Tal como dijo ayer el tres veces candidato presidencial de las izquierdas, la reunión permitió disipar dudas y malos entendidos ante la necesidad de sumar voluntarios para lograr el renacimiento de México.
Como se recordará, el distanciamiento entre ambos dirigentes se hizo patente desde fines de 2005, en el curso del proceso de selección del aspirante perredista a la Presidencia de la República, y se ahondó tras el arranque de la campaña de López Obrador, quien obtuvo la candidatura. La animadversión de los seguidores del tabasqueño se incrementó contra el michoacano luego que éste reconoció la impugnada victoria electoral de Felipe Calderón Hinojosa en los comicios de 2006. Y aunque en todo este tiempo ambos personajes han evitado la virulencia verbal entre ellos, han discrepado de manera regular en diversos temas, tanto en los referidos al acontecer nacional como en los relacionados con la siempre conflictiva vida interna del partido al que pertenecen. Tales discrepancias se magnificaron y encontraron sendas cajas de resonancia en los entornos cercanos al uno y al otro, y ello no sólo perjudicó gravemente la imagen de Cárdenas en los ámbitos progresistas, sino restó apoyos significativos a López Obrador en su empeño por construir un movimiento de resistencia social estructurado y organizado.







