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miércoles, 16 de enero de 2008

Exposicion Leonora Carrington: el lente del talismán

  • La muestra se abrirá el 7 de febrero en el Anexo de la Galería Frey Norris, San Francisco
  • Preparan la exposición Leonora Carrington: el lente del talismán
  • El catálogo contiene relatos alusivos a las obras escritos por Gabriel Weisz Carrington
  • “Me propuse meterme en el universo de lo visual de cada cuadro”, señala el hijo de la pintora
Merry MacMasters
Ampliar la imagen La artista plástica Leonora Carrington durante la inauguración de la exposición Campanas, en 2005 Foto: Marco Peláez

Leonora Carrington: El lente del talismán, exposición antológica de alrededor de 20 pinturas, sobre tela y papel, que a partir de los años 40 abarca cuatro décadas y media de su producción, así como fotografías y documentos personales, que será inaugurada el 7 de febrero en el Anexo de la Galería Frey Norris, en San Francisco, California, la muestra se acompaña de un catálogo que comprende igual número de “pequeños relatos” del escritor Gabriel Weisz Carrington, hijo de la pintora, así como un ensayo del especialista Ara H. Merjian.
De acuerdo con Weisz Carrington, el título de la muestra y de su respectivo catálogo “rompe con la idea de que un lente es sólo un aparato científico, entonces, se acercaría un poco a lo mágico cuando se habla de lo talismánico (el título en inglés es The talismanic lens)”. Con sus textos se ha propuesto “meterse en el universo de lo visual de cada uno de los cuadros”, a fin de evitar la interpretación. “No me gusta cuando la gente interpreta algo, porque hace que el objeto se calle, enmudezca”, expresa el entrevistado.

–Dado su parentesco, ¿resultaría difícil que usted le explicara a la gente lo que dicen los cuadros?

–No me gustaría ni podría, porque a final de cuentas ningún cuadro es la persona, como ningún poema realmente es quien escribe. Son mundos que se parecen al individuo, pero que no tienen realmente una relación directa con él.

“Entonces, sería pretencioso, por un lado, tratar de interpretar el mundo de otra persona, es prácticamente imposible, lo vemos en las relaciones humanas. Pero, en este caso, son maneras de poder comunicarse, porque el arte también es otro medio de comunicación.

“Por medio del arte se establecen estos puentes de comunicación, pero, también por otro lado, se crean mundos. Entonces, esta creación de mundos, tanto desde el punto de vista pictórico como del poético, son universos que de alguna manera nos pueden parecer interesantes si es que los podemos recorrer, ya sea visual o verbalmente. A fin de cuentas, cuando hacemos un viaje verbal también es visual.”

Gabriel Weisz creció rodeado de la obra de su progenitora, pero en qué momento se preguntó, “¿por qué mi mamá hace eso?

“Lo que sucede es que uno nace rodeado de un ambiente determinado. Mi madre hizo unos murales en nuestro cuarto de juego. Y allí el mundo que nos relataba –también nos contaba cuentos– formaba parte de este medio más bien natural que sobrenatural. Cuando te empieza a rodear ese mundo y es parte de tu existencia, sólo lo ves distinto cuando lo comparas con otras casas. Allí me percataba de que no todo el mundo pintaba ni contaba historias.”

–¿Se consideraba afortunado o sentía que su familia era diferente?

–Lo que resultaba era que finalmente el mundo, digamos imaginario, era una parte relevante. Pero luego ese mundo imaginario no tiene repercusiones muy visibles en el cotidiano” porque hay que enfrentarse con la comida, con la vida. Es muy difícil separar una cosa de la otra.

–¿El hecho que su madre le haya contado cuentos influyó en su interés por escribir?

–Probablemente tuvo una importancia muy grande, pero al principio yo no quería hacer nada de eso. Más bien quería estudiar medicina, después antropología. Uno al principio busca exactamente lo opuesto. Luego, me empezó a interesar la literatura; en casa se leía mucho, pues, uno como a veces imita a los adultos, empecé a leer bastante también.

–¿Cómo se siente escribiendo sobre la obra de su madre?

–Al principio es difícil debido a la dificultad de separar a la persona de la obra. Digamos, la relación personal con la relación con un artista. Entonces, claro, las primeras veces que escribía sobre mi madre fue difícil ver cuál era ese mundo que en un momento resultaba tan importante para configurar un imaginario en el arte aquí en México.

“Me vine despertando ante esta situación ya después de años de estar viendo qué era lo que sucedía con los cuadros de mi madre en México y en el mundo también, porque a final de cuentas es una artista que ha sido reconocida por muchos lugares.

“Pero la manera de escribir finalmente era la que empezó a molestarme, el interpretar un mundo. Decía, por qué interpretar ese mundo, no es un mundo que me pertenece, no es un mundo realmente que le pertenezca a nadie. Entonces, por qué no dejar que ese mundo hable por sí mismo. Por eso decía que empecé a escribir de una manera completamente distinta cuando se trataba de escribir sobre los cuadros de mi madre.”

–Obviamente, a Leonora le gusta que escriba sobre su obra.

–Sí, porque es una manera de comunicarse, claro, a un nivel distinto, porque se trata de comunicarse con algo creativo. Lo hemos hecho en otras situaciones. Por ejemplo, cuando escribimos un libro de poesía llamado The dark book (El libro oscuro), ella hacía los dibujos y yo los textos, allí había una posibilidad de comunicación distinta a la que ocurría después. “En el caso de la presente exposición fue diferente, porque les pedí que me facilitaran las imágenes de los cuadros para que pudiera verlos y mediante eso surgieron los textos. En el otro caso no fue así. “Allí lo difícil es no hacer algo evidente con lo que uno está mirando, sino hacer que los personajes de pronto habiten el texto. No es como una copia de lo que está viéndose, sino es un poco darle vida, darle voces, vida verbal. Aunque por supuesto tiene una vida pictórica.”


Kikka Roja

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