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martes, 20 de marzo de 2007

Guadalupe Loaeza

Un correo sorpresivo

Guadalupe Loaeza
No fue sino hasta cuando abrí mi correo de Yahoo que me percaté que entre decenas de correos recibidos el mismo día 15 de marzo, había uno muy especial. Al principio pensé que se trataba de una broma, pero al leer el contenido, la sintaxis con la que estaba escrito, y dos errores de dedo que tenía, me dije que no podía ser de nadie más, más que de quien lo había enviado. Le respondí de inmediato y de la manera más respetuosa. No podía ser de otra forma, tratándose de quien era. Por otro lado, confieso que nunca imaginé que fuera uno de mis lectores, especialmente en estos momentos. Tengo entendido que está viajando mucho últimamente. Claro que pudo haberme enviado el correo electrónico desde donde se encontrara, pero de todas maneras, no dejó de sorprenderme. Cuando digo que me sorprendió sobremanera es que tenía entendido que a él no le gustaba mucho leer los periódicos. De ahí que me hubiera halagado doblemente que en su correo se hubiera referido, concretamente, a mi más reciente colaboración. Eso es lo maravilloso del periodismo, cuando una envía su texto, es como si lo lanzara en una botella hacia un mar infinito; una nunca sabe en manos de quién caerá. He allí el enigma que provoca cada lector o lectora, por eso me gusta estar en contacto con ellos y ellas a través de los correos electrónicos.

Me gusta descubrir la forma en que piensan y su reacción ante los diversos temas que abordo en los editoriales. Los lectores que más me estimulan son aquellos que me escriben del extranjero. Tengo una lectora mexicana que vive en Australia, otra, en Buenos Aires y muchos, y muchas que radican en Estados Unidos. Decía Julio Cortázar que lo más importante para un escritor era tender puentes con los lectores y eso que el autor de Rayuela nunca conoció el correo electrónico. Ahora, gracias a la tecnología de las comunicaciones, esos puentes de los que hablaba Cortázar se pueden tender al instante y por todas partes del mundo. ¡Bendito internet que me permite comunicarme cada vez que abro mi correo con la y el lector anónimos! He de decir, por otro lado, que el lector que me envió el correo que enseguida transcribiré, ciertamente, no tiene nada de anónimo. ¡Al contrario, todo el mundo lo conoce por eso, repito, me llamó tanto la atención! Para mí que lo escribió a escondidas, ya que siempre me ha quedado clarísimo que le caigo muy mal a su esposa. Es evidente que no tiene porqué contarle todos los correos que envía ni que recibe, pero algo me dice que su mujer sí husmea en su buzón electrónico. Ay, pobre, ha de ser horrible estar siempre bajo la lupa de la pareja. Controladora como es su señora, seguro se sabe el password de su marido, que de hecho ha de ser el nombre propio, en diminutivo, de su esposa, o bien, el de su nieto o el de uno de sus caballos, tiene ¡tantos!

Es que a él le encanta montar, bueno también es muy amante de la naturaleza, pero sobre todo de dar pláticas alrededor del mundo. Por eso, estos últimos meses ha estado viajando tanto, lo invitan para escuchar sus sabios conceptos a propósito de los procesos democráticos en América Latina. Qué tan bueno será que hasta le llegan a pagar 50 mil dólares por conferencia. Obviamente no va solo, siempre viaja con su esposa. A veces los contratan a los dos y mientras uno habla, el otro pide aplausos, y así se van intercalando, hasta que se despiden del auditorio, con grandes sonrisas y tomados de la mano. Dicen que los ovacionan mucho. Ha de ser porque los norteamericanos aplauden cualquier cosa. Pero vayamos al correo electrónico de marras que tanta sorpresa me causó. Sé que me he tardado en darles a conocer al autor y su contenido. Reconozco que antes de entrar en cualquier materia, tengo tendencias a darle muchas vueltas al asunto. Siempre me pasa lo mismo, sobre todo cuando platico por teléfono con mis amigas; comienzo con un tema y termino hablándoles de algo totalmente distinto. De ahí que constantemente interrumpa la conversación para preguntar: "oye, ¿de qué estábamos hablando?". También soy de las que interrumpo, constantemente, a mi interlocutor. En otras palabras, resulto ser una conversadora exasperante. Ahora sí déjenme transcribirles el correo: "Estimada Guadalupe: "Me encataría (sic) ampliaras tus comentarios conmigo acerca de tu artículo publicado en el Reforma en donde afirmas que los ex presidentes no saben ni cómo despedirese... (sic). "Espero merezca tu atención "Atentamente "Vicente Fox".

Repito, sinceramente me dio mucho gusto que me escribiera el ex presidente y aprecié, en todo lo que vale, que se interesara por comentar precisamente el artículo en el cual me refiero al discurso de despedida que dio Jacques Chirac. Si me di a la tarea de traducirlo y de transcribirlo en su totalidad, fue para mostrar, en primer lugar, la pasión patriótica, la dignidad y el amor por su país que tiene el presidente de Francia. Y en segundo, para hacer hincapié en la tolerancia y respeto a las diferentes formas de pensamiento que manifiesta Chirac en relación a las campañas presidenciales que se llevan a cabo en estos momentos. Así lo dijo: "Respecto al calendario electoral, ya tendré ocasión de expresar mi elección personal". Pero en ningún momento, el presidente francés apunta cosas tan poco subliminales como solía hacer Fox en plena campaña presidencial de nuestro país: "Hay que cambiar de jinete, pero para qué cambiar de caballo, si el caballo va caminando bien" (18 de abril del 2006), o "más vale paso que dure y no trote que canse". Respecto a la tolerancia, Chirac fue muy claro al decir: "Francia debe defender la tolerancia, el diálogo y el respeto entre los hombres y entre las culturas, frente al riesgo del choque de civilizaciones y frente al incremento de extremismos netamente religiosos". Y más adelante afirma que: "Antes que nada jamás transijan ante el extremismo, el racismo, el antisemitismo, o el rechazo del otro". Habría que explicarle a Fox que cuando se da por terminado un mandato, hay que respetar a su sucesor evitando incurrir en cualquier declaración que dañe o que lesione la investidura del nuevo presidente.

No hay duda de que Fox no se quiere despedir y por eso aprovecha cualquier pretexto para decir lo que dijo respecto a las últimas elecciones presidenciales: "Tuve que retirarme (del desafuero) y perdí. Pero 18 meses después, me desquité cuando ganó mi candidato". Los genuinos hombres de Estado no se "desquitan" y si lo hacen no lo confiesan. Los genuinos hombres de Estado sí saben despedirse, no son toreros... Y por último, los genuinos hombres de Estado lo son porque no dejan a su país al borde del caos...
Correo electrónico: gloaeza@yahoo.com


Kikka Roja

1 comentario:

  1. Creo que esta vez si estoy en desacuerdo amiga; Fox si se quiere ir dignamente, como buen presidente.

    Sin embargo el unico problema es su lengua, esa lengua suya no lo deja irse. Jajaja

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