Carlos Fernández-Vega
Lo mejor de la elección interna del PAN es que Ernesto Cordero mordió el polvo, y ahora tendrá que conseguir una chamba de 6 mil pesos para poder pagar el crédito de su casa y del coche, así como las colegiaturas de sus niños, y de paso los dientes de su comercial televisivo. Lo peor, que ante la aplastante evidencia, la dirigencia blanquiazul fingió no darse cuenta de que la verdadera, única y ostentosa triunfadora del proceso no fue Josefina, sino la abstención, pues de cada cien militantes y adherentes sólo 27 acudieron a las urnas, según cifras oficiales. Tal balance obligaba a la dupla Gustavo Madero-José Espina a desechar el ejercicio dominical y, por ende, a convocar a un nuevo proceso. Que apenas 27 por ciento del universo de votantes blanquiazules decida quién es el ungido, no es precisamente una muestra democrática.
Se supone que el único objetivo de las campañas de los tres tristes precandidatos panistas –todos sobrinos de Vicente-Calderón– fue convencer a la militancia y a los adherentes de ese partido político para que se inclinaran por alguna de las tres fórmulas registradas, sensibilizarlos y convencerlos de que sus respectivas propuestas eran las mejores, la neta del planeta. Pero resulta que la multimillonaria inversión que hicieron Hugo, Paco y Luisa, en el mejor de los casos, sólo persuadió a uno de cada cuatro ciudadanos vestidos de blanco y azul, algo que ni lejanamente permite afirmar que la jornada electoral interna del PAN fue un éxito (José Espina dixit).
Se supone que el único objetivo de las campañas de los tres tristes precandidatos panistas –todos sobrinos de Vicente-Calderón– fue convencer a la militancia y a los adherentes de ese partido político para que se inclinaran por alguna de las tres fórmulas registradas, sensibilizarlos y convencerlos de que sus respectivas propuestas eran las mejores, la neta del planeta. Pero resulta que la multimillonaria inversión que hicieron Hugo, Paco y Luisa, en el mejor de los casos, sólo persuadió a uno de cada cuatro ciudadanos vestidos de blanco y azul, algo que ni lejanamente permite afirmar que la jornada electoral interna del PAN fue un éxito (José Espina dixit).







