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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Thomas Piketty Conferencia, COLMEX video en MEXICO EL CAPITAL DEL SIGLO XXI un libro revolucionario el colegio de México Conferencia Magistral "El Capital en el siglo XXI" por Thomas Piketty

Thomas Piketty Conferencia, COLMEX video en MEXICO EL CAPITAL DEL SIGLO XXI un libro revolucionario el colegio de México Conferencia Magistral "El Capital en el siglo XXI" por Thomas Piketty 

POR LA DESIGUALDAD SE HACEN LAS REVOLUCIONES Y LOS RICOS NO APRENDEN







El capital en el siglo XXI  Sobre Thomas Piketty y la desigualdad como destino manifiesto
Paula Bach
Economista, Instituto de Pensamiento Socialista Karl Marx. Segundo en la lista de bestsellers de Amazon y tercero en la lista de The New York Times; según The Guardian: “Llevarlo debajo del brazo se ha convertido en la nueva herramienta de conexión social en ciertas latitudes de Manhattan”.
El libro al que algunos consideran como la contratara del fenómeno Fukuyama y al que sugestivamente se conoce como “Capital” en Estados Unidos, desató un apabullante abanico de críticas provenientes de todas las comarcas de la teoría económica. No por casualidad en un contexto de vacío ideológico de la teoría económica burguesa abierto por la crisis de 2008, el libro de Piketty, centrado en el análisis de la dinámica de la desigualdad en el capitalismo, se transformó en un hecho político con epicentro en el mundo anglosajón y particularmente en Estados Unidos.
Una maquinaria productora de desigualdad Si algo tiene de sorprendente el trabajo de Piketty, tratándose de un economista que sigue los postulados del mainstream, es la identificación del capitalismo con una maquinaria intrínsecamente productora de desigualdades a través de una exhaustiva investigación empírica que abarca desde el siglo XVIII hasta nuestros días. A más de un siglo del famoso debate al interior de la Socialdemocracia alemana y aún sin quererlo, Piketty demuestra con datos contundentes que la razón estaba del lado de los marxistas que, como Rosa Luxemburgo, enfrentaron duramente al revisionismo de Bernstein1 que entre otras varias cuestiones sostenía que el capitalismo avanzaba hacia una mayor distribución de la propiedad y hacia una disminución progresiva de las contradicciones sociales.

La idea que resalta insistentemente el autor alrededor de las casi mil páginas de la edición original
en francés, es que a lo largo de toda su historia el capitalismo muestra una clara tendencia a incrementar los patrimonios privados, concentrando la propiedad en un polo e incrementando recurrentemente las desigualdades sociales. Solo grandes shocks como las dos guerras mundiales del siglo XX, la revolución rusa de 1917 y la crisis de los años ‘30 establecieron –como excepción histórica– un límite a la desigualdad que retomó su curso ascendente durante las últimas décadas, tendiendo a recuperar en el presente siglo los niveles paradigmáticos de la Belle Époque
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Piketty señala que entre 1900 y 1910 los patrimonios privados alcanzaban un valor promedio cercano a 7 y 5 años de ingreso nacional en los principales países europeos y en Estados Unidos, respectivamente. En un contexto de crecimiento económico-poblacional promedio relativamente bajo –que considera la norma del capitalismo–, se delinea un capitalismo patrimonial rentístico en el que el incremento de la desigualdad probablemente hubiera proseguido hasta niveles inimaginables de no ser por la sucesión de shocks de 1914/45. Luego de este período y como subproducto de la destrucción directa provocada por las guerras, ---
 sigue aqui http://www.rebelion.org/docs/187095.pdf

http://www.fondodeculturaeconomica.com/subdirectorios_site/gacetas/jul_2014.pdf

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MARX: EL PRINCIPIO
DE ACUMULACIÓN INFINITA
Cuando Marx publicó en 1867 el primer tomo de El capital, es decir exactamente medio siglo después de la publicación de los Principios de Ricardo, había ocurrido una profunda evolución de la realidad económica y social: ya no se trataba de saber si la agricultura podría alimentar a una población creciente o si el precio de la tierra aumentaría hasta las nubes, sino más bien de comprender la dinámica de un capitalismo en pleno desarrollo.
El suceso más destacado de la época era la miseria del proletariado industrial. A pesar del desarrollo
— o tal vez en parte debido a él — y del enorme éxodo rural que había empezado a provocar el incremento de la población y de la productividad agrícola, los obreros se apiñaban en cuchitriles. Las jornadas de trabajo eran largas, con sueldos muy bajos. Se desarrollaba una nueva miseria urbana, más visible, más chocante, y en ciertos aspectos aún más extrema que la miseria rural del Antiguo Régimen. Germinal, Oliver Twist o Los miserables no nacieron de la imaginación de los novelistas, ni así lo hicieron las leyes que en 1841 prohibieron el trabajo de niños menores de ocho años en las manufacturas en Francia, o el de los menores de 10 años en las minas del Reino Unido en 1842. El Cuadro del estado físico y moral de los obreros empleados en las manufacturas, publicado en Francia en 1840 por el Dr. Villermé y que inspiró la tímida legislación de 1841, describía la misma realidad sórdida que  La situación de la clase obrera en Inglaterra,
publicado por Engels en 1845.

De hecho, todos los datos históricos de los que disponemos en la actualidad indican que no fue sino hasta la segunda mitad — o más bien hasta el último tercio — del siglo xix cuando ocurrió un incremento significativo del poder adquisitivo de los salarios. De la década de 1800-1810 a la de 1850-1860, los salarios de los obreros se estancaron en niveles muy bajos, cercanos a los del siglo xviii y los siglos anteriores, e incluso inferiores en algunos casos. Esta larga fase de estancamiento salarial, que se observa tanto en el Reino Unido como en Francia, es impresionante particularmente debido a que el crecimiento económico se aceleró durante ese periodo. La participación del capital — benefi cios industriales, renta del suelo, rentas urbanas — en el producto nacional, en la medida en que se le puede estimar a partir de las fuentes imperfectas de las que disponemos hoy día, se incrementó fuertemente en ambos países durante la primera mitad del siglo xix.4
Disminuiría ligeramente en los últimos decenios del siglo xix, cuando los salarios se recuperarían parcialmente del retraso en su incremento. Sin embargo, los datos que reunimos indican que no hubo disminución estructural alguna de la desigualdad antes de la primera Guerra Mundial. En el transcurso de 1870-1914, en el mejor de los casos se presenció una estabilización de la desigualdad en un nivel muy elevado, y en ciertos aspectos una espiral inequitativa sin fi n, en particular con una concentración cada vez mayor de la riqueza. Es muy difícil decir a dónde habría conducido esta trayectoria sin los importantes choques económicos y políticos provocados por la defl agración de 1914-1918, que a la luz del análisis histórico, y con la retrospectiva de la que disponemos hoy día, se revelan como las únicas fuerzas que podían llevar a la reducción de las desigualdades desde la Revolución industrial.
Lo cierto es que la prosperidad del capital y de los beneficios industriales, en comparación con el estancamiento de los ingresos destinados al trabajo, era una realidad tan evidente en la década de 1840-1850 que todos estaban perfectamente conscientes de ello, aún si en ese momento nadie disponía de estadísticas nacionales representativas. Es en este contexto donde se desarrollaron los primeros movimientos comunistas y socialistas. La pregunta central es simple: ¿para qué sirvió el desarrollo de la industria, para qué sirvieron todas esas innovaciones técnicas, ese trabajo, esos éxodos, si al cabo de medio siglo de desarrollo industrial la situación de las masas siguió siendo igual de miserable, sin más remedio que prohibir en las fábricas el trabajo de los niños menores de ocho años? Parecía evidente el fracaso del sistema económico y político imperante.
Esto llevó a plantearse la siguiente pregunta: ¿qué se puede decir de la evolución que tendría semejante sistema a largo plazo? ....

kikka-roja.blogspot.com

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