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domingo, 24 de septiembre de 2006

Vlady

Roberto Rébora
Vlady: paradigma del artista

Vlady con su padre Victor Serge

Hombre de carácter apasionado, llega a México a los veintitrés años. Pronto se relaciona con los artistas de su generación dando inicio a su obra que, con el tiempo, se irá distanciando en mayor medida de las tendencias artísticas dominantes, así como de intereses, técnicas y resultados formales que lo rodeaban. Se convierte, desde entonces, en un solitario de excesiva y probada osadía en contra de toda contención esteticista o cortesana. Rechaza, con admirable valor, las oportunidades y seducciones que el medio del arte ofrece, con lo cual evita convertirse en otra víctima del sistema. Inteligencia desbordada y elocuente de no fácil trato, decide emprender, a mitad de su vida, el largo camino de retorno hacia técnicas de probados resultados plásticos, que la historia de la pintura ofrece en las obras de los grandes pintores del Renacimiento tardío italiano. Redescubre la artesanía del oficio en el proceso de aplicación lógica de la materia pictórica coherentemente ordenada y sobrepone, con paciencia desafiante, capas de temple-óleo-temple entremezcladas con blanco de plomo, lo cual origina cuadros de imponente fuerza luminosa; obras que acumularon largos años de trabajo obsesivo, debiendo ser simplemente incomprensibles a los ojos de sus compañeros artistas y contemporáneos. Hoy, liberada la obra tras su muerte, muestra con evidencia el carácter monumental de los alcances logrados como artista. Tanto el espectador como el conocedor experimentan ante sus cuadros desconcierto o abierto rechazo, debido al abuso y sobrecarga de lo que da en llamarse "gusto estético". Vlady repudió la creciente superficialidad que caracteriza al medio, y profundizó en los valores plásticos al grado de volverlos intolerables. Si a todo esto se suma el manifiesto tinte ideológico contenido en cierto aspecto de su obra, es de entenderse la soledad que como creador encontró a lo largo de su vida. Sin embargo, ¿cómo ignorar fuerza y cualidades artísticas tan patentes, en función de sus rasgos de orden, tanto estéticos como discursivos? Vlady no es –contrariamente a lo que se piensa– un pintor "comprometido"; o mejor, no lo es debido a la importancia que para él significa la obtención de valores pictóricos puros; en suma: presencia y poder de la imagen. Pintor y dibujante por igual, abarcó distintos aspectos del oficio, y su capacidad de representación no conoció límites: lo mismo aspiró a cifrar el paisaje como el retrato, género en el cual logró resultados de la más bella factura, así como una numerosa colección de admirables autorretratos. Durante mi estancia en Europa me impresionaron los cuadros de Tintoretto, expuestos en las obscuras salas venecianas de la imponente Escuela de San Rocco, donde, con misteriosa luz incandescente, las telas alumbran el alto oficio desarrollado por el pintor. Años más tarde, de regreso a México, visité la exposición Confrontación, en el Palacio de Bellas Artes. En lo personal, los cuadros de Vlady, un pintor que me era entonces desconocido, retumbaron en mi interior como prueba irrefutable del pasado hecho modernidad: una mano contemporánea guiada por una técnica centenaria. Tres días pasé con Vlady en su taller de Cuernavaca, en febrero de 1987. Desde entonces considero que su pintura es paradigma del artista comprometido con búsquedas personales hasta los límites de la provocación. Muchas veces lo frecuenté en su estudio y, generoso, me mostró secretos íntimos de procedimientos alquímicos. No he dejado de admirar su dibujo serpentino, así como de finura extrema. Sus dibujos eróticos pulsan las contracciones rítmicas y carnales al ordenar, líricamente, un constante fluido de formas que copulan como ríos interminables de tinta erotizada por la línea misma.


Vlady Foto: Paulina Lavista

Cumplidos los cincuenta años, Vlady hizo estallar su carácter de ascendencia disidente, al igual que su permanente inconformidad, en los frescos de la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada. Entrelazó abstracciones expresionistas con trazos directamente heredados de nuestra escuela mural, práctica accidental como devenir creativo entre signos históricos de dramática catarsis expresiva, con alto rango de libertad y experimentación. "La más extraordinaria ornamentación pictórica barroca, culterana, de los tiempos últimos" a decir de la doctora Teresa del Conde. Obra que bien puede ser considerada fracaso monumental o genial manifestación artística. Simultáneamente, Vlady prosiguió con su quehacer gráfico y de caballete. Por esos años concluye el retrato del obispo Samuel Ruiz, en plena efervescencia del movimiento indigenista mexicano, de alto contenido simbólico así como de singular importancia histórica. La última vez que lo visité en su taller, meses antes de su muerte, me sorprendió ver trazos aplicados con tiza delimitando contornos sobre sus grandes telas en proceso. Quería cerrar las formas y buscaba su conclusión. Comprendió que su tiempo terminaba y había llegado el momento de concretar sus versiones definitivas. Esa tarde, como otras, lo escuché hablar entusiasmado de sus planes y proyectos en curso. En su trabajo, Vlady apostó al pleno y solitario entendimiento del "uso del tiempo" en la construcción de obras de arte capaces de enfrentar al porvenir. Imagino, entonces, al adolescente absorto que –unido a su perseguido padre– cruza el mar con destino incierto, en tanto va forjando su corazón en el deseo por atrapar, caligráficamente, la ondulante profundidad de la vida sobre la superficie del océano; pulsión instintiva que marca el perpetuo fluir de su pincel, germen de una obra de excepcional rareza.

Javier Wimer
Vlady: utopías y destierros

La revolución rusa de 1917 fue el hecho central de la vida y la obra de Vlady. Toda su trayectoria lleva la marca de fuego del iniciado, o la marca de agua, a menudo imperceptible, del simple transmisor de un mensaje. Redujo la historia, el gran teatro del mundo, al gran teatro de la Revolución de Octubre, y se convirtió en actor de un drama ya representado, dejándolo sin patria y sin familia.


Instante (tríptico trotskiano), 1967, colección Museo de Arte Moderno

Lo recuerdo en muy diversos momentos y situaciones, pero siempre instalado en su camisa de campesino ruso, con el pelo recogido en la nuca, el bigote hirsuto y una bolsa al cinto desbordante de cuadernos, plumones y lápices de trabajo. Siempre preparado para el escorzo o para la palabra rápida, siempre dispuesto a la polémica con cualquiera y sobre cualquier tema. Cargaba a todos lados la nostalgia de su patria perdida y, por así decirlo, una fotografía en sepia de los principales héroes y villanos de la revolución bolchevique. Su visión de la realidad nacía y se detenía en este tiempo. Alguna vez, ya en plena era de Brejnev, se propuso visitar la Unión Soviética en compañía de su mujer Isabel, en un proyecto que incluía cambio de identidades y compra de pasaportes falsos en París. Le sugerí que renunciara a esta aventura anacrónica y contratara un viaje rutinario con la agencia Inturist, la cual, además, se encargaría de tramitar las visas necesarias. Vlady era hijo de Victor Serge, nombre de batalla de un famoso escritor y militante comunista, quien legalmente se apellidaba Kibalchich e intentó, en vano, impedir la implantación de la dictadura estalinista. A Vlady le tocó nacer en el turbulento San Petersburgo de 1920 y recorrer el laberíntico destino de sus padres, activistas políticos y, durante algún tiempo, agentes encubiertos del Comintern. Desde niño fue educado en el culto de la revolución proletaria y en la crítica hacia el socialismo de carne y hueso. En 1933, Victor Serge fue desterrado a Orenburgo en compañía de su hijo Vlady, quien a los trece años ya era un apestado político por el pecado mayor de ser hijo de su padre. Eran los tiempos de los procesos de Moscú y la persecución implacable de los disidentes, de sus familiares, amigos, vecinos y compañeros de escuela o trabajo. Tres años después, en 1936, el gobierno soviético les quitó la nacionalidad a los Kibalchich, permitiéndoles trasladarse a Bruselas. En el año de 1939 estalla la guerra mundial, y en 1940 los ejércitos alemanes invaden Francia, dividiéndola en una zona ocupada y en una zona llamada libre, bajo el régimen de Vichy. Victor Serge y su hijo escapan a Marsella donde emprenden el viaje de apátridas que los llevaría a Martinica, República Dominicana, Cuba y, finalmente, a México, donde encontraron refugio y se quedaron a vivir para siempre. Tuvo Vlady tres raíces nacionales: la rusa de su niñez, la francesa de su adolescencia y la mexicana de su vida adulta. Sin embargo, nunca dejó de ser y ostentarse como un pintor ruso, de reclamar su pertenencia a la patria originaria que le había sido arrebatada. Se puede decir que su infancia rusa fue breve pero intensa en nostalgias patrióticas, debido a la carga intelectual y emotiva que le transmitía Victor Serge, por quien sentía tal grado de admiración que nunca se refería a él como padre sino como personaje histórico. En cambio, casi nunca mencionaba a su madre, Liuba Rusákova, quien perdió la razón cuando Vlady tenía siete años y murió a edad avanzada en una clínica del sur de Francia. Desde niño se interesó por la política y la pintura. Leyó mucho y visitó, cuantas veces pudo, las grandes salas de L’Hermitage, primera estación de un circuito donde quedaría atrapado. Dio los primeros pasos en el camino que lo llevaría a convertirse en un pintor revolucionario o, como se decía en la época del existencialismo, en un artista comprometido. Aunque el destino ambulatorio de Vlady le impidió recibir una enseñanza académica formal, no por ello dejó de tener una sólida e incluso formidable preparación profesional. Para aprender o inventar su oficio disponía de una mirada de águila y una dilatada capacidad de asombro y memoria. Entraba y salía de museos, salas de clase, talleres y tertulias con ánimo de aprender y polemizar. Un segundo escenario de su vida y aptitud para asimilarse a otra cultura fue su estancia en Bruselas y París, durante el periodo de 1936 a 1940. Ahí adoptó el francés como lengua propia y a la cultura francesa como un modo de pensar. En los ricos museos de Bélgica conoció la pintura de los clásicos flamencos y de maestros modernos como Ensor, Delvaux y Magritte. El año de 1937 se estableció en París relacionándose con medio mundo gracias a su talento y desenvoltura, como también al prestigio y conexiones de Victor Serge.


La inocencia terrorista, 1982,
colección SHCP

En aquel tiempo, muy a pesar de la inminencia de la guerra y tal vez por la misma excitación que producía tal inminencia, París era todavía una fiesta, un punto de encuentro de las corrientes que renovaron el arte del siglo xx: desde el expresionismo nórdico y el cubismo de Braque y Picasso, hasta el futurismo, el suprematismo y el surrealismo. Conviene subrayar que algunas de estas corrientes no eran puramente estéticas sino ideológicas, pues predicaban la transformación radical de la sociedad. Entre tanta oferta revolucionaria, Vlady se acercó a los anarquistas catalanes, compartió amistad y talleres con algunos artistas vinculados al grupo surrealista como André Masson, Victor Brauner, Óscar Domínguez y Wifredo Lam. Entonces ya se había consumado la ruptura entre Aragón, estalinista ortodoxo, y André Breton, anarquista libertario, quien se había identificado con las posiciones trotskistas e incluso había viajado a México para entrevistarse con el fundador de la iv Internacional. No es difícil imaginar que el joven refugiado ruso se sintiera entre los suyos y participara de sus sueños y aventuras. Vlady llegó a México en 1941 donde encontró su tercera raíz nacional. La más duradera, pues abarcó sesenta y cinco años de su vida, y la más deliberadamente elegida. Se propuso conocer a fondo su nuevo país, dedicando parte considerable de su tiempo a recorrerlo y a leer cuanto libro servía para explicarlo. Se puede decir, en suma, que adoptó la nacionalidad sentimental antes que la jurídica. Al avecindarse en México, Vlady puso en marcha el proceso subjetivo de adaptación a su nuevo país, el necesario aprendizaje para interiorizar su tercera nacionalidad que habría de adquirir legalmente en 1949. Dos años antes, en 1947, se había casado con Isabel Díaz, su compañera de toda la vida; este es también el año de su primera exposición en México y el año de la muerte de su padre. Su encuentro con el país fue, de todos modos, dramático. Andaba de crisis en crisis, alternando períodos donde procuraba la compañía de colegas y amigos con períodos en que se refugiaba en las soledades de Miacatlán o Zacapo. Recibió entonces la simpatía, solidaridad y protección de algunos republicanos catalanes con quienes compartía los rigores del exilio. Durante los años cuarenta, México se encontraba en una exaltada etapa de nacionalismo combinada, curiosamente, con una apertura al exterior provocada por la ola de refugiados europeos que huían de las dictaduras fascistas y los campos de concentración. Entre ellos figuraban algunos intelectuales y artistas, quienes dejaron una huella profunda en nuestra cultura, contribuyendo a enfrentar la concentración de arquetipos estéticos implantados por la llamada Escuela Mexicana de Pintura. Conoció y trató a los mandarines de esa escuela, a Orozco, Rivera, Siqueiros, O’Gorman, Frida Kahlo, y en su trabajo descubrió soluciones que coincidían con sus propias búsquedas para crear un lenguaje plástico con vigencia popular. Es decir, un arte "al servicio de la revolución", como predicaba el nombre de una famosa revista surrealista. Pero la admiración manifestada por las figuras mayores de la pintura mexicana no impidió que denunciara las maniobras de la red burocrática floreciente a su sombra. En aquel entonces empezó a relacionarse, y a veces a trabajar, con artistas afines al surrealismo y al trotskismo; entre ellos, personajes que trajo la guerra, como Leonora Carrington, Wolfgang Paalen, Alice Rahon o Remedios Varo. El joven Vlady se encontraba aquí con el mismo tipo de gente que había dejado allá, y descubrió, además, en el asesinato de Trotski, un tema recurrente en su trabajo. No fue testigo de la tragedia de 1940, pero sí el más obstinado de sus evangelistas. La trama de intereses y costumbres que tenía por eje la Escuela Mexicana de Pintura irritaba a los artistas independientes, especialmente a quienes ya estaban en contacto o representaban a las corrientes y modas manifestadas en el mundo exterior. Para acabar con el encierro, con la asfixia de un solo aire, Vlady funda en 1952, en compañía de Alberto Gironella, Enrique Echeverría, José Bartolí y Héctor Xavier, la Galería Prisse, núcleo simbólico de la llamada Generación de la Ruptura. Esta generación, más que grupo, carecía de objetivos estéticos comunes y se había dado por tarea protestar contra un arte uniforme, abrir las puertas a los vientos de las vanguardias internacionales. En el conjunto había representantes de las más variadas tendencias, pero predominaban las que, por comodidad crítica, agrupamos bajo el nombre de Nueva Figuración. Los artistas de la Ruptura exaltaron la diversidad e impulsaron el tránsito del realismo tradicional a formas de expresión más libres y modernas. Entre 1949, año de su primera exposición en México, y los dos decenios siguientes, Vlady cambia, evoluciona y madura, pero siempre en la línea de inventar una pintura narrativa y alegórica, donde se encuentren la realidad y el sueño, donde el mensaje sea vivencia y no mero cartel de propaganda. Durante este periodo trabajó y aprendió mucho. Realizó viajes de estudio a Europa y Nueva York, hasta incorporar a sus lienzos monumentales la experiencia de los grandes maestros clásicos y de los grandes maestros del abstraccionismo y del surrealismo. Con este bagaje llega, en 1967, a pintar la Magiografía bolchevique, una especie de introducción a la obra de formato heroico que dedicó al tema de las revoluciones en la Biblioteca Miguel Lerdo de Tejada. Estos murales, que cubren una superficie de dos mil metros cuadrados, fueron pintados por Vlady durante un continuo y frenético decenio de trabajo. En ellos despliega el artista la riqueza de su fantasía y exhibe el alto grado de su destreza técnica. En su laboriosa madurez llegó a dominar todas o casi todas las especialidades de su oficio, lo mismo el dibujo, la litografía y el grabado en cobre, que el óleo y la difícil pintura al fresco. Tenía compulsión por atrapar la realidad inmediata, visitaba los cuadros célebres para conocer los secretos de otras miradas. Disponía, para hacerlo, de una mano de virtuoso y un ánimo de adolescente. La obra de Vlady está dominada por la política, pero también ocupan un lugar destacado el retrato psicológico y el erotismo. En sus retratos se dan cita las mejores manifestaciones del arte tradicional; se produce el doble milagro de un rostro que revela la personalidad, el carácter y el estado de ánimo del modelo, también de un cuadro que deja entrever las nobles raíces de su factura. Una variante del género es el autorretrato donde Vlady alcanza verdadera excelencia. Su colección de autorretratos sorprende por el gran número de piezas y por el registro sutil de minúsculos cambios en el gesto, en la mirada y en la fisonomía del modelo. Los dibujos y grabados eróticos se distinguen por su vigor e intensidad pero, al mismo tiempo, por un pudor y una lejanía que procede, me parece, de que la atención del artista se concentra no tanto en los juegos de la pareja, sino en el placer escenográfico de combinar planos, volúmenes, luces y sombras. La primera exposición de estos dibujos me confirmó la existencia de una veta puritana que los libra de la obscenidad. Vlady no asistió a su inauguración debido, me dijo, a que le avergonzaba verse a sí mismo haciendo el amor. No ocultaba sus influencias sino, antes bien, las exhibía. Se aproximaba a las obras maestras con la intención de exaltarlas y saquearlas. Hacia espléndidas copias de sus cuadros favoritos, digamos de Tintoretto o de Fuseli, y exploraba, con cuidado, los secretos de su estructura material y formal. No utilizaba colorantes industriales, fabricaba los suyos con conocimiento de sus propiedades, origen y modo de empleo. Disfrutaba mezclando tierras y leyendo libros de historia y química. Era un dibujante con capacidad ilimitada para reproducir todo lo que veía o imaginaba. Usaba el lápiz, la pluma o el buril como si fueran parte de su cuerpo, y manejaba el color de manera exigente y precisa. En su pintura confluyen el rigor de la disciplina académica con la libertad conceptual del surrealismo. Durante su etapa formativa incursionó en varias corrientes de vanguardia que enriquecieron su capacidad expresiva, sin desviarlo de su objetivo principal, de esa especie de teología laica que consistió en asociar el mundo de la historia con el mundo del más allá. Su obra consta de miles de piezas y aborda los temas que pueden interesar al pintor y al revolucionario empeñado en traducir a imágenes su interpretación de la realidad. En este caso, la lucha de los pueblos por renovar la historia, las revoluciones perdidas y la esperanza de su resurrección. A pesar de su cercanía con distintos grupos de izquierda y de su culto a ciertos caudillos populares, Vlady no militó formalmente, que yo sepa, en ningún partido político. Era demasiado individualista y caprichoso para someterse a disciplinas jerárquicas. Resulta más fácil identificarlo como un rebelde, en el estilo de Sashka Yegulev, el famoso personaje de Andreiev, cuya condición de forajido, de hombre sin ley, determinaba el espacio de su libertad. Tampoco formó parte de escuelas de pintura ni intentó rodearse de discípulos que propagaran su gloria. Se limitó, simplemente, a seguir el impulso de sus ideas y obsesiones, a expresarlas en el lenguaje de sus metáforas visuales. Sus últimos años son de nostalgias, rescates y precisiones. En 2003 expone en Orenburgo, donde compartió el forzado exilio de su padre; en 2005 expone en Moscú, ámbito predilecto de sus fantasías políticas. Volvía a esa patria mitológica que apenas había conocido, pero que regía toda la estrategia de su imaginario. Con estos viajes cerró el círculo de su errancia, y en sus cuentas finales no hubo equívocos ni ambigüedades. Se despidió simbólicamente de Rusia; al pueblo mexicano le dejó, en herencia, la obra acumulada en largos años de trabajo. De una obra que, en su diversidad, muestra la coherencia de un artista que encontró nuevas formas de expresar su idea del hombre. Por eso, ahora que Vlady entró en el dominio de la muerte, lo puedo imaginar escribiendo proclamas para corregir el curso de la historia, y pintando máquinas de guerra para el arsenal de la revolución permanente.

Cine: Andrea Borbolla

Sin apoyo oficial, Andrea Borbolla realizó su trabajo sobre el Kumbha Mela
Cineasta mexicana presenta hoy documental sobre la India
La autora comenzó al mismo tiempo que el inconcluso proyecto de Dolores Creel
FERNANDO CAMACHO SERVIN
Fotograma del documental Con devoción Sin presupuesto ni apoyo oficial, la cineasta mexicana Andrea Borbolla concluyó tres años de ardua labor y este domingo presentará en el contexto del festival Docs DF su documental Con devoción, trabajo fílmico sobre el Kumbha Mela, el más importante encuentro religioso de India. Como se informó en estas páginas en diciembre de 2003, este proyecto inició al mismo tiempo que el de Dolores Creel, hermana del ex secretario de Gobernación Santiago Creel y entonces directora de la Unidad de Proyectos Especiales del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (CNCA). Pese a no tener conocimientos de cine, Creel contó con un presupuesto gubernamental de más de tres millones de pesos para hacer un documental sobre la estancia de Octavio Paz en India. En entrevista con La Jornada, Borbolla habla sobre la experiencia de realizar una cinta con recursos propios y reflexiona sobre la importancia de tener un contacto profundo con nosotros mismos en tiempos "de angustia y miedo". Apenas con el equipo y material mínimo, la cineasta y profesora de yoga inició un proceso de filmación que duró tres meses en condiciones difíciles que le hicieron valorar la rigurosidad que implica el género documental. El proceso de posproducción duró tres años y fue igualmente complicado. Ya de vuelta en México, Borbolla y la editora Vanesa Miklos se enfrentaron al reto de seleccionar tan sólo 40 minutos de entre cientos de horas de imágenes y entrevistas. Con devoción está dividido en capítulos que dan cuenta de la llegada a India, el encuentros con los sadhus u hombres sagrados, los millones de peregrinos que llegan al festival y, sobre todo, el papel que juega el yoga como filosofía de vida. El punto medular del filme, dice la cineasta, es la fe y la devoción en esta época turbulenta. "Cada vez es más necesario tener un nicho donde descansar nuestro corazón y el documental habla de esa fe", entendida "como una búsqueda de nosotros mismos". La cineasta Andrea Bordolla, durante la entrevista con La Jornada Foto Carlos Cisneros Sin apoyo oficial, el proyecto debió ser financiado en su totalidad con recursos de Borbolla y Miklos, quienes utilizaron la ayuda de amigos para filmar, editar, musicalizar y reproducir el documental. A tres años de distancia y con la experiencia de haber tenido que valerse por sí misma para llevar adelante su idea, Andrea Borbolla reflexiona sobre la iniquidad de las instituciones para decidir a quién le otorgan su respaldo. "Es una paradoja pensar que (Dolores Creel) tuvo tres millones de pesos y no se sabe nada de su proyecto. Tristemente las instituciones han tergiversado" su criterio y no siempre brindan respaldo a los creadores mexicanos que lo necesitan, lamenta. Lo más importante "es no claudicar. Más allá del dinero lo que saca adelante los proyectos es el compromiso y el corazón que le pongas", dice Borbolla, quien se encuentra preparando un nuevo documental sobre el trabajo de una maestra de yoga en un centro penitenciario de Morelos y la forma en que esta disciplina ha cambiado la vida de muchos internos. Con devoción se "presenta en sociedad" hoy como parte del primer Festival Internacional de Cine Documental Docs DF. La función es hoy a las 12 PM en el Cinemex Casa de Arte (Plaza Mazaryk, Anatole France 120, Polanco) y el jueves 28 a las 20 horas en la sala 2 de Cinemanía (Plaza Loreto, Av. Revolución esq. Río Magdalena). Para mayor información, consulte www.condevocion.com y www. docsdf.com.
Les aseguro que los chismes del CUEC por aquí circulan, KTnene me dice que, veridico, ella por sus propias pistolas ha salido adelante, para admirarse, se respeta mucho su trabajo. Les ha tocado trabajar en una que otra pelicula, como "Rito terminal". Sus cortometrajes son "La vieja guardia" "Cataluna nueva". ¡Puro Pensamiento el kt nene!, UN SALUDO A LOS CUEQUEROS!! y para la Lola Creel no se nos olvida su desfalco, méndiga arribista sin talento.

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Mono sapiens Helguera y Hernandez

Cultura desde el PRD

Llamado de Taibo II para aprovechar ''la riquísima experiencia'' del plantón
Formalizan instalación de la Comisión de Cultura del PRD para el Distrito Federal
ERICKA MONTAÑO GARFIAS
El Partido de la Revolución Democrática (PRD) del Distrito Federal instaló oficialmente su Comisión de Cultura, encaminada a hacer planteamientos y promover un proyecto en el que se incluyan todas las propuestas artísticas y culturales de los sectores de la sociedad y no sólo los ''espectáculos tipo Televisa". En la comisión participan escritores, intelectuales, músicos, actores, actrices y creadores en general. Entre ellos figuran Paco Ignacio Taibo II, Héctor Ortega, Gabino Palomares y Jorge Arvizu, quienes subrayaron que se trata de dar continuidad a lo ocurrido durante el plantón que durante casi 50 días realizó la coalición Por el Bien de Todos y en el que se desarrollaron más de 10 mil actividades culturales gratuitas entre conciertos, talleres, lecturas, teatro, danza y proyección de documentales. Estas actividades dieron al plantón un matiz diferente, destacó el dirigente del PRD en la ciudad de México, Martí Batres, durante la instalación de esa comisión cuyas propuestas serán entregadas al jefe de Gobierno electo del Distrito Federal, Marcelo Ebrard, ante ''el clamor de que se profundice la política cultural del gobierno" de la capital. Nada de ''opio'' para las masas El escritor Paco Ignacio Taibo II hizo públicas las primeras propuestas de la Comisión de Cultura del PRD: que el nombramiento de los responsables de cultura delegacionales ''sea por perfiles y no por cuotas políticas" y ''exigir al PRD que destine recursos al trabajo cultural para editar folletos, para regalar y distribuir, para mantener conferencias, para reconstruir la lógica de los videoclubes y llevarlos a los barrios. ''Si algún sentido tiene que hoy se construya esta comisión es que la riquísima experiencia del plantón se revierta sobre el movimiento, pero a través del partido y también sobre el aparato del Gobierno del DF. Ahí sí hay recursos y éstos deben ser destinados al trabajo cultural y no a mantener una línea Socicultur de conciertitos aburridos, de opio para las masas. La cultura es educación informal y esto se ha demostrado en el plantón", dijo Taibo II.
Estos son los detalles que enorgullecen, ahora apoyar a los verdaderos artistas y a los que no se les dá opurtunidad, es la hora de la gente. la vida no es vida sin música, libros, cine, danza, pintura...y gastronomía

La comunidad ''ya se apropió de ese modelo de atención cultural''
Respeto integral a usos y costumbres en la demarcación, ofrece funcionaria
MONICA MATEOS-VEGA
El respeto integral a los usos y costumbres de la comunidad será la base del funcionamiento de la Fábrica de Artes y Oficios (Faro) Olla de Piedra que ayer se inauguró en San Antonio Tecómitl, Milpa Alta, señaló en entrevista con La Jornada, Alicia Rangel, coordinadora interinstitucional de la Secretaría de Cultura del Gobierno del Distrito Federal. Se trata del tercer Faro que abre sus puertas, desde que en junio de 2000, en Iztapalapa, se inauguró ese ''modelo integral de atención cultural que tiene tres ejes: talleres de artes y oficios, servicios a la comunidad y servicios culturales, complementados con una serie de actividades estético-creativas-recreativas". El segundo Faro se erige en el bosque de Tláhuac y fue inaugurado en mayo; de entonces a la fecha suman ya 450 las personas que asisten a las actividades de formación artística gratuitas que ahí se imparten. Luego de un diagnóstico en Milpa Alta, zona principalmente rural conformada por 12 pueblos, nueve de origen indígena, se definió el tipo de talleres de interés para la comunidad, como cestería, telar de cintura y cerámica. ''También ofreceremos lo último en tecnología mediante talleres de fotografía, video y artes escénicas", detalló Rangel, y añadió que se invirtieron casi 5 millones de pesos en la ampliación de 600 metros cuadrados de la Casa de la Cultura Olla de Piedra. En ese espacio que contará con una galería, un muro pantalla para mostrar trabajos de artes gráficas y un centro de documentación de pueblos originarios, ''se crearán vínculos y puentes de comunicación entre los habitantes del poblado y las comunidades aledañas, teniendo como eje el arte y la cultura, dando continuidad a las manifestaciones estéticas y artísticas ya existentes, siempre con el consenso de la población".
Búsqueda de la profesionalización Inicialmente se impartirán 21 talleres que, según se ha estimado, contarán con 15 o 20 alumnos cada uno. El coordinador del Faro Olla de Piedra será Martín González, ''un joven del equipo de talleristas del Faro de Oriente, con amplia experiencia en el trabajo de comunidad. El concepto del Faro busca la profesionalización, para que la educación que reciba el público pueda convertirse en un oficio", explicó la funcionaria. Agregó que se siente confiada en que, como prometió Marcelo Ebrard, jefe de gobierno electo del DF, durante su campaña, en su administración se tratará de abrir un Faro en las 13 delegaciones políticas que faltan. ''Hay mucho entusiasmo por proyectos exitosos como éste. Los que estamos por concluir nuestras responsabilidades, sabemos que la comunidad se ha apropiado del proyecto, entonces serán ellos los que exigirán la continuidad del mismo", concluyó Rangel.
A Marcelo Ebrard le tengo mucha confianza, tiene muy buenos programas para dar la batalla a la anticultural derecha.

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