Distrito Federal– Hace menos de una semana, en el cuartel general de la campaña de Josefina Vázquez Mota, no estaban seguros de lo que iba a suceder el día de la elección para definir la candidatura presidencial. Había sido un cierre terrible. Las grabaciones difundidas en la última semana, eran lo de menos. Antes, funcionarios que la apoyaban fueron obligados a votar por Ernesto Cordero. Los gobernadores repartieron recursos a los jefes políticos panistas en sus estados para garantizar la movilización durante la jornada dominical y, todavía más, hubo zonas donde se llegó a pagar hasta mil 500 pesos por cada voto. El aparato del PAN estaba en movimiento, y la derrota de Vázquez Mota, en su casa de campaña el viernes, era una posibilidad cercana.
Tanto, que dos veces por intermediarios y una directamente, Vázquez Mota tuvo contacto con el candidato de la izquierda Andrés Manuel López Obrador, para hablar en términos de una posible incorporación de ella a su equipo. El último contacto fue telefónico el sábado previo a la elección, lo que provocó el análisis en el equipo de López Obrador si estaba muy desesperada para hablar ese tipo de cosas por una línea insegura, o si era una táctica para que lo escucharan donde debían de oír. El domingo, sin embargo, hubo otra realidad. Salieron “josefinistas del clóset” –en palabras de la misma Vázquez Mota–, y aplastaron a Cordero. Estados con los que contaba Cordero –Baja California, Guanajuato y Jalisco–, se volcaron por ella. En asientos del capital –Nuevo León y Estado de México–, Vázquez Mota tuvo importantes avances o victorias, como también lo fue un sorprendente triunfo en el Distrito Federal, donde todos los líderes panistas con historia en la capital, estaban con Cordero.







