen en democracia, otros que además se erigen en líderes regionales y unos cuantos que apoyaron las sanciones a Honduras, cuando el golpe de Estado contra Manuel Zelaya, pero reclaman el levantamiento de las sanciones a Cuba, bajo la lógica rotunda del anacronismo. Todo, para ser sinceros, mientras se muestra o se esconde la Carta Democrática de la OEA de acuerdo a la ocasión.

Venezuela pasó políticamente desapercibida en esta cumbre. No ya por la enfermedad que aqueja a un animador permanente de este tipo de eventos como es Hugo Chávez, sino porque el chavismo ve decaer también su estrategia por su propio peso. Es hoy un otrora aliado de Chávez, Ollanta Humala, el que apoya la postura de Estados Unidos de no innovar en materia de lucha contra el narcotráfico. Y es un militar derechista como Otto Pérez Molina quien levantó la voz en una cruzada contra esa política, ubicándose incluso a la izquierda de Chávez.

Son los dilemas de estos tiempos los que permiten explicar el nuevo rol de un Santos cuyo pragmatismo lo llevó a hacer equilibrio entre posturas. Cuestionando a EU como nunca antes un presidente colombiano lo había hecho y peleando puertas adentro contra el uribismo que lo llevó al poder. Santos fue el único de los presidentes latinoamericanos a los que esta cumbre le redituó en serio. Hasta aprovechó la tribuna para hacer saber a las FARC, que no le “temblará la mano para hacer la paz”, como no le tembló cuando era ministro de Defensa para hacer la guerra.
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